"Es contradictorio el desperdicio plástico en reforestaciones" - Haz

“Es muy contradictorio que se genere tanto desperdicio plástico en las reforestaciones”

Fernando Cervigón es un joven emprendedor que quiere poner fin al uso de plásticos en la recuperación medioambiental. Para ello ha creado unas macetas biodegradables elaboradas a partir de hojas y algas, porque, como dice: “Es muy contradictorio que se genere tanto desperdicio plástico en las reforestaciones”.
<p>Fernando Cervigón ha creado unas macetas 'naturales' para acabar con el uso del plástico en las reforestaciones.</p>

Fernando Cervigón ha creado unas macetas 'naturales' para acabar con el uso del plástico en las reforestaciones.

Fernando Cervigón es un apasionado de la naturaleza. De pequeño leía libros y veía documentales de la impenetrable selva de Borneo, que tuvo el privilegio de visitar en uno de sus primeros viajes de carácter social. Descubrir que hasta donde alcanzaban sus ojos la tupida selva se había convertido en un paisaje deforestado, cambió el rumbo de su trayectoria profesional.

Con solo 32 años, este emprendedor madrileño ha trabajado en la protección de los orangutanes en Borneo, ha convivido con las tribus aisladas del Amazonas y ha participado en investigaciones contra el tráfico ilegal de especies y la lucha contra la caza furtiva en África.

En 2015, Cervigón fundó la ONG Trees4Humanity para desarrollar proyectos en el marco de la responsabilidad social de las empresas y ahora se ha propuesto transformar los procesos de reforestación creando unas macetas biodegradables a base de algas y hojas de plataneras para eliminar el plástico de la ecuación.

¿Cómo surge y cuál es la misión de la ONG Trees4Humanity?

Desde pequeño lo que más me ha fascinado es la naturaleza, los animales, el medio ambiente… Mi primera experiencia social fue conviviendo con las tribus aisladas del Amazonas. Como consecuencia de mi mentalidad emprendedora de llegar a los sitios, analizarlos y ver qué soluciones puedo encontrar a sus problemas, decidí empezar a conectar el mundo que conocía por mi experiencia laboral, el de las empresas y startups, con el medioambiental.

Después estuve realizando un proyecto para la protección de los orangutanes de Borneo, una isla dos veces el tamaño de España que era en su totalidad una selva impenetrable, pero que en los últimos 20 años ha perdido el 85% de su masa forestal. De ver los documentales a montarte en un avión y comprobar que hasta donde se te pierde la vista solo hay deforestación y plantaciones de aceite de palma me impactó mucho.

Desde entonces no he parado de hacer proyectos, de conectar el mundo de las startups con las necesidades sociales. Trato de utilizar las metodologías ágiles, los procesos de eficiencia tan habituales del mundo empresarial y llevarlos al plano social y medioambiental.

En la ONG desarrollamos estrategias de responsabilidad social corporativa para empresas y organizaciones, adecuándolas a su misión y valores. Con los fondos que conseguimos de estas ejecutamos los proyectos sociales. Estamos en el barro, desde la preparación del proyecto, a la búsqueda de localizaciones y la ejecución. Todo esto aprovechando el conocimiento que tenemos de las empresas.


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¿En qué consiste el proyecto de crear macetas biodegradables de algas y hojas de plataneras?

Trees4Humanity ha sido siempre como un laboratorio de investigación para tratar de buscar soluciones a los principales retos y problemas a los que nos enfrentamos como especie.  Dentro del paraguas de la organización uno de los proyectos que hemos desarrollado es Todarus, para investigar alternativas al plástico; de ahí viene todo el conocimiento actual.

Después, estando en el campo de la recuperación medioambiental de las reforestaciones me parecía muy contradictoria la gran cantidad de desperdicio plástico que se generaba con las macetas. Tirando de mentalidad emprendedora pensé en buscar una alternativa que permitiera sustituir las macetas de plástico por pots biodegradables, donde se pone la semilla del arbolito y crece el plantón hasta que tiene el tamaño suficiente para ser trasplantado.

En el caso de que la maceta sea plástica, lo habitual es que se quite y quede tirada en el campo. Nosotros lo plantamos con el propio pot, que al ser biodegradable se convierte en compost.

El proyecto tiene un doble impacto: el medioambiental del que has hablado de eliminar el residuo plástico y el social, en las comunidades locales, empleando a mujeres en riesgo de exclusión, en concreto a 2.500 en Uganda, ¿no?

Cuando nos propusimos encontrar una alternativa al plástico fuimos a lo que creo que muchas veces es la solución: algo sencillo. Otras opciones como los bioplásticos no eran tan útiles. Tenía que ser algo que estuviera al alcance de la mano, abundante en la zona donde trabajábamos y que no generara un impacto negativo añadido. Vimos que abundaban las plataneras de las que se obtiene el alimento del plátano y se desperdician sus hojas. Hicimos varios experimentos con distintos grosores y dimos con este pot orgánico que puede reemplazar de una forma perfecta el de plástico.

Inicialmente nos centramos en buscar la alternativa al plástico, pero siempre tratamos de que los proyectos generen un impacto holístico. Dio la casualidad que en las zonas de África donde desarrollamos el proyecto las mujeres se sienten muy orgullosas de sus habilidades de handcrafting, de hacer trabajos con las manos. Además, estos grupos de mujeres llevan las riendas de la familia, pero tienen un papel poco protagonista. El proyecto encaja muy bien y genera un impacto tremendo a toda la comunidad: provee de una fuente de ingresos a las familias a través de las mujeres.

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<p>Cervigón sustituye las macetas de plástico que se usan en las reforestaciones por otras biodegradables, elaboradas a partir de hojas y algas. </p>

Cervigón sustituye las macetas de plástico que se usan en las reforestaciones por otras biodegradables, elaboradas a partir de hojas y algas.

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<p>Además del medioambiental, el proyecto tiene un impacto social ya que emplea a 2.500 personas en riesgo de exclusión en Uganda.</p>

Además del medioambiental, el proyecto tiene un impacto social ya que emplea a 2.500 personas en riesgo de exclusión en Uganda.

Además, utilizáis blockchain para asegurar la trazabilidad.

Sí, se trata de utilizar todas las herramientas que puedan ayudarnos. Es una parte que no está aún tan avanzada y que surge de la necesidad de aclarar dónde van los fondos y diferenciar nuestros proyectos del greenwhasing.

Porque, por ejemplo, tomar aceite de oliva puede ser lo mejor, pero si el aceite es refinado es lo peor, es decir, la misma cuestión puede ser buena o mala en función de cómo se haga. Si en un proyecto de recuperación de un ecosistema plantas eucaliptos porque es la moda o haces a lo bestia monocultivo, igual el impacto es más negativo que si no lo plantaras.

El blockchain es una tecnología de descentralización que nos permita a los donantes tener seguridad en la trazabilidad, en dónde van esos fondos y cómo se emplean.

La iniciativa ha despertado el interés de la ONU y el sector privado, pero ¿se está materializando en colaboraciones?

Con los pots estamos teniendo mucha visibilidad, porque solo nuestro proyecto de Uganda ha conseguido impactar en 2.500 familias. Además, este sistema está pensado como open source (no patentado) para que se pueda replicar en cualquier otro lado, por tanto, el impacto que puede generar es enorme. Esto ha provocado mucho interés en organizaciones internacionales.

Cuando nació la idea encontramos mucho escepticismo por parte de grandes organizaciones medioambientales que se dedican a esto, pero tuvimos la suerte de dar con un partner, Ecosia, que financió las pruebas a gran escala. Ahora, esas organizaciones que nos cerraron las puertas nos están llamando para implantarlo en sus proyectos.

¿Cuál es el modelo de negocio?

Somos una ONG que recibe donaciones para financiar proyectos, realizando colaboraciones con empresas u organizaciones para materializar sus acciones de RSC: cálculo, compensación de huella de carbono… es la forma en la que vienen los fondos. De los pots no obtenemos beneficio porque es open source, lo que sí podemos rentabilizar es el trabajo que hacemos de transmisión de tecnología y de know how.

¿El mayor reto?

Quizás lo más difícil ha sido que nos abrieran las puertas. Al principio nadie te hace caso y, cuando demuestras que funciona, todos quieren ser tus amigos.

Uno de los retos actuales es que sigan llegando los fondos porque hay muchas familias de las que somos responsables de proveer un trabajo, una fuente de ingresos y una forma de alimentarse.

Lo más difícil ha sido que nos abrieran las puertas. Al principio nadie te hace caso y, cuando demuestras que funciona, todos quieren ser tus amigos.

¿Qué huella quieres dejar en el mundo?

Seguir ayudando a los más vulnerables, a las familias, al medio ambiente… Cuando hablo de un proyecto medioambiental incluyo a las personas porque formamos parte del ecosistema, somos una pieza fundamental y nuestra filosofía es dotar a las comunidades locales con las herramientas e infraestructuras necesarias para que ellos mismos sean capaces de gestionar sus propios recursos naturales; huimos de la filosofía que vemos mucho de la ‘foto con el negrito’.

¿Cuáles son los mayores logros y meteduras de pata?

Fallos, muchos y constantes, pero los veo como aprendizajes. La mentalidad de emprendedor que tengo es que no hay ningún reto que no sea capaz de sobrepasar. Te encuentras con muchas dificultades porque, aunque planifiques, hay cosas que surgen pues tratas con mucha gente, en distintos continentes, con culturas dispares… Son un reto los gobiernos, la burocracia, la corrupción… Pero desde mi punto de vista, si quieres hacer algo que cambie las cosas vas a encontrarte siempre muchos obstáculos, y, precisamente, que aprendas de estos es lo que te va a permitir hacerlo cada vez mejor.

¿Qué es para ti un emprendedor social? ¿Se hace o se nace?

Yo creo que se hace. Es una mentalidad. Lo que distingue a un emprendedor de alguien que no lo es, es la perseverancia; sabes que nunca vas a parar de intentarlo.

La diferencia con amigos con los que he crecido que también tenían inquietudes emprendedoras es que en algún punto de su vida pararon; un emprendedor da igual que no le vaya bien que siempre va a seguir insistiendo.

Creo que el emprendedor social se hace. Es una mentalidad. Lo que distingue a un emprendedor de alguien que no lo es, es la perseverancia; sabes que nunca vas a parar de intentarlo.

Además, tú tienes la vocación de emprendedor social, ¿no?

Sí, en mi caso he compaginado los dos mundos: utilizar las herramientas y mentalidad empresariales en el sector medioambiental y social. Eso es para mí un emprendedor social: alguien que busca crear un impacto positivo y mejorar las cosas.

Mayor virtud y mayor defecto…

La mayor virtud, la curiosidad de entender cómo funcionan las cosas, desde lo más pequeño a lo más grande, y uno de los mayores defectos que tengo, pero que le voy poniendo solución, es la falta de foco. Es algo muy típico en el emprendimiento: querer hacer muchas cosas a la vez.

¿Qué consejo le daríais a los emprendedores sociales que vienen?

Que sean perseverantes. La idea es la persona que la ejecuta; cómo lo haces y no el qué haces.

¿Un mensaje para nuestros lectores?

He tenido la oportunidad de ver lo que se consideran los pulmones del planeta y he sido testigo del deterioro en el que se encuentran. Me siento en la obligación de contar el nivel de colapso en el que están los ecosistemas.

Me gusta mucho un proverbio de los aborígenes americanos que viene a decir que no esperes a talar el último árbol, a pescar el último pez de los océanos y a contaminar el último río para darte cuenta de que el dinero no se come.

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