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La digitalización empieza a llenar de vida la España vaciada

Uno de los mayores retos al que nos enfrentamos en nuestro país es el progresivo e imparable abandono de la España rural. Nuestros pueblos se están muriendo y con ellos nuestra agricultura, bosques, cultura y raíces. Para revitalizar el campo y frenar el éxodo rural, se han puesto en marcha algunas iniciativas, públicas y privadas, basadas en la digitalización.

La disminución de oportunidades de desarrollo económico y social en las zonas rurales empuja a probar suerte en las ciudades, más provistas de servicios, y al final se crea un círculo vicioso por el que las urbes, cada vez con más población, ofrecen la mayor parte de oportunidades laborales y de negocio, que se acaban concentrando en áreas urbanas casi en la misma proporción que personas.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los municipios rurales pierden cerca de cinco habitantes cada hora, lo que ha hecho que, en la actualidad, más del 85% de la población española se concentre en algo menos del 20% del territorio. Apenas 50 años antes, este porcentaje era del 56%, lo que implica un ritmo vertiginoso de despoblación.

Son muchas las regiones españolas que han sufrido una huida masiva de habitantes, que migran a las ciudades buscando algo que debería estar al alcance de todos en el país en el que vivimos: acceso a la sanidad, la educación, al transporte y al ocio, entre otros. Solo en Soria, que ve disminuir su población desde 1900, uno de cada tres pueblos tiene menos de cien habitantes y la provincia pierde alrededor de cuatro habitantes al día.

Para más inri, son los más jóvenes los que se están yendo. Los menores de 35 años representan el 83% de los habitantes que han abandonado las poblaciones, según el INE. La edad media de las personas que ‘resisten’ en los pueblos supera los 60 años, un grupo de la población especialmente vulnerable, más si consideramos la precariedad de los servicios que quedan a su alcance.

El riesgo de que continúe esta tendencia sigue siento muy alto. Según el Informe Anual del Banco de España 2020, el 42% de los municipios de nuestro país (3.403 municipios) está en riesgo de despoblación. Municipios donde reside el 2% de la población, aproximadamente un millón de habitantes.

Todo ello, pone de manifiesto que nuestro país avanza a dos velocidades, con una parte rural que se queda atrás de una manera que está comprometiendo su supervivencia, y la de las ciudades, cada vez más pobladas.


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El abandono de las zonas rurales tiene un efecto negativo no solo en los pocos pobladores mayores que se quedan allí sin los servicios más básicos, como una farmacia, panadería, un cajero, o una línea de autobús que les conecte con la capital de provincia, sino en toda la población y en el planeta.

Según Greenpeace, el fenómeno de la despoblación rural que sufre nuestro territorio desde hace décadas no solo tiene impacto social, cultural y económico, como hemos visto, sino también medioambiental. Una de las consecuencias que sufre la llamada España vaciada es la pérdida de actividades agrícolas, ganaderas y forestales tradicionales, respetuosas con la naturaleza y que suponen una forma sostenible de producir alimentos y otros bienes, a la par que contribuyen a mitigar el cambio climático, conservar la biodiversidad y mantener la seguridad alimentaria. ¿Quién nos va a alimentar si toda nuestra masa productiva está en las ciudades?

El abandono del campo redunda, además, en su desaparición. El lema de este año de la organización Revuelta de la España Vaciada es ‘La despoblación es la llama que quema nuestros montes’, sensibilizando sobre el grave problema que causan los devastadores incendios forestales que se están produciendo en los montes y bosques de las zonas más despobladas. Para Greenpeace, “existe una relación directa entre la extensión devastadora que están alcanzando los incendios con la despoblación de estos territorios y el abandono que sufren por parte de las Administraciones. Siendo este abandono, la principal causa del crecimiento desordenado de los bosques y la gran acumulación de material seco y altamente combustible”.

Por todo esto, se están poniendo en marcha iniciativas, tanto públicas como privadas, para revertir este proceso. Y, ahí, la digitalización es la clave del éxito.

Parece mentira que la ‘simple’ digitalización de los olivos centenarios de la huerta turolense, a través de la empresa social Apadrina un olivo esté consiguiendo revertir el fuerte éxodo rural vivido en Oliete (un pueblo de 343 habitantes de la provincia de Teruel) que en los últimos 60 años había provocado el abandono de 100.000 olivos centenarios, además de la muerte silenciosa de la economía del pueblo.

En Oliete, como en tantos otros municipios de la España rural, los principales problemas eran el éxodo de los jóvenes y la ausencia de proyectos que fijen a su población. Pero, como señala José Alfredo Martín, cofundador de Apadrina un olivo, “en 2014 donde todo el mundo veía olivos inservibles, nosotros imaginamos un motor de bienestar y desarrollo económico”. En ocho años, han conseguido rescatar el olivar centenario que, a su vez, ha frenado el éxodo rural, dando trabajo a sus habitantes y atrayendo nuevos pobladores.

<p> A través de la digitalización, 'Apadrina un olivo' está consiguiendo revertir el fuerte éxodo rural en Oliete, un pueblo de 343 habitantes de la provincia de Teruel. Foto: 'Apadrina un olivo'.</p>

A través de la digitalización, 'Apadrina un olivo' está consiguiendo revertir el fuerte éxodo rural en Oliete, un pueblo de 343 habitantes de la provincia de Teruel. Foto: 'Apadrina un olivo'.

A rebufo de esta iniciativa, se ha puesto en marcha una almazara y una conservera que generan oportunidades económicas y riqueza para los agricultores de la región. Y, desde octubre de 2021, con el proyecto Despertadores rurales inteligentes apuestan por el crecimiento rural a través de las oportunidades que la digitalización aporta al medio rural para poner en valor los recursos endógenos del territorio y así conseguir lo que ellos mismos denominan, “un Silicon Valley rural”.

Operan ya 18 iniciativas, provenientes de cualquier área despoblada de España, que ponen en relieve las nuevas tecnologías y la digitalización en el medio rural con las que generar emprendimiento autosuficiente y sostenible. Según Martín, “a través de la incubación de proyectos se busca poner en valor los recursos endógenos del territorio aplicando nuevas lógicas a los procesos tradicionales y aprovechando lo mejor de las TIC y las herramientas digitales, junto al talento, la innovación, la creatividad y el emprendimiento para el desarrollo económico y social de la España Vaciada”. Los ‘Despertadores’ les ayudan a convertir esas ideas en proyectos.

Todo el proceso se inicia con la digitalización del olivo, que permite su apadrinamiento en más de 28 países. Los padrinos escogen y bautizan online su olivo, siguiendo su evolución a través de las fotografías digitales que les envían, junto con dos litros de aceite al año. A su vez, cambian el rumbo de la historia de Oliete. A través del apadrinamiento de estos olivos, la localidad ha conseguido la recuperación de 15.000 olivos, empleando a 22 personas para su cuidado y mantenimiento, y con impacto también en el turismo rural (19.000 personas han visitado los olivos y han disfrutado de los entornos de Oliete). Todo ello, como dice Martín, “actuando bajo la premisa de la custodia del territorio, siguiendo un conjunto de estrategias e instrumentos donde implicar a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y el buen uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos”.

Además, de manera indirecta han conseguido mantener abierto el colegio del pueblo, pasando de tener tan solo tres niños a doce alumnos, lo que ha permitido quedarse a los habitantes más jóvenes, generando un flujo de nuevos pobladores. Vecinos para los que han tenido que acondicionar viviendas en las que poder instalarse, algo que han hecho gracias a la ayuda de empresas como Leroy Merlin.

Los olivos, a través de su digitalización, son la excusa o el vehículo para volver a generar en el pueblo una economía y una vida.

El proyecto no se queda en Oliete; a cuatro kilómetros se encuentra Alacón donde, en 2021, decidieron expandir el modelo de Apadrina un olivo para recuperar una huerta abandonada, iniciado con un crowdfunding para adquirir todo la maquinaria y el material necesario para poder trabajar la huerta.

A través del apadrinamiento de olivos, Oliete ha conseguido recuperar 15.000 árboles y ha empleado a 22 personas para su cuidado y mantenimiento. Esta iniciativa también ha aumentado el turismo rural.

El resultado del mantenimiento de los olivos se comercializa a través de la plataforma Mi olivo, donde venden el aceite de oliva virgen extra, fruto de la recuperación de árboles centenarios, y conservas vegetales. Gracias a las ventas del aceite, se mantiene la almazara que atiende a 150 pequeños agricultores, a los que se les retribuye con un precio que hace que sus explotaciones sean rentables y más sostenibles, generando así bienestar y evitando el futuro abandono de cultivos por las pésimas condiciones del mercado.

De manera similar, la marca de conservas Mi huerto comercializa los productos de la huerta abandonada de Alacón, empleando personal para el trabajo de las huertas y los pedidos.

Además, este modelo, que ha demostrado su capacidad de transformación rural, es replicable en todo el territorio. El año pasado, Apadrina un Olivo firmó un acuerdo con Endesa para España y Portugal, para rediseñar el futuro de la comarca de Andorra-Sierra de Arcos, tras el cierre de la central térmica, con el proyecto Del Huerto solar a la mesa. Una propuesta con la que poder seguir dando vida y trabajo a los pueblos que se han visto afectados por el cierre de la central térmica propiedad de Endesa. Para conseguir que no se pierdan estos empleos y actividad económica, la compañía va a apoyar en la recuperación de 60.000 olivos, lo que supone la generación de más de 96 empleos.

Endesa también ha confiado en el equipo de Apadrina un olivo en su estrategia de energías renovables para su actividad en Portugal lanzando Apadrinha uma Oliveira, con el objetivo de reactivar una economía sostenible. Para ello, han iniciado la réplica de este modelo en Portugal en la zona de Abrantes donde existe un escenario muy similar al de Oliete y donde el éxodo rural está provocando el abandono de cultivos de manera generalizada en una localidad en la que se encuentra el olivo más antiguo de la península ibérica, el Mouchão, con 3.350 años.

Las necesidades que sufre la España vaciada hacen que se generen grandes oportunidades. Grupo Red Eléctrica, la Fundación ”la Caixa” y la asociación El Hueco en Soria, también gracias a la digitalización, han puesto en marcha en febrero de 2022 Ruralcar, una nueva plataforma digital colaborativa para poner en contacto a habitantes de territorios aislados de la España Vaciada, para organizarse entre ellos y compartir coche en sus desplazamientos, facilitando así la movilidad en la España rural en la que la oferta de transporte público es claramente insuficiente.

Ruralcar abre así un canal de comunicación entre vecinos de la España rural para cubrir desplazamientos puntuales o incluso para el envío de paquetes, con un modelo de funcionamiento similar al popular servicio de coches compartidos que facilita la aplicación Blablacar.

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<p>Correos Market y Ruralcar son dos iniciativas que, gracias a la digitalización, facilitan la vida a los habitantes de la España rural. </p>

Correos Market y Ruralcar son dos iniciativas que, gracias a la digitalización, facilitan la vida a los habitantes de la España rural.

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<p>Correos Market y Ruralcar son dos iniciativas que, gracias a la digitalización, facilitan la vida a los habitantes de la España rural.</p>

Correos Market y Ruralcar son dos iniciativas que, gracias a la digitalización, facilitan la vida a los habitantes de la España rural.

Correos también se ha sumado a facilitar la vida en el entorno rural. Gracias a la digitalización y los nuevos dispositivos electrónicos portátiles (PDAs) de sus 6.011 carteros rurales, desde diciembre de 2021 es posible ingresar y retirar dinero en efectivo; enviar y recibir paquetería; pagar recibos y tributos; adquirir embalajes, sobres y sellos; gestionar servicios de luz, gas y telefonía, y muchos servicios más, desde la puerta de casa. De esta manera, los más de 650.000 ciudadanos que hasta ahora no tenían acceso al efectivo, a menos de cinco kilómetros podrán disponer de él a través de los carteros rurales. Según un informe sobre exclusión financiera elaborado por el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia Joaquín Maudos, el 1,4% de la población española no tienen ningún punto de acceso a servicios bancarios en su municipio.

Para ayudar a la comercialización de los productos que se generan en nuestros pueblos y dinamizar su economía, Correos lanzó en 2019 con la campaña Yo me quedo, de Correos Market, una plataforma digital en la que, a modo de mercado online, pueden tener visibilidad y vender sus productos, ayudándoles en las oficinas de Correos a iniciar su actividad en la aplicación.

Pero para poner en marcha todos estos proyectos innovadores, necesitamos abogar por la cobertura total en nuestro territorio. En España alrededor del 15% de la población carece de banda ancha de última generación, un porcentaje mucho mayor en términos de territorio. Por eso, es esencial que tanto las Administraciones públicas como las empresas de telecomunicaciones hagan realidad la cobertura universal de buena calidad en nuestro país. La mejora de las telecomunicaciones y la conexión a Internet en todo el territorio es una condición imprescindible para poder volver a ocupar la España vaciada.

El abandono del campo español es un problema en el que todos nos podemos comprometer, sea apostando por generar negocios en territorios rurales, contratar los servicios que están surgiendo desde ahí, comprar sus productos, o simplemente apadrinando un olivo o una huerta. En ello nos va nuestra riqueza cultural, nuestros mejores productos, nuestra historia, nuestro campo y hasta nuestra capacidad de alimentarnos en el futuro. Y como dice el poeta Salvador Espriu: “El que pierde las raíces, pierde la identidad”.

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