Refugios climáticos, una estrategia clave para adaptar las ciudades al calor extremo

Un lugar en el que nos sentimos protegidos frente al calor (o el frio), con el foco puesto en los colectivos más vulnerables y que es ofrecido a la ciudadanía de manera gratuita o, al menos, en condiciones económicas muy asequibles. Así podríamos definir, a grandes rasgos, un refugio climático. Figura que está ganando relevancia en los últimos años ante la perspectiva de unos veranos que tienden a ser cada vez más tórridos.
<p>Barcelona fue la primera ciudad mediterránea en poner en marcha una red de refugios climáticos y es referente en Europa. Cuenta en la actualidad con más de 350. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.</p>

Barcelona fue la primera ciudad mediterránea en poner en marcha una red de refugios climáticos y es referente en Europa. Cuenta en la actualidad con más de 350. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.

En el caso de las grandes urbes, los refugios climáticos son más necesarios si cabe por un factor que hay que añadir a la ecuación: el efecto isla de calor, que se deja notar especialmente en estas fechas. Básicamente hablamos de la elevación de las temperaturas que se percibe en los muy poblados, contaminados y asfaltados centros urbanos, en relación con las periferias y las áreas rurales circundantes.

Nuestro país es además uno de los más amenazados por esta tormenta perfecta en la que convergen el calentamiento global y el efecto isla de calor. Así lo aseguran los datos del estudio Urban Heat Snapshop, realizado en 2023 por la consultora Arup. De las nueve ciudades de todo el mundo analizadas en dicho estudio, Madrid resultó ser la que más brecha térmica registró entre el centro y la periferia, con hasta 8,5 grados de diferencia. Más que Bombay, El Cairo o Singapur, entre otras.

La cultura como refugio

Ante la magnitud que está tomando el problema en la capital, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ha reaccionado con la inauguración, prevista para este próximo jueves 11 de julio, de su propio refugio climático. “Lo hemos ubicado en el Salón de Baile, que es uno de los espacios más bonitos y emblemáticos del Círculo”, explica Andrea Temes, coordinadora de Desarrollo Estratégico de la entidad cultural.

En esta iniciativa también colaboran otras organizaciones, como Basurama, Savia Bruta y Germinando, con quienes se ha diseñado unas instalaciones vegetales conformadas con plantas, prestadas a su vez por el Vivero de Estufas de El Retiro. “Concebimos nuestro refugio como una plaza interior, llena de vegetación, pensada para las personas en situación de vulnerabilidad climática, pero abierta también a toda la ciudadanía”, destaca Temes. La entrada es libre y gratuita en horario de 11 a 21 horas.

El Círculo de Bellas Artes considera que la cultura es un “motor de innovación social y, como tal, creemos que ha de abordar los grandes desafíos actuales, como lo es, sin duda, el cambio climático. Nuestro refugio climático es un espacio que invita a imaginar a través del arte y la cultura otros futuros posibles más sostenibles”.

Al mismo tiempo, este espacio también sirve para dar el pistoletazo de salida a la programación del último trimestre del año en el Círculo de Bellas Artes. Un calendario en el que la acción climática será la gran protagonista. “Habrá exposiciones, conferencias, danza, cine… Es una manera de posicionarnos en el compromiso con la sostenibilidad”, destaca Temes.

Se trata de garantizar no solo el confort térmico de los visitantes, sino de estimular, además, su toma de conciencia y su participación en la esfera pública. “El Círculo de Bellas Artes es un espacio aglutinador de artistas, filósofos, pensadores y universidades, pero también de empresarios, científicos, políticos… El hecho de ser una institución cultural nos permite también abrir debates entre agentes sociales que no se suelen dar en otros lugares y que además son muy constructivos. También nos permite colaborar con todos ellos para desarrollar propuestas innovadoras y necesarias”, enfatiza la responsable de la entidad cultural.

<p>Un rincón del refugio climático del Círculo de Bellas Artes de Madrid, pensado para las personas en situación de vulnerabilidad climática, pero abierto a todos los ciudadanos. Foto: Círculo de Bellas Artes.</p>

Un rincón del refugio climático del Círculo de Bellas Artes de Madrid, pensado para las personas en situación de vulnerabilidad climática, pero abierto a todos los ciudadanos. Foto: Círculo de Bellas Artes.

A menos de cinco minutos de tu casa

“El concepto de refugio climático nace en Estados Unidos para hacer frente a situaciones de frío extremo. Barcelona fue la primera ciudad mediterránea en poner en marcha su red y ahora es referente en Europa junto con París y otras ciudades que están empezando el proyecto, como Atenas”. Así lo cuenta Irma Ventayol, directora de la Oficina de Cambio Climático de la Ciudad Condal.

Esta Red de Refugios Climáticos del Ayuntamiento de Barcelona comenzó su andadura en el verano de 2020, en plena pandemia. Entonces contaba con unos 70 refugios. “Hoy estamos hablando de una red de 350 refugios. En la cual encontramos espacios y equipamientos municipales, a los que se han unido entidades, organizaciones, otras Administraciones y este año, por primera vez, espacios privados”.

Ventayol detalla la amplia variedad de refugios climáticos que nutren la red, ubicados tanto en espacios interiores (por ejemplo, bibliotecas, museos o centros cívicos), como exteriores (parques, jardines, patios escolares, etc.). Refugios en los que debe garantizarse una correcta temperatura de climatización, tanto en verano como en invierno, así como una estancia cómoda en sillas, bancos o otro tipo de asientos disponibles. También es fundamental la presencia de puntos de agua para beber.


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La mayoría de estos espacios son gratuitos, exceptos las piscinas municipales, que se han incorporado este año a la red. “Pero están reguladas con un precio público y cuentan con las ayudas correspondientes para que nadie quede excluido por motivos económicos”, aclara Ventayol.

La responsable de la Oficina de Cambio Climático destaca que el Ayuntamiento de Barcelona fue pionero no solo en poner en marcha una red de estas características. Sino en contar, además, con una metodología para su desarrollo. “Tenemos activo un grupo de trabajo con los responsables de los espacios que actúan como refugio climático que se reúne anualmente para hacer balance y proponer mejoras. Así como un procedimiento para valorar los espacios, un protocolo de comunicación interna y, además, hacemos formación a las cuidadoras de personas que no pueden desplazarse a un refugio. También trabajamos con centros escolares para que puedan adaptar los patios al cambio climático y, a la vez, sumarse a la Red de Refugios Climáticos”.

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<p>Los refugios pueden ser también exteriores, como este patio del museo Frederic Marés, en Barcelona. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.</p>

Los refugios pueden ser también exteriores, como este patio del museo Frederic Marés, en Barcelona. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.

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<p>Refugio climático en el centro deportivo municipal Les Corts. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.</p>

Refugio climático en el centro deportivo municipal Les Corts. Foto: Ayuntamiento de Barcelona.

Todo ello con la mirada puesta en una meta muy definida. “Nuestro objetivo es que, en 2030, toda la población de Barcelona tenga un refugio climático a menos de cinco minutos a pie de casa”. Esto ya se ha conseguido hoy en día para el 68% de los barceloneses y barcelonesas. Y el 98% de la población se encuentra a diez minutos a pie del refugio climático más cercano.

Transformar la ciudad desde el patio del cole

Para el colectivo de arquitectos El Globus Vermell, ubicado también en la Ciudad Condal, la adaptación de las ciudades a los retos del siglo XXI, entre los que ocupa un lugar crítico la emergencia climática, supone un desafío de enormes proporciones que requiere la implicación de toda la sociedad y, a ser posible, de todos los espacios que conforman el entorno que habitamos. Incluyendo también los patios escolares. Por eso pusieron en marcha en 2017 el programa Patios x Clima. Desde el que desarrollan diferentes proyectos de renaturalización de los patios escolares.

“Lo que tenemos a veces en las escuelas son espacios exteriores poco habitables. Tanto en la época de mucho calor como en la época de frío, de viento y de lluvia. No hay espacios cubiertos y protegidos de las inclemencias del tiempo, ya sea por el sol o por la lluvia”, lamenta Mamen Artero, coordinadora del programa Patios x Clima. Lo habitual, prosigue Artero, “es encontrarse con patios que consisten básicamente en superficies planas de cemento. En las que no se tiene en cuenta ni la parte pedagógica ni la parte de gestión de los recursos naturales. Son espacios inertes”.

Artero quiere poner el acento en que “los patios de la escuela son una oportunidad” en multitud de sentidos. No solo porque se prestan al desarrollo de procesos de renaturalización a través de iniciativas que llevan a cabo y que tienen que ver la introducción de vegetación, la permeabilización de los suelos o la implementación de sistemas naturales de drenaje para la correcta gestión del agua, entre otras actuaciones. También por las propias posibilidades pedagógicas que ofrecen estos enclaves.

<p>Transformación de los espacios exteriores de la escuela La Font dentro del programa Patios x Clima. Foto: El Globus Vermiell.</p>

Transformación de los espacios exteriores de la escuela La Font dentro del programa Patios x Clima. Foto: El Globus Vermiell.

“Son lugares que sirven no solo para jugar, sino también para aprender a través de la realización de actividades en el exterior”. Para desarrollar este potencial educativo, es necesario contar con la implicación de toda la comunidad educativa. No solo con profesores y alumnos, también con “el ecosistema educativo en su conjunto, que incluye a todos los agentes que pueden utilizar ese espacio dentro de su ciudad o de su barrio”.

Se trata de concebir el patio de la escuela como un espacio público y, por tanto, al servicio de la ciudadanía. Para la coordinadora de Patios x Clima, “no puede ser que, cuando la Administración destina recursos importantes para la transformación de esos patios, nos limitemos a usar los mismos durante solo media hora al día y que además solo puedan ser disfrutados por la comunidad educativa de ese centro. Son espacios públicos que están para ser utilizados”, insiste.

Esta propuesta de dotar de nuevos usos y posibilidades a nuestras instalaciones educativas es un ejemplo claro de cómo las medidas de adaptación frente al cambio climático no se agotan en el mero fortalecimiento de la resiliencia urbana frente a potenciales catástrofes. Lo que Patios x Clima está proponiendo en realidad, al igual que El Círculo de Bellas Artes y el Ayuntamiento de Barcelona a diferentes niveles, es un replanteamiento del modelo actual de ciudad, con potenciales efectos positivos para sus habitantes que van más allá de capear el temporal.

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