La financiación de armamento: una llamada a la ética financiera

La reciente escalada de gastos militares sitúa al mundo en una delicada encrucijada. Este aumento, impulsado por tensiones geopolíticas y conflictos, pone en evidencia la profunda implicación del sector financiero en la industria armamentística y, con ello, en el fomento de la guerra, en un momento en el que los conflictos bélicos de Ucrania y de Gaza están en plena efervescencia.

El mundo se enfrenta en la actualidad a múltiples crisis convergentes que se ven agravadas por el incremento conflictos armados en diversas regiones. Como resultado, el año 2023 marcó un punto de inflexión preocupante: el gasto en defensa a nivel mundial aumentó un 9%, alcanzando la cifra récord de 2,2 billones de dólares según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri).

Bancos y otras instituciones financieras obtienen lucrativas ganancias del financiamiento a la producción y comercio de armas utilizadas en conflictos a gran escala en todo el mundo.

El informe Finance for War. Finance for Peace, publicado por la Fundación Finanzas Éticas y la Global Alliance for Banking on Values (GABV), examina minuciosamente la exposición de la industria financiera a la producción y comercio de armas, destacando un panorama cambiante en el que, por un lado, cada vez más practicantes rechazan el financiamiento para armas, mientras que, por otro, muchas grandes instituciones financieras se benefician de los conflictos globales.

En este contexto crítico, el informe aboga por una reevaluación urgente del papel del sector financiero en la promoción de la guerra o la paz, instando a una reflexión profunda sobre los valores y principios que deben guiar las decisiones económicas y financieras hacia un futuro más justo y pacífico.

El sector armamentístico se apoya en el financiero

El informe pone de manifiesto la conexión entre el sector financiero y la financiación empresas de armas, revelando cómo entre 2020 y 2022 un amplio espectro de entidades financieras, que abarca desde grandes bancos y compañías de seguros hasta fondos de inversión, fondos soberanos, fondos de pensiones e instituciones públicas, ha canalizado apoyo sustancial hacia el sector de la defensa, suministrando al menos 1 billón de dólares.

Este apoyo se materializa a través de un conjunto diverso de mecanismos financieros, incluyendo préstamos, adquisiciones de bonos, participaciones accionarias y suscripciones.

Delimitando aún más esta problemática, se destaca que, en un período comprendido entre enero de 2021 y agosto de 2023, las 24 compañías cotizadas más prominentes en el ámbito de la producción de armas nucleares recibieron un flujo financiero ascendente a 820.000 millones de dólares, proveniente de 287 instituciones financieras distribuidas en 28 países.

Al menos 1 billón de dólares destinaron las entidades financieras entre 2020 y 2022 a la financiación de la industria armamentística, según un informe de la Fundación Finanzas Éticas y GABV.

En cuanto a las bombas de racimo, prohibidas por una Convención firmada por 123 países, 88 bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones, fondos soberanos de riqueza y gestores de activos habían invertido aproximadamente 9.000 millones de dólares en 2020 en siete compañías involucradas en la producción de este tipo de munición, ubicadas en Brasil, India, China y Corea del Sur.

Este volumen financiero, aunque revelador, posiblemente no capture la totalidad del escenario, dado que la ausencia de una base de datos oficial impide un recuento exhaustivo de todas las operaciones financieras del sector en la industria armamentística.

Este profundo entrelazamiento financiero con la industria de armamento no solo perpetúa el ciclo de conflictos militares, sino que también plantea dilemas éticos y morales profundos. La contribución financiera a la industria armamentística desvía recursos críticos que podrían ser empleados en atender desafíos urgentes y globales como el cambio climático, la desigualdad social, y la promoción del desarrollo sostenible.


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Un nuevo paradigma para la paz y la sostenibilidad

La GABV, representando a los bancos basados en valores y actuando como comisionado del informe junto con la Fundación Finanzas Éticas se erige como un faro de esperanza en cómo debe evaluarse el rol financiero y de las inversiones.

Esta organización ejemplifica cómo el sector financiero puede operar de manera que beneficie tanto a las personas como al planeta, excluyendo explícitamente la financiación de la industria de armamento de sus actividades. Su compromiso con la paz y la estabilidad, como prerrequisitos para lograr los desafíos clave de nuestro tiempo, marca un camino hacia adelante.

El 73% de los miembros de la GABV (52 de 71 bancos) tiene políticas explícitas que excluyen la inversión o el financiamiento en la producción o comercio de armas. Estos datos subrayan una tendencia positiva y creciente hacia la adopción de prácticas financieras éticas y sostenibles.

La iniciativa de estos bancos de valores para crear un impacto significativo en las comunidades donde operan, financiando activamente el cambio positivo mientras evitan el daño, es un modelo inspirador para el resto del sector financiero.

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<p>Fuente: ‘Finance for War. Finance for Peace’, de la Fundación Finanzas Éticas y la Global Alliance for Banking on Values (GABV).</p>

Fuente: ‘Finance for War. Finance for Peace’, de la Fundación Finanzas Éticas y la Global Alliance for Banking on Values (GABV).

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<p>Fuente: ‘Finance for War. Finance for Peace’, de la Fundación Finanzas Éticas y la Global Alliance for Banking on Values (GABV).</p>

Fuente: ‘Finance for War. Finance for Peace’, de la Fundación Finanzas Éticas y la Global Alliance for Banking on Values (GABV).

Este llamado a la acción va más allá de las paredes de las instituciones financieras; es una invitación a toda la sociedad a reflexionar sobre el impacto de las decisiones financieras en el mundo. Al optar por bancos y fondos que se adhieren a principios éticos y sostenibles, los consumidores y los inversores pueden ejercer un poderoso voto económico por la paz.

Cuando la gestión del dinero beneficia a toda la sociedad 

Para conocer de primera mano el papel crucial de las finanzas éticas ante los desafíos geopolíticos contemporáneos, hemos hablado con Jordi Ibáñez, director de la Fundación Finanzas Éticas, que nos ofrece su opinión sobre las complejidades y esperanzas que definen este campo.

Ibáñez se muestra crítico con la tendencia actual hacia el aumento de la inversión en el sector militar, una dinámica que considera un retroceso respecto a los avances previos en materia de regulaciones y transparencia. Según sus palabras, “estamos viviendo un retroceso desde el inicio de la guerra de Ucrania y posteriormente de Palestina. La inversión militar está en pleno crecimiento. En 2022 solo en Europa creció un 13% y un 3,2% en el mundo” evidenciando la preocupante escalada de la financiación en armamento a nivel global.

Pese a este contexto adverso, mantiene una postura optimista respecto al futuro de las finanzas éticas, fundamentada en una visión de paz y solidaridad. Afirma con convicción que “la paz no se construye ni se defiende con armas. La paz se construye con justicia y con solidaridad”, un principio que guía al movimiento de las finanzas éticas en su esfuerzo por promover una economía que respalde la resolución pacífica de conflictos y la justicia social.

En cuanto al activismo accionarial, Ibáñez resalta su evolución positiva y el impacto que ha tenido en promover prácticas empresariales más éticas y responsables. A través del compromiso y la denuncia, los accionistas y movimientos sociales han logrado influir en las políticas corporativas hacia un mayor énfasis en la sostenibilidad y la responsabilidad social.

“Las finanzas tradicionales no van a cambiar si lo que sigue esperando la gente de su banco es solamente el máximo beneficio”, Jordi Ibáñez, director de la Fundación Finanzas Éticas.

“En España y en todo el mundo crecen con fuerza este tipo de acciones sobre todo exigiendo mayor transparencia para que los accionistas puedan calcular riesgos tanto propios para cuidar sus inversiones como externos para alinearnos con los objetivos de sostenibilidad”, señala, reconociendo el papel vital de estas prácticas en la configuración de un sector financiero más ético.

Sobre cómo incentivar a más instituciones financieras para que adopten prácticas de finanzas éticas, destaca la importancia de un cambio en el paradigma cultural que respalde un enfoque financiero más consciente y responsable, ya que “las finanzas tradicionales no cambian si lo que sigue esperando la gente de su banco es solamente el máximo beneficio”.

El crecimiento sostenido de clientes que optan por bancos éticos es un testimonio del cambio de mentalidad hacia una mayor conciencia sobre el impacto de las finanzas en la sociedad y el medio ambiente. “Nuestro principal valor es la autenticidad, es decir que hacemos lo que predicamos”, afirma Ibáñez, resaltando la coherencia entre los principios proclamados y las acciones realizadas por las entidades de finanzas éticas.

Finalmente, Ibáñez invita a los consumidores a sumarse al movimiento de finanzas éticas con una actitud abierta y proactiva, ofreciendo una gestión del dinero que beneficie a la sociedad en su conjunto. “Les ofrecemos gestionar su dinero de manera eficiente para vivir todos mejor, especialmente las personas más vulnerables y para construir un planeta más habitable” concluye, enfatizando el compromiso de las finanzas éticas con un futuro más justo y sostenible.

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