La discapacidad ante los nuevos modelos de trabajo

El teletrabajo y la semipresencialidad han sido algunos de los cambios más visibles provocados por la pandemia en el mercado laboral. Pero, ¿cómo afectan a las personas con diversidad funcional?

Nuevo curso y nuevos retos. Uno de ellos, el de adaptarse -otra vez- al vaivén de los modelos de trabajo, que a lo largo de estos casi dos años han ido variando al compás de la situación epidemiológica. Si los buenos datos logrados gracias a la intensa campaña de vacunación se mantienen, los próximos meses serán los del regreso a la oficina -total o parcial- de cientos de miles de empleados que hasta ahora trabajaban desde casa.

Si esta adaptación es de por sí complicada para la mayoría -cambio de rutinas, horarios, organización del trabajo y conciliación, entre otras muchas cosas-, lo es más aún para las personas con diversidad funcional, para las cuales cada modalidad de trabajo -presencial, en remoto o híbrida- tiene tantas ventajas como inconvenientes. Un colectivo, además, especialmente golpeado por la crisis: su contratación cayó un 30% en 2020, según Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi).

Ante este panorama, ¿beneficia el teletrabajo a las personas con discapacidad? ¿Se ha incrementado la brecha tecnológica? ¿Cómo será la adaptación en los próximos meses? Hablamos con expertos en integración de la discapacidad para conocer las claves.

El teletrabajo, arma de doble filo

El trabajo en remoto ha sido una de las consecuencias más palpables del impacto de la covid-19 en el mercado laboral. En apenas un año, aumentó en un 74,2% en el número de personas que trabajaban desde casa, según los datos de Adecco Group Institute. En torno a 3 millones de personas teletrabajaban hasta el pasado marzo.

Pero ¿cómo ha afectado el auge del trabajo desde casa a las personas con diversidad funcional? “El teletrabajo se alza como una fórmula eficaz para potenciar el empleo de muchas personas con discapacidad”, si bien “su adaptación ha dependido del tipo de discapacidad”, nos explica Natalia Rodríguez, técnico del Área de Empleo-Discapacidad de la Fundación Integra.

Las personas con una discapacidad que afecta a su movilidad “han podido evitarse el desplazamiento a sus puestos de trabajo”. Igualmente, a “las personas con una discapacidad orgánica -que implica algún tipo de inmunodepresión-, les ha beneficiado en cierta medida, porque han podido desempeñar su trabajo desde casa con mayor seguridad y sin exponerse al virus”.

En el otro lado de la moneda están las personas con discapacidad psíquica, las más perjudicadas, ya que “no solo han tenido difícil el acceso a sus visitas médicas y tratamientos, sino que desempeñar sus trabajos on-line les ha supuesto un aislamiento social y la pérdida de comunicación con sus compañeros”. Dicho de otro modo, aquellas “cuya discapacidad necesita de mayor apoyo o supervisión” y “un mayor tiempo de aprendizaje”. De hecho, como señalan desde la Fundación Integra, el mayor inconveniente del teletrabajo se encuentra en el periodo de adaptación al comenzar un nuevo trabajo, más necesario aún en el caso de personas con discapacidad, debido “a que requieren de una asistencia más directa” para “una real y completa integración” y “necesitan más que el resto esa parte social y entre compañeros”.

“En términos generales, el despegue y la consolidación del teletrabajo, como fórmula de flexibilidad, no puede sino valorarse de forma positiva”, asegura por su parte Begoña Bravo, responsable del Plan de Integración de la Fundación Adecco. En esta organización se han encontrado, como asegura, “incluso con personas con discapacidad que han encontrado empleo gracias al afianzamiento del trabajo en remoto”.

“Detrás de una pantalla todos somos iguales y prevalecen las competencias profesionales”, Begoña Bravo, Fundación Adecco.

Bravo destaca así el “gran potencial” de la tecnología; “detrás de una pantalla todos somos iguales y prevalecen las competencias profesionales”. “Si el teletrabajador con discapacidad cuenta con los recursos necesarios, su rendimiento y satisfacción han resultado ser iguales, o incluso superiores, que en la modalidad presencial”.

Es más, para las personas con discapacidad física, “la consolidación del teletrabajo supone la conquista de una reivindicación histórica, ya que tradicionalmente han demandado este modelo como solución a las barreras físicas y arquitectónicas, además de potenciar su conciliación familiar”. De igual modo, “la pandemia ha supuesto un revulsivo para el desarrollo de soluciones visuales y auditivas, incluso cognitivas, beneficiosas para las personas con discapacidad sensorial o con dificultades de comprensión”.

Para las que tienen alguna discapacidad intelectual, sin embargo, “rutinas diarias como el aseo, uso de transporte, o la interacción física con sus compañeros de trabajo eran la base para una vida normalizada, con lo que la fórmula a distancia podía no funcionar si no iba acompañada de un estricto seguimiento”.

¿Cómo encajan los modelos híbridos?

Todo apunta a que la vuelta a la oficina no será total para muchos trabajadores, sino que combinarán jornadas presenciales con otras desde casa. “El trabajo híbrido puede ser una solución eficaz para personas con discapacidad porque reduce y evita todos los inconvenientes que planteábamos del teletrabajo -aislamiento, disminución de supervisión, etc.-, al mismo tiempo que facilita a las personas con discapacidad funcional tener menos desplazamientos diarios”, asegura Rodríguez, de Integra.

Bravo, de Adecco, coincide: “Si la persona con discapacidad dispone de los recursos físicos, tecnológicos y adaptaciones necesarias, la fórmula híbrida funciona del mismo modo que para el resto de los trabajadores”.

Asimismo, teniendo en cuenta que “la interacción y el contacto físico siempre han representado los grandes pilares sobre los que asentar la normalización de la discapacidad en las empresas” la fórmula mixta “no solo encaja entre las personas con discapacidad, sino que puede resultar óptima, al recoger las ventajas de ambos modelos”, como ahorro de tiempo y costes, por un lado, e interacción personal, por otro.

Como principales inconvenientes, Bravo señala la “importante inseguridad jurídica en torno al teletrabajo”, además de la pérdida de contacto físico a la hora de hacer equipo y socializar. En cualquier caso, desde la Fundación Adecco se muestran optimistas con el futuro: “Después de más de un año de andadura del teletrabajo, se está produciendo una normalización” tanto del trabajo a distancia como de los modelos que lo combinan con la presencialidad, “resultando ser una opción factible para todas las personas, independientemente de su discapacidad, siempre y cuando dispongan de los recursos pertinentes”.

Disponer de los recursos pertinentes, en especial herramientas y habilidades tecnológicas, se hace cada vez más necesario para la inserción y mantenimiento de las personas con discapacidad en el mercado laboral.

Discapacidad y tecnología

Precisamente disponer de los recursos pertinentes, en especial herramientas y habilidades tecnológicas, se hace cada vez más necesario para la inserción y mantenimiento de las personas con discapacidad en el mercado laboral.

“Si hacemos un balance de la irrupción de la tecnología en la vida de las personas con discapacidad, las ventajas exceden, con mucho, a los inconvenientes”, asegura Bravo. “Es cierto que la brecha digital afecta a las personas con discapacidad y que el 48% encuentra barreras en la adquisición y uso de las nuevas tecnologías, según el 10º informe Tecnología y Discapacidad de la Fundación Adecco”, pero “no es menos cierto que el 72% encuentra en las nuevas tecnologías un recurso clave para desempeñar su puesto de trabajo, junto a un 70% que asegura que la innovación tecnológica ha mejorado su calidad de vida global”.

En otras palabras, desde la Fundación Adecco consideran que la tecnología está resultando ser “una verdadera aliada para la inclusión social y laboral de las personas con discapacidad, facilitando sus tareas y rutinas diarias, gracias a recursos y herramientas innovadoras, e impulsando su acceso al empleo al atenuar las barreras de discriminación”.

No obstante, “aquellas personas con discapacidad con una menor formación son también las más expuestas a la brecha digital y al desempleo”. En la actualidad, las personas con discapacidad psíquica y/o intelectual son las que registran un menor nivel formativo, con tasas de paro que superan, en muchos casos, el 80%.

Desde Fundación Integra, Rodríguez recuerda que, pese a que “la tecnología tiene cada vez un carácter más social”, la brecha digital se ha incrementado. “Las personas que tenían carencias en habilidades digitales han visto más afectada su vida por no tener acceso a los organismos públicos o la seguridad social”.

Una situación que afecta especialmente “a personas con exclusión, sin formación y con discapacidad a nivel cognitivo o intelectual”. Ante ello, señalan, “es un reto de las empresas y de la sociedad conseguir mejorar el nivel de habilidades y conocimientos digitales de estas personas tanto para tener una mayor integración laboral como social”.

Los retos de la integración

Las circunstancias actuales obligan a la Administración y a las organizaciones que trabajan en la integración de personas con discapacidad a intensificar su trabajo. El reto de la Fundación Integra, como señala Rodríguez, es el de “reducir esta brecha digital y poner en juego a estas personas para adaptarse al desempeño de las nuevas profesiones”, cada vez más marcadas por la tecnología. También subrayan el acompañamiento a sus usuarios a la hora de gestionar los certificados y documentos necesarios para su contratación, así como el apoyo emocional que brindaron telefónicamente durante los peores meses de la pandemia.

“Voluntarios de nuestras empresas colaboradoras se ofrecieron para ayudarles en la realización de sus currículos y a preparar entrevistas a través del ordenador. En cuanto pudimos, retomamos nuestra formación, de forma online y para aquellos que no tuvieran los medios necesarios, podían venir a la Fundación”.

Desde la irrupción del coronavirus, desde la Fundación Adecco “intensificamos nuestra actividad para estar más cerca que nunca de nuestros beneficiarios y empresas, con la tecnología como gran aliada”, explica Bravo. Entre otros proyectos, impulsaron la iniciativa #PrepárateParaElEmpleo, para dotar a las personas con mayor riesgo de exclusión de recursos online para la búsqueda de empleo. Asimismo, con sus empresas colaboradoras, Adecco impulsó un voluntariado de emergencia para acompañar telefónicamente a las personas con discapacidad más afectadas por el confinamiento.

En la actualidad, la Fundación Adecco trabaja en el asesoramiento a las personas con discapacidad a la nueva normalidad, “incidiendo en fases estratégicas de la búsqueda de empleo como la entrevista presencial en tiempos de pandemia, las entrevistas de trabajo online o el manejo de herramientas tecnológicas claves para el teletrabajo”.

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