El Banco de Santander y la solvencia ética

Emilio Botín Sáenz de Santauola III, nieto de Emilio Botín López cuya máxima era «que en los negocios había que jugar siempre con un as en la manga», debe estar muy satisfecho.

El gobierno socialista en funciones ha rubricado el cierre de su mandato concediendo in extremis el indulto a Alfredo Sáenz, consejero delegado del Banco de Santander y condenado por sentencia firme del Tribunal Supremo por un delito de falsedad.

Es difícil calibrar la gravedad del daño que este tipo de decisiones pueden causar en la fibra moral de una sociedad. Cuando un gobierno acuerda indultar a un banquero que ha falseado unas pruebas para provocar el ingreso en prisión de cuatro clientes por impago de unas deudas (Pedro Olavarría, Modesto González y Fernando y José Ignacio Romero) está enviando una señal muy clara al país. Un mensaje, además, que adquiere especiales connotaciones en el contexto de la crisis económica actual. No hay que dejarse engañar, estas acciones dejan heridas profundas en la sociedad. Lesiones que no son visibles a primera vista y cuyas secuelas tardan mucho tiempo en cicatrizar.

La concesión de un indulto supone perdonar el cumplimiento de la pena de un delito en atención a determinadas circunstancias. Es muy discutible que las circunstancias esgrimidas por el Santander y apoyadas por la AEB, basadas en la trayectoria profesional de Alfredo Sáenz y su contribución a la modernización del sector financiero, puedan justificar el indulto. En efecto, muy difícil debe ser cuando el gobierno por boca de su portavoz se ha negado a motivar la decisión.

Pero el indulto es una medida de clemencia, esa misma virtud que el consejero delegado y sus complices no tuvieron con los cuatro padres de familia que enviaron a la carcel, y no podemos hacer depender nuestra indulgencia de la carencia de esta virtud en quienes la reclaman. Si así fuera, las relaciones humanas estarían basadas exclusivamente en el do ut des y eliminaríamos del diccionario humano la piedad, la misericordia y la gracia.

Pero, si bien podemos aceptar que el indulto pueda justificarse en su condición de acto graciable, resulta insostenible, ética y legalmente, la actuación del presidente y de los miembros del consejo de administración del Banco de Santander.

La decisión de mantener a Alfredo Sáenz como consejero delegado de la entidad financiera contraviene, no ya las recomendaciones del propio código de buen gobierno del banco, sino las reglas más elementales de decencia y prudencia empresarial. Entre las competencias y funciones de un consejo de administración no se encuentra la concesión de indultos. Se le paga para que gobierne y supervise el buen funcionamiento de la organizacción, y entre las funciones de gobierno más importantes se encuentra la selección de los candidatos más idóneos para desempeñar las funciones de la alta dirección. Los seleccionados deben reunir las más altas cualificaciones técnicas y éticas. Es función de la comisión de nombramientos del consejo asegurarse de que esos criterios de selección se vivan y se cumplan.

Alfredo Sáenz hace tiempo que debería haber presentado voluntariamente su dimisión, pero, si no lo ha hecho, el consejo de administración estaba obligado a cesarle para proteger la reputación y los valores del banco. Al incumplir sus deberes ha dado pie a que muchos accionistas y clientes se pregunten: ¿qué no estarán dispuestos a hacer los consejeros para justificar sus acciones?

Si la falsedad deja de ser una conducta censurable para desempeñar un puesto en la alta dirección, ¿cómo podemos saber que son sinceros y transparentes respecto a la situación patrimonial del banco? Si son incapaces de reconocer sus errores, ¿cómo fiarnos de que sabrán rectificar cuando los cometan? Crédito viene de cree r, de confiar. Un banco concede crédito y vive de él. Si no lo administra bien, termina desapareciendo.

La confianza se puede perder por una mala gestión financiera, tenemos desgraciadamente muchos ejemplos recientes, pero esta, aunque sea grave, suele tener solución. ¿Pero qué FROB puede acudir al rescate de una institución financiera cuando lo que dilapida su órgano de gobierno son las más elementales normas de honorabilidad? ¿Quién está dispuesto a inyectar recursos éticos cuando los consejeros los gastan alegremente? La pasividad del consejo de administración del Banco de Santander ha encendido unas luces rojas sobre la «solvencia ética» del banco y, por tanto, nadie debería extrañarse si los depositantes del Banco de Santander corrieran a retirar su dinero de la entidad financiera.

Comentarios

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  1. elzorro

    Pero no son tontos los del Santander, por eso han retirado el nombre de Alfredo Saenz de la propuesta de cargos directivos para la filial del Bando de Santander en Inglaterra. En el BS saben muy bien que los ingleses no tragan con todo, adiferencia de España

  2. Javier Martinez

    Si queremos una sociedad evolucionada, la educacion es la base, por mucho que los del FMI nos pidan recortes.
    Pero educar no es decir sino hacer, los niños no aprenden de lo que decimos sino de que hacemos.
    Como le explicas a un hijo lo que ha sucedido con el «Sr.», Alfredo Saenz?
    Debemos perseguir los numerosos contraejemplos educativos que estamos «enseñando a la sociedad.