¿Han servido para algo las ‘apps’ de rastreo de la covid-19?

A estas alturas, cuando ya se ha comenzado la tan esperada vacunación, y tras meses desde que se empezó a hablar de ellas y a desarrollarlas, está más que claro que el papel esencial que tenían que desempeñar las aplicaciones de rastreo anticovid para móvil se ha quedado en agua de borrajas.

Aparentemente, este tipo de aplicaciones iban a ser de gran ayuda para detener el avance de los casos de contagio del coronavirus, pero creo que no me quedo corto si digo que han sido un completo fracaso tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, pasando a engrosar la lista de errores, despropósitos y decisiones mal tomadas a nivel mundial.

Más allá de gobiernos y colores políticos, todos los países han cometido grandes errores en esta pandemia, y este tipo de apps apenas han servido de nada en ninguna parte.

Diferentes razones han motivado la tardanza en disponer de las aplicaciones, su poca utilización entre la ciudadanía y su escasa utilidad real entre ese reducido número de población usuaria.

Aplicaciones desarrolladas tarde y mal promocionadas

El desarrollo de estas aplicaciones móviles ha tardado más de lo deseable y no ha sido hasta que Google y Apple pusieron a disposición sus API (es decir, los protocolos que se utilizan para desarrollar e integrar el software de las aplicaciones) para los sistemas operativos de sus teléfonos en el mes de mayo, que los gobiernos han ido implementando sus aplicaciones de rastreo.

En el caso de España, y en comparación con otros países de nuestro entorno como Francia e Italia que tenían sus aplicaciones preparadas ya en julio, hemos tenido que esperar algunos meses más para poder descargar nuestra versión de ese software.

Como si la finalidad de todo esto no fuera una cuestión de vida o muerte, resulta que vivimos en un territorio de taifas en el que para tomar decisiones de especial importancia se delega, se piensa, se repiensa, se mira de reojo lo que hace el de al lado, y finalmente se intenta no hacer lo que los otros hacen por las diferentes realidades territoriales (más reales o más supuestas), lo cual ha acabado retrasando la puesta al público de la aplicación hasta el mes de octubre.

Una aplicación que, de alguna manera, ha nacido muerta, puesto que apenas se ha hecho publicidad de la misma ni se ha recomendado de manera amplia y clara su instalación en nuestros móviles por parte de las autoridades y administraciones competentes.

Una aplicación que ha nacido muerta, puesto que apenas se ha hecho publicidad ni se ha recomendado de manera amplia y clara su instalación en nuestros móviles por parte de las autoridades.

Descargamos todo, a cualquier precio… pero esta no

Otra de las razones del fracaso es la reticencia de la población a instalar ese tipo de programas en su móvil. Estamos tan acostumbrados a instalar aplicaciones de lo más variado, pero, paradójicamente, tenemos grandes reticencias a hacerlo con este en concreto.

La razón principal es la extendida opinión de que más que para rastrear posibles casos de la covid-19 sirve para controlar lo que sus usuarios hacen, dónde están y con quién en todo momento.

Y decía lo de paradójico porque parece que no somos conscientes de que aceptando las condiciones de uso de muchas apps, aquellas condiciones que no leemos y a las que damos aceptar rápidamente para poder usar la última chorrada de moda, estamos vendiendo nuestra alma al diablo, en forma de información de todos nuestros usos y costumbres.

Sin embargo, desconfiamos de una aplicación detrás de la cual están los gobiernos y que debe servir para contener una pandemia.

De cara a la efectividad de estas apps y debido a su funcionamiento, también debemos tener en cuenta que si no son utilizadas por un gran número de personas apenas sirven de nada. Concretamente, investigadores de la Universidad de Oxford calculan que deberían ser usadas por al menos un 60% de la población.

Pero no seré yo quien culpe a los potenciales usuarios que piensen que existe una conspiración para controlar el mundo mediante el ofrecimiento de seguridad ante nuevos o potenciales peligros para nuestra sociedad.

De hecho, entiendo y comparto esa preocupación en cierto modo. Si tal conspiración existiera, no habría mejor manera de “hacer entrar a la gente por el aro” que la de proponer hacer cosas por su bien y su seguridad.

Está claro que para que este tipo de aplicaciones sean exitosas deben ser desarrolladas e implantadas con todas las medidas necesarias para asegurar la confidencialidad de los datos y la privacidad de los usuarios, y la transparencia en su uso. Más aún si cabe, debido a que dichos datos hacen referencia a la salud de quien la utiliza.

Para que este tipo de aplicaciones sean exitosas deben ser desarrolladas e implantadas con todas las medidas necesarias para asegurar la confidencialidad de los datos y la privacidad de los usuarios, y la transparencia en su uso.

El necesario equilibrio entre seguridad y privacidad

Al respecto de lo anteriormente comentado, el interesante informe La búsqueda de inmunidad digital frente a la pandemia: eficacia, privacidad y vigilancia publicado por el Real Instituto Elcano, alude, acertadamente, que “incluso con la mejor de las intenciones, se corre el riesgo de poner en marcha un sistema de vigilancia masiva que permanezca después y se utilice para otros fines, como pasó en EE. UU. tras los atentados del 11S”, y también señala que el desarrollo y el uso de estas aplicaciones plantea retos de privacidad y confianza a los que es necesario responder, para su éxito, con pedagogía y respetando la regulación y una serie de principios.

También en ese informe, realizado un poco antes del lanzamiento de las APIs de Google y Apple, se resalta que la regulación de la Unión Europea es muy garantista en materia de privacidad, por lo que vigilaría que las aplicaciones relacionadas con la covid-19 respeten los principios europeos, subrayando que el Reglamento General de Protección de Datos es uno de los sistemas legales que más protegen la privacidad digital en el mundo, incluso en situaciones excepcionales como la actual.

Por su parte, la Comisión Europea declaraba que entre las principales condiciones a plantear para el desarrollo de estas apps estaban la definición del papel de las autoridades necesarias en el rendimiento de cuentas sobre el cumplimiento de las normas de protección de datos, que los usuarios conservaran el pleno control de sus datos personales cifrados y que ese control estuviera limitado en tiempo y extensión, y que las autoridades de protección de datos participaran plenamente y fueran consultadas durante el desarrollo de las aplicaciones y revisaran su implementación.

Si estas aplicaciones se han desarrollado salvando el escollo de la necesaria seguridad y privacidad, es una pena que debido a la tardanza en su puesta al público y la falta de pedagogía a la hora de promocionar su uso, no estén sirviendo para nada, más aún cuando no es una aplicación para colgar tonterías en Internet sino para salvar vidas.

No estaría de más que, cuando finalice todo esto, se haga, por fin, un balance de lo que se ha hecho mal en la gestión de la pandemia y que sirva como enseñanza de lo que no hay que repetir.

Aunque, viendo como los gobiernos tropiezan una y otra vez con las mismas piedras, no es algo que podamos dar por hecho.

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