Cuando no todo es el estudio

“La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo. ¿Qué otro libro se puede estudiar mejor que el de la Humanidad?”. Mahatma Gandhi (1869-1948. Político y pensador indio).

Nuevos tiempos, nuevas realidades, nuevas capacitaciones. En las dos últimas décadas hemos vivido obsesionados por los estudios y las carreras. “¿Politólogo y abogado? Mucho mejor”. “¿Ingeniero y matemático? Eso es extraordinario”. “¿Ha cursado tres másters y dos de ellos en el extranjero? Poco más se le puede pedir”. Años y años de estudios y formación, encerrados, en no pocas ocasiones, en una especie de burbuja, abnegados por los textos, cegados por el afán de acumular títulos y reconocimientos.

¿Por qué estudiamos? ¿Es la felicidad lo que anhelamos? Debemos huir del disfrute efímero. Aprovechar la vida es ser feliz. El conocimiento ayuda para optar a mejores trabajos, pero hoy para optar a los mejores trabajos no basta con acumular conocimientos, cada vez más empresas y organizaciones demandan ‘actitud’ y eso se aprende con experiencias de vida.

Soy optimista, soy de los que pienso que pese a los desmanes y a los sinsabores que vemos en los noticiarios, cada vez está más enraizado un modelo de sociedad que apuesta por los valores y la conciencia. Un empresario mira hoy tu nivel de estudios, pero tanto o más tu formación complementaria, entendiendo por ella programas de voluntariado, acciones solidarias o trabajos adicionales que has realizado a lo largo de tu periodo formativo. Los empresarios lo tienen claro: se contratan personas; para el conocimiento y los datos ya se tienen los robots y las máquinas.

El círculo virtuoso del hacer sin esperar

Es imposible ser bueno en un trabajo si uno no disfruta con lo que hace. Trabajar en algo que te gusta es la mejor garantía de poner la actitud necesaria. Tal y como popularizara el autor y conferenciante de psicología positiva, Víctor Küppers, los conocimientos (aquella información que aprendemos de manera memorística) y las habilidades (esa destreza para realizar una determinada actividad) suman, pero lo verdaderamente importante es la actitud, que es lo que multiplica y que vendría reflejado por ese estado de ánimo o motivación para hacer las cosas de una manera concreta.

Entonces, si lo que aprendemos en la escuela y las universidades unido a las aptitudes físicas de cada uno simplemente suman, ¿qué hacer para tener una actitud que multiplique en nuestro trabajo? O dicho de otro modo, si un empleador desea tener a los trabajadores con mejor actitud ¿qué puede tomar por referencia?

Como se decía al principio, los tiempos cambian. Los robots desempeñan funciones para las que se emplearían varios trabajadores, incluso cientos y pronto serán millares. La lógica del trabajo está cambiando y uno desea estar rodeado de personas con buenas actitudes.

Recuerdo que ya desde niño mis padres me inculcaron la máxima de hacer el bien sin esperar nada a cambio; estoy seguro que a muchos de los que nos estáis leyendo también. Esa ha sido una de mis filosofías de vida y el día a día te demuestra que esa actitud acaba por ser obscena al recibir infinitamente más de lo que cabría imaginar.

Huir de la conocida ‘carreritis’ y apostar por trabajos complementarios durante la educación formal o la participación en acciones de voluntariado son la mejor herramienta para granjearse una ‘actitud’ multiplicadora en la vida.

Como empleador, uno analiza los curriculums de los candidatos y valora que un joven haya estado trabajando para costearse los estudios o simplemente por saciar sus inquietudes, del mismo modo que valora que dicha persona haya participado en acciones asociativas o de voluntariado, aspectos que evidencian sus valores, expectaciones y actitudes.

Huir de la conocida ‘carreritis’ y apostar por trabajos complementarios durante la educación formal o la participación en acciones de voluntariado son la mejor herramienta para granjearse una ‘actitud’ multiplicadora en la vida, lograr el enriquecimiento personal y completar la carrera formativa.

Voluntariado: corolario necesario

Sí, España es un país de voluntarios. Según los datos de la Plataforma del Voluntariado, presidida por mi buen amigo Luciano Poyato que, además, preside la Plataforma del Tercer Sector, España cuenta con más de 2.700.000 personas voluntarias, de las que seis de cada diez son mujeres.

Hablar de voluntariado es hablar de solidaridad, de dedicarse a una serie de tareas sin contraprestación económica, que te reconfortan interiormente y que, cada vez más, son más apreciadas en el sector privado a la hora de buscar una salida profesional.

Trabajar en voluntariado es trabajar por construir una sociedad más justa, igualitaria y equitativa que ayude a dejar de lado las desigualdades. Colaborar económicamente con una organización es deseable, pero hacer voluntariado requiere de un compromiso personal e intransferible que nos hable una oportunidad de desarrollo antaño meramente personal y hoy, cada vez más, también profesional.

En el documento de La acción voluntaria en España se constatan datos que deberían conducirnos a reflexionar. Uno de cada tres no voluntarios desearía serlo. En ocasiones no se participa en voluntariado por la falta de tiempo, pero, tal y como se sostiene, el tiempo es ‘gaseoso’, ¿encontraríamos tiempo suficiente si se tratase de ir a un concierto o de conocer a nuestro referente?

Las personas mayores de 65 representan una oportunidad para el voluntariado, gozan de tiempo, experiencia y actitud con lo que comportan una gran oportunidad. Las personas jóvenes y, en especial, la juventud española demuestra un grado de compromiso absoluto con las causas sociales; hagamos las labores de voluntariado atractivas y lograremos un gran cambio como sociedad.

Y sí, permítanme que lo diga, España es un país solidario, es un país de voluntarios, igual que se trata de un Estado seguro, líder en donación y trasplante de órganos, con una protección sanitaria universal y gratuita, con un importante desarrollo de energías limpias e infraestructuras ferroviarias o que cuenta con uno de los mejores niveles de calidad democrática.

Seamos solidarios, apostemos por el voluntariado y tomemos ‘actitudes’ positivas de vida. Hagámoslo por los demás, hagámoslo por nosotros mismos.

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