Un nuevo sistema impositivo internacional en el horizonte

A comienzos de septiembre, y tras ser respaldado anteriormente por los países del G-7 y el G-20, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha dado por aprobado un pacto global para aplicar un impuesto global del 15% sobre los beneficios de las grandes empresas internacionales a partir de 2023.

Un acuerdo internacional histórico que nos acercará a una recaudación de impuestos más justa y garantizará que estas empresas paguen una parte de impuestos allí donde operen y generen beneficios, suponiendo la reasignación a países de todo el mundo de los beneficios de unas 100 de las empresas multinacionales más grandes y rentables del planeta.

Llegar a este pacto ha sido de todo menos sencillo y ha costado años de complicadas negociaciones para que finalmente 136 países (que representan más del 90% del PIB mundial) de los 140 de la OCDE se pusieran de acuerdo para implementar este nuevo sistema de impuestos. Tras las últimas incorporaciones de Estonia, Hungría e Irlanda, aún quedan por unirse a él países como Pakistán, Nigeria, Kenia y Sri Lanka.

Aún así, se espera que finalmente todos los países se adhieran y que los acuerdos sean firmados en 2022 para entrar en vigor plenamente en 2023.

Tal y como señala la OCDE, el acuerdo global de imposición mínima no pretende eliminar la competencia fiscal, sino ponerle límites acordados multilateralmente, haciendo que sea aplicada una tasa mínima del 15% a toda empresa multinacional que facture más de 750 millones de euros, y que, en consecuencia, los países recauden alrededor de 150.000 millones de dólares en nuevos ingresos anuales.

¿En qué se basa este acuerdo?

La OCDE ha desarrollado esta solución impositiva sobre dos pilares principales.

El primer pilar garantizará una distribución más justa de los beneficios y los derechos fiscales entre los países con respecto a las empresas multinacionales más grandes y rentables, reasignando algunos derechos fiscales sobre las empresas multinacionales de sus países de origen a los mercados en los que tienen actividades comerciales y obtienen beneficios, independientemente de que las empresas tengan o no presencia física en ellos.

En concreto, las empresas multinacionales con ventas globales superiores a 20.000 millones de euros y una rentabilidad superior al 10%, que pueden considerarse las principales beneficiadas de la globalización, estarán cubiertas por las nuevas normas, y el 25% de los beneficios que superen el umbral del 10% será reasignado a las jurisdicciones de los mercados.

En el marco del primer pilar se espera que las ganancias de ingresos de los países en desarrollo sean mayores que las de las economías más avanzadas, en proporción a los ingresos existentes.

Por su parte, el segundo pilar introduce el tipo mínimo del impuesto de sociedades a nivel mundial del 15% para empresas con ingresos superiores a 750 millones de euros ya mencionado anteriormente.  Más allá de una distribución más justa de los impuestos pagados por las empresas, la estabilización del sistema fiscal internacional y la mayor seguridad fiscal para los contribuyentes y las administraciones tributarias también aportarán beneficios.

El segundo pilar introduce el tipo mínimo del impuesto de sociedades a nivel mundial del 15% para empresas con ingresos superiores a 750 millones de euros.

Opiniones para todos los gustos

Como sucede ante cualquier tipo de acuerdo, existen diversas maneras de verlo, y las reacciones a este sistema impositivo han sido diversas dependiendo de dónde vinieran.

Según Reuters, ministros de finanzas como el de Alemania o Reino Unido, consideran el acuerdo como un camino o un paso para una mayor justicia fiscal, obligando a que los grandes actores globales paguen su parte justa dondequiera que hagan negocios. El ministro suizo, en cambio, exigió que se tuvieran en cuenta los intereses de las pequeñas economías y dijo que la fecha de aplicación de 2023 era imposible.

Por su parte, los senadores republicanos de Estados Unidos dijeron que les preocupaba que el Gobierno de Biden estuviera considerando eludir la necesidad de obtener la autoridad del Senado para aplicar los tratados.

En cambio, el ministro de Economía argentino manifestó que las propuestas del acuerdo obligaban a los países en desarrollo a elegir entre “algo malo y algo peor”.

Y contrariamente a lo que parecería lógico (para ellas, claro), algunas grandes empresas se complacían de que surgiera un consenso internacional al respecto de los impuestos.

Según las declaraciones del vicepresidente de asuntos globales de Facebook, la empresa llevaba mucho tiempo pidiendo una reforma de las normas fiscales mundiales, reconociendo que esto podría significar pagar más impuestos, y en diferentes lugares.

Mientras, Amazon manifestó que la empresa apoya el progreso hacia una solución basada en el consenso para la armonización fiscal internacional, y esperaban que su trabajo técnico continúe.

Finalmente, grupos activistas como Oxfam afirmaban que el acuerdo no acabará con los paraísos fiscales, recalcando que en el último minuto se había añadido un periodo de gracia de 10 años al impuesto de sociedades global del 15%, y que carencias adicionales lo dejan prácticamente sin efecto.

A la ‘tasa Google’ le queda ya poco recorrido en vista del acuerdo internacional para el impuesto global a las grandes empresas.

¿Qué pasará con las medidas que gravan los servicios digitales?

La implementación de este convenio supondrá también la supresión de todos los impuestos sobre los servicios digitales existentes y otras medidas unilaterales similares que los países hayan podido poner en práctica.

Como el lector recordará, en España se estrenó a comienzos de este año la famosa tasa Google consistente en gravar a grandes empresas tecnológicas con un 3% sobre los ingresos derivados de servicios de publicidad en línea, intermediación en línea y venta de datos de usuarios por parte de compañías que facturen al menos 750 millones de euros en el mundo y por lo menos tres de ellos en España.

Este controvertido impuesto no ha dado los frutos monetarios que el gobierno había previsto, suponiendo una recaudación de solo 92 millones de euros en el primer semestre del año que, en comparación con los casi 970 millones esperados para finales de año, ya nos hacen ver que la cifra recaudada se va a quedar bastante lejos de lo estimado.

Entre las razones por las que las cifras distan mucho de lo esperado, el gobierno ha manifestado que, además de que estimar la recaudación real de una nueva figura tributaria es algo complicado, el hecho de haber coincidido el periodo recaudatorio con la pandemia ha generado aún más dificultades para el cumplimiento de la estimación.

Sea como fuere, a esta tasa Google le queda ya poco recorrido en vista del acuerdo internacional para el impuesto global a las grandes empresas.

Sin duda, el acuerdo representa un cambio importante para la competencia fiscal, y muchos países se replantearán sus políticas fiscales para las multinacionales a la luz del mismo, mientras que los responsables políticos de todo el mundo deberán ser cuidadosos a la hora de diseñar las medidas para aplicarlo y ser conscientes de las posibles nuevas distorsiones que crearán estas normas.

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