Estar alineados para avanzar en inversión sostenible

Estamos en el paradigma del capitalismo responsable al menos desde el año 2020 y actualmente cualquier gobierno, regulador, gestora, distribuidor o inversor tiene que tener en cuenta factores medioambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en sus decisiones.

Incluso el regulador europeo intenta correr, en un tsunami regulatorio difícil de digerir. De hecho, los asesores financieros deben desde el pasado agosto explicar y preguntar al ahorrador por sus preferencias de sostenibilidad y ofrecerle productos acordes, lo que implica un porcentaje mínimo alineado con la Taxonomía europea de actividades económicas sostenibles, a pesar de que está en proceso.

De momento incluye actividades que mitigan o se adaptan al cambio climático. Quedan por desarrollar otros seis factores ambientales, incluyendo uso de recursos hídricos y protección y recuperación de la biodiversidad.

El caso es que los gestores de activos y fondos de pensiones debemos informar de los parámetros medioambientales de las compañías en que invertimos, incluyendo desde 2023 los efectos de impacto adverso, a pesar de que la directiva de divulgación de información no financiera no obliga a las empresas a informar sus actividades sostenibles por la Taxonomía hasta 2025.

De todas formas, tenemos el convencimiento de que, mientras, hay que trabajar en cinco pilares básicos. El primero es la integración de factores ASG en los procesos de inversión, con productos y soluciones responsables. A ello se añade la propiedad activa, pues no solo se trata de invertir en empresas con mejor calificación ASG, sino también de canalizar financiación a compañías que cuentan con hoja de ruta definida de mejora. Hay que tener en cuenta que las diez mayores petroleras mundiales, con alto nivel de tecnología, suman 40.000 ingenieros y pueden ser quienes paguen la transición hacia energías verdes.

Además, hay que ser transparentes con las soluciones y favorecer la investigación y el liderazgo intelectual en la materia.

Más en concreto, es posible crear una cartera de inversión sostenible de pura exclusión, lo más básico, pero también aplicar filtros basados en normas, como los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas -ya hay cerca de 4.000 signatarios en el mundo-; la selección de los mejores de su clase por sectores, integración sistemática de factores ASG, inversión temática e inversión de impacto.


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El tipo de inversión sostenible que más ha crecido en 2016-20 ha sido temática y de integración de factores. Además, vemos interés creciente del inversor minorista, que ya en 2020 suponía 25% del total de tenedores de inversiones ASG.

El caso es que, las inversiones que integran factores ASG facilitan una mejor gestión de riesgos en las compañías en que se invierte y, por tanto, de la expectativa de rentabilidad a largo plazo. Al respecto, los mayores riesgos percibidos por World Economic Forum en 2022 para los próximos tres años están relacionados con el medio ambiente, incluyendo cambio climático y pérdida de biodiversidad. De ahí que convenga identificar empresa que se dedican a generar productos y servicios con soluciones para estos desafíos.

Por su parte, las herramientas de calificación ASG de las compañías deben incluir el impacto medioambiental en aspectos como emisiones de CO2, uso de agua o biodiversidad. También el grado de vinculación con los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas.

Al respecto, es destacable el grandísimo esfuerzo para avanzar en metodologías y estándares, a través de asociaciones como EuroSif y Efama, incluso respecto a gobiernos. Es algo en constante cambio, pero siempre pedimos al regulador que, para avanzar, vaya de la mano de la industria financiera.

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