2024, año prometedor para la inclusión

El inicio de cada año trae consigo una sensación renovada de posibilidades infinitas, representa un soplo de aire fresco para acelerar uno de los desafíos más complejos -pero también más gratificantes- que afronta nuestra sociedad: la inclusión laboral de las personas con discapacidad.

A estas alturas del milenio, las más de 4 millones de personas con discapacidad y sus familias han demostrado una resiliencia notable, levantándose con valentía ante cada episodio de crisis. Primero fue la gran recesión, después la pandemia y, a continuación, la crisis energética y una inflación sin precedentes que ha afectado de lleno a las economías domésticas. En medio de estos duros contratiempos, los hogares con personas con discapacidad no han dejado de movilizarse para reclamar su lugar legítimo en la sociedad y en el mercado laboral.

Un esfuerzo que ha ido acompañado de un compromiso creciente por parte del tejido empresarial, donde las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DE&I) ya resuenan con intensidad. Y como muestra, durante 2023, más de 650 empresas (aproximadamente un 15% más que el año pasado) se unieron a la misión social de la Fundación Adecco -el #EmpleoParaTodas las personas– cuyo objetivo no es otro que impulsar el empleo entre las personas con discapacidad, siendo este el principal mecanismo de inclusión social.

El marco legal es también cada vez más sólido y maduro. La Ley General de la Discapacidad cumplió el pasado año cuatro décadas, un intervalo suficiente para consolidar un cambio de mentalidad: las empresas ya no visionan la contratación de personas con discapacidad como un imperativo legal, sino como una oportunidad para crecer y conectar mejor con sus grupos de interés.

También los últimos datos del INE anotan una cifra récord de personas con discapacidad que tienen alguna relación con la Seguridad Social: un total de 3.214.800. Y el número de ocupados creció en 2022 un 4% con respecto al año anterior (538.900 personas), mientras que los ocupados sin discapacidad se incrementaron en menor proporción (3%).

El contexto es, sin duda, cada vez más favorable; sin embargo, los retos por delante son todavía mayúsculos. Probablemente el más significativo es la baja participación de las personas con discapacidad en el mercado laboral, que apenas alcanza el 35% o, dicho de otro modo, el 65% de las personas con discapacidad en edad laboral no tiene empleo ni lo busca. Este porcentaje permanece prácticamente estanco desde hace dos décadas, invitándonos a ahondar en sus raíces: ¿por qué las personas con discapacidad siguen mayoritariamente relegadas a la inactividad y a la dependencia? ¿de verdad ese 65% no tiene posibilidades reales de empleo? Ha llegado el momento de dar la vuelta a las cifras, acometiendo acciones de alto impacto que potencien, verdaderamente, el acceso al empleo de las personas con discapacidad.


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Para ello, es imprescindible aumentar la inversión en políticas activas de empleo que cualifiquen a las personas con discapacidad y faciliten su contratación, estableciéndose un marco sólido que favorezca la colaboración entre gobiernos, empresas y tejido asociativo.

Por otra parte, hay que recordar que la participación laboral está muy determinada por el tipo e intensidad de la discapacidad, siendo insignificante entre las personas con mayor grado de la misma. Ante esta realidad, las empresas tienen mucho que decir, adaptando los tradicionales candidate journeys para diseñar inclusión journeys, que pongan el foco en los objetivos de selección, sí, pero también en los de diversidad e inclusión.

Se trata de un camino exigente y no exento de sacrificios; no obstante, no me cabe duda de que vivimos el mejor momento de la inclusión y que 2024 es un punto de inflexión idóneo, un tiempo de oportunidades en el que las alianzas, y la voluntad para pasar de lo simbólico a lo real, tienen el potencial suficiente para superar obstáculos y marcar el rumbo hacia un mercado laboral más diverso, inclusivo y resiliente.  

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