La huella de carbono, responsabilidad de unos y de otros

La densa niebla del Londres victoriano, propiciado por las plantas térmicas de carbón incrustadas en los puntos cardinales de la ciudad (Battersea, Bankside, Kingston upon Thames y Fulham) son paradigma de la revolución industrial. Paradójicamente y a pesar de ser el negro hollín la causa directa de la muerte del 20% de los londinenses entre 1851 y 1860, la fama como asesino no se la llevaría la contaminación si no Jack el destripador, unos años después (From Hell nueva edición, Alan Moore y Eddie Campbell, Planeta, 2024).
<p>Fuente: From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell.</p>

Fuente: From Hell, Alan Moore y Eddie Campbell.

La huella de carbono es, sin lugar a duda, el aspecto más evidente sobre el que actuar con respecto a los riesgos medioambientales a los que nos enfrentamos en el corto plazo. Estos, incluidos en los riesgos globales en sostenibilidad de unos y otros, públicos o privadas, con o sin ánimo de lucro, grande o pequeña, van a requerir una serie de transformaciones sistémicas para poder ser abordados con unas mínimas garantías de éxito. Y, además, impulsar el progreso sostenible de todos los sectores de la economía.

Las NEIS (Normas Europeas de Información en Sostenibilidad) obligarán a reportar sobre los esfuerzos realizados en la promoción de la eficiencia energética y la descarbonización, el impulso de la circularidad en los materiales de construcción y la reducción de los residuos generados en toda la cadena de valor. De manera transversal, se atiende a la diligencia debida y gestión responsable de la cadena de suministro, consolidando los de sistemas de transparencia, buen gobierno, integridad y cumplimiento normativo (lucha contra la corrupción, el soborno y contra prácticas que atenten contra los Derechos Humanos). Sin innovación y digitalización del sector y sin intercambio de conocimientos (buenas prácticas) a través de alianzas estratégicas, todo esmero será baldío.

En cualquier caso, la responsabilidad compete a todos los actores implicados. Las empresas deben fortalecer su resiliencia y capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales incorporando medidas relativas al cambio climático en políticas, estrategias y planes. También, fomentar la educación y sensibilización entre sus grupos de interés y alineado con su modelo de negocio para mejorar capacidad humana e institucional respecto de la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana. Para cumplir los compromisos climáticos globales, el sector empresarial asume su parte proporcional de responsabilidad con acciones concretas como reducir emisiones, promover energías renovables, invertir en innovación sostenible o colaborar con otras empresas u organismos. Pero es necesario, distinguir entre sectores.

Las metas de aquí a 2030 del sector energético son garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos y aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas. También, duplicar la tasa mundial de mejora de la eficiencia energética aumentando la cooperación internacional en investigación, tecnología e inversión.

Por su parte, los retos de construcción e inmobiliario no son baladí teniendo en cuenta que, en España, los edificios representan un tercio del consumo final de energía (calefacción y refrigeración). Aquellos construido antes de la implementación del Código Técnico de la Edificación (CTE) deberán ser rehabilitados para evitar despilfarros de consumo energético y, por consiguiente, el impacto ambiental. Se propone, además, ampliar los ámbitos de actuación e incluir otros aspectos (accesibilidad, seguridad contra incendios, aislamiento acústico… para disfrute de viviendas y lugares de trabajo y ocio seguro y confortable). Serán necesarias leyes que prioricen e impulsen las intervenciones de rehabilitación e implementar regulaciones más estrictas para los nuevos edificios. Todos los edificios nuevos deberán ser de emisiones netas cero a partir de 2030 y los nuevos ocupados o propiedad de administraciones públicas, desde 2028. Los criterios para el cálculo incluyen todo el ciclo de vida de un edificio, desde su construcción hasta su eliminación. Y se establecen plazos distinguiendo entre residenciales (16 % para 2030 y 20 % o 22 % para 2035) y no residenciales con peor rendimiento (renovación a través de requisitos mínimos de eficiencia energética MEPS del 16 % para 2030 y 26 % para 2033).


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Por lo que respecta a banca y seguros, deberán facilitar la financiación adecuada (apoyada por organismos públicos pertinentes, por supuesto) y calcular la huella de carbono de sus carteras de créditos para redirigir la liquidez hacia inversiones verdes con objetivos concretos implantados desde el más alto nivel de la entidad (consejo de administración).

Por último, Administraciones públicas y organismos internacionales, más allá de legislar, deben implementar mejoras para facilitar el cálculo de la huella de carbono:

  1. Consolidación: mejorar la consolidación y accesibilidad de las guías y estándares para facilitar su uso y adopción, especialmente por parte de las pymes.
  2. Armonización: fortalecer la coherencia entre el Estándar Corporativo de Contabilidad y Reporte del Protocolo de GEI -para empresas- y Estándar de Cuantificación de Proyectos del Protocolo de GEI -para proyectos específicos- del Protocolo de GEI (GHG PI).
  3. Identificación y clasificación: ajustar los límites mínimos de las categorías del Alcance 3 para reducir la variabilidad en la interpretación y reporte entre diferentes entidades.
  4. Recopilación de datos: proveer apoyo en la adquisición y utilización de factores de emisión, subrayando la necesidad de datos de mayor calidad y métodos de cálculo más transparentes.
  5. Cuantificación y asignación: abordar las preocupaciones sobre la fiabilidad de ciertos métodos de cálculo y ofrecer orientación clara sobre la asignación de emisiones en cadenas de suministro complejas.

Además, cualquier actualización o guía adicional se desarrollará a través de un proceso inclusivo y global, con la participación de empresas, ONG, académicos y gobiernos.

La hipótesis de que el fiel médico de la reina, William Whitey Gull, sería Jack el Destripador cobra fuerza en el imaginario colectivo como símbolo de la muerte que acecha tras la niebla. Los asesinatos de las prostitutas de Whitechapel darían siniestra bienvenida al siglo XX, pero el verdadero asesino en serie sería el aire contaminado por los gases efecto invernadero (smog lo llamó en 1905, el médico Harold Antoine des Voeux).

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