Tú eliges, tú decides

HAZ1 mayo 2008

Nuestras cajas de ahorros suelen ponerse de ejemplo de modelo de empresa rentable y socialmente comprometida. En una época en la que la RSE está en boca de todo el mundo, las cajas, a través de sus portavoces, no se cansan de recordarnos que estas instituciones destinan cerca de la cuarta parte de sus beneficios a inversión social (el año 2007 destinaron un total de 1.669 millones de euros, un 23,5% del beneficio). Nada que objetar a lo anterior.

Las dudas, sin embargo, comienzan cuando ese hecho aislado se quiere presentar como el paradigma del compromiso social y, sobre todo, cuando se utiliza como arma arrojadiza contra los bancos, acusándoles de ser modelos menos comprometidos socialmente. Esta afirmación, simplemente, no se sostiene. Es muy discutible que la distribución del beneficio que realizan las cajas a través de la Obra Social genere más impacto social que la que se produce mediante el reparto de dividendos por los bancos. Existen dos opciones a la hora de distribuir los beneficios.

La primera es que un tercero decida dónde va nuestro dinero (no olvidemos que el dinero de las Cajas lo generan sus clientes vía el pago de comisiones); la segunda, que se deje en nuestras manos decidir el destino. La primera opción exige crear una estructura administrativa que asigne y fiscalice el destino de los fondos. La segunda no requiere ninguna inversión en desarrollar una estructura de asignación de fondos, simplemente deja en manos del cliente la decisión del destino final de los mismos. ¿Cuál es más eficaz? La Caja de Ahorros de Navarra parece haber optado por la segunda con el impulso de su iniciativa «Tú eliges, Tú decides». Y, por cierto, no les va nada mal.

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