Biocombustibles y crisis alimentaria

HAZ1 noviembre 2008

La creciente demanda de productos básicos agrícolas para la producción de biocombustibles está teniendo «importantes repercusiones» en los mercados agrícolas, mientras que aumentan las preocupaciones acerca del efecto negativo para la seguridad alimentaria de millones de personas en todo el mundo.

La agricultura es la principal fuente de ingresos para los 862 millones de personas malnutridas o con subnutrición que viven en los países en desarrollo, según la FAO. El Día Mundial de la Alimentación, que se celebra cada año el 16 de octubre, es una buena escusa para dar a conocer a la opinión pública una radiografía de la alimentación a escala planetaria.

El cambio climático –como no podía ser menos– protagonizó este año las actividades del Día Mundial de la Alimentación, que involucró a más de 150 países: «El calentamiento global es ya una realidad –asegura Alexander Mueller, director general adjunto de la FAO para Gestión Recursos Naturales y Medio Ambiente– y las estrategias de adaptación han pasado a ser una cuestión urgente, en especial para los países pobres más vulnerables. Cientos de millones de pequeños campesinos, pescadores y personas que viven de los bosques serán los más afectados por el cambio climático. Es necesario desarrollar con urgencia estrategias de adaptación, sobre todo en los países con menos recursos –donde viven la mayoría de los 920 millones de hambrientos–, revisando los planes del uso del suelo, los programas de seguridad alimentaria y las políticas pesqueras y forestales para proteger a los pobres del impacto del cambio climático».

DESAFÍOS. Con motivo del Día Mundial, TeleFood (la campaña anual de la FAO que ofrece programas de radio y televisión, conciertos y otros acontecimientos, cuyo objetivo consiste en ayudar a reducir el número de personas que padecen hambre en el mundo) envió una nota informativa bajo el título La seguridad alimentaria mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía. No transmite, a primera vista, un mensaje optimista. Ni para los países ricos ni para los países pobres, ya que «a todos» nos afecta el cambio climático. Aunque estos últimos lo tienen más crudo, porque sus agricultores están más expuestos a la «inseguridad alimentaria».

Al demonio del cambio climático, que afectará a la «disponibilidad de tierras de cultivo, agua y biodiversidad», se suma el de la bioenergía, que provoca una «creciente demanda» de biocombustibles producidos a partir de cultivos alimentarios. Y esto también «repercute» en las poblaciones pobres.

El cambio climático nos afecta a todos. Pero las consecuencias serán mucho más perjudiciales para cientos de millones de pequeños agricultores, pescadores y personas cuyas vidas dependen de los bosques, y que son poblaciones ya vulnerables y expuestas a la inseguridad alimentaria.

ADAPTACIÓN. La FAO tiene muy claro que el cambio climático «afectará a la idoneidad de las tierras para diferentes tipos de cultivos, ganado, pescado y pastos». No sólo a flora y fauna. También afectará a «la salud y la productividad de los bosques, la incidencia de plagas y enfermedades, la biodiversidad y los ecosistemas». Pero, como dice el refrán, las catástrofes nunca vienen solas: «Los cambios en las temperaturas y las precipitaciones, así como la mayor frecuencia de condiciones meteorológicas extremas, determinarán reducciones de la producción agropecuaria y pérdidas de otros bienes, que pondrán en peligro no sólo la producción de alimentos, sino también el acceso a los recursos alimentarios, su estabilidad y utilización».

Hay que poner remedio urgente. Según los expertos y asesores de esta organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, muchas medidas tendrán que encaminarse a fortalecer las ya existentes, como las prácticas agrícolas ecológicas y sostenibles, los sistemas de alerta rápida y de identificación de situaciones críticas y la gestión de riesgos de desastres. Otras, en cambio, apoyarán las inversiones para reducir los efectos a largo plazo de la variabilidad climática de breve duración en la seguridad alimentaria, recurriendo a los seguros agrícolas y los incentivos que alienten a los agricultores a adoptar «mejores prácticas agrícolas y de utilización de las tierras de cultivo».

La agricultura no es simplemente el sector que da de comer a la gente. Es un magnífico instrumento para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Basta con adoptar medidas que reduzcan la deforestación, mejoren la conservación y ordenación de los bosques y la lucha contra los incendios forestales. A más bosques, más retención del carbono del suelo. Además de pedir una gestión más eficaz de los desechos del ganado, incluida la recuperación de biogás, otras estrategias procurarán conservar los recursos de los suelos y el agua mejorando su calidad, disponibilidad y uso efi ciente.

«El uso de los biocombustibles como una solución para reducir las emisiones de carbono y depender menos de los combustibles fósiles tiene consecuencias decisivas para la seguridad alimentaria, así como para la utilización actual y futura de las tierras», indica la nota de TeleFood.

BIOCOMBUSTIBLES: PERSPECTIVAS, RIESGOS Y OPORTUNIDADES. ¿Representan los biocombustibles una amenaza para la seguridad alimentaria? ¿Reducirán los gases de efecto invernadero? ¿Constituyen un riesgo para los recursos de tierra, agua y biodiversidad? ¿Pueden ayudar a fomentar el desarrollo agrícola? ¿Cómo hay que equilibrar los riesgos y las oportunidades que suponen?

En El estado mundial de la agricultura y alimentación 2008, la principal publicación anual de la FAO, se afirma que las «políticas y subvenciones de los biocombustibles deberían ser reconsideradas con urgencia para mantener el objetivo de la seguridad alimentaria mundial, proteger a los campesinos pobres, promover un desarrollo rural de amplia base y asegurar la sostenibilidad medioambiental».

El documento analiza las consecuencias del rápido crecimiento de la producción de biocombustibles derivados de productos básicos agrícolas. «La expansión de los biocombustibles líquidos –indica– ha sido provocada en gran parte por las políticas de los países desarrollados, basadas en una previsión positiva de los efectos de sus esfuerzos orientados a la mitigación del cambio climático, la seguridad energética y el desarrollo agrícola».

La creciente demanda de productos básicos agrícolas para la producción de biocombustibles está teniendo «importantes repercusiones» en los mercados agrícolas, mientras que aumentan las preocupaciones acerca del efecto negativo para la seguridad alimentaria de millones de personas en todo el mundo. Y estudios más destallados en curso están analizando sus consecuencias medioambientales (positivas y negativas).

No obstante, si se aplican las políticas e inversiones adecuadas, los biocombustibles ofrecen oportunidades para el desarrollo agrícola. De ahí que el informe analiza también el estado actual del debate y aporta los últimos datos disponibles. Sostiene que serán necesarios «esfuerzos conjuntos» para reformar las políticas y la inversión en agricultura si se pretende reducir los riesgos asociados a los biocombustibles y compartir de forma más generalizada las oportunidades que brindan a las habitantes de los países en desarrollo.

Las presiones sobre el suministro de alimentos pueden reducirse utilizando tecnologías que permitan aprovechar tierras degradadas o marginales, intensifi cando la producción en modo sostenible, integrando los sistemas de producción de alimentos y energía y aplicando prácticas agrícolas apropiadas.

Además de la publicación del estudio, están los comentarios de Jacques Diouf, director general de la FAO, quien sostiene que «los biocombustibles ofrecen oportunidades, pero también plantean riesgos. El resultado dependerá del contexto específico del país y de las políticas adoptadas. Las políticas actuales tienden a favorecer a los productores de algunos países desarrollados frente a los de la mayoría de los países en desarrollo. El desafío reside en reducir o gestionar los riesgos compartiendo al mismo tiempo las oportunidades de forma más amplia».

El desarrollo de los biocombustibles está motivado por «una combinación de factores económicos y normativos que influyen en la agricultura mundial, en ocasiones de maneras imprevistas».

El informe dedica el capítulo 4 a la «perspectiva, riesgos y oportunidades de los biocombustibles». Examina las últimas tendencias mundiales en los mercados de productos agrícolas y analiza su relación con el aumento de la demanda de biocombustibles líquidos, sus repercusiones en la producción y en los precios de los productos y la posible influencia de escenarios alternativos relativos a las políticas y al precio del petróleo.

Las legislaciones favorables a la producción y al uso de etanol y biodiésel y el rápido aumento de los precios del petróleo han hecho que los biocombustibles sean unos sustitutos más atractivos para los combustibles derivados del petróleo. Entre 2000 y 2007, la producción mundial de etanol se triplicó y se situó en los 62.000 millones de litros y, durante este mismo periodo, la producción de biodiésel aumentó hasta más de 10.000 millones de litros, cifra diez veces superior a la inicial. «Brasil y los Estados Unidos de América lideran el crecimiento de la producción de etanol, mientras que la Unión Europea ha sido la principal fuente de crecimiento de la producción de biodiésel». Pero muchos otros países también han comenzado a aumentar su producción de biocombustibles.

INCREMENTO DRÁSTICO DE LOS PRECIOS. Los precios de los productos agrícolas se han incrementado drásticamente durante los últimos tres años debido a una «combinación de factores que se refuerzan mutuamente, entre los que se incluye la demanda de biocombustibles». A comienzos de 2008, tras cuatro décadas de tendencias predominantemente decrecientes o uniformes, los precios reales de los alimentos eran un 64% superior a los correspondientes a 2002. Este repentino aumento fue causado por los precios del aceite vegetal, que se incrementaron en más del 97% durante el mismo periodo, seguidos por los cereales (87%), los productos lácteos (58%) y el arroz (46%).

El precio de algunos productos comenzó a disminuir a mediados de 2008 gracias a unas cosechas mejores de lo previsto. No obstante, lo que distingue la situación actual de los mercados agrícolas es el drástico aumento de los precios en todo el mundo de no sólo unos pocos productos sino de casi todos los principales productos alimentarios y piensos, así como la posibilidad de que los precios permanezcan altos tras la desaparición de los efectos de la crisis a corto plazo, tal y como han previsto la OCDE y la FAO en su estudio sobre las Perspectivas de la agricultura: 2008-2017.

Las causas de esta situación han sido diversas, aunque es difícil cuantificar sus respectivas contribuciones. Uno de los principales factores es el «fortalecimiento de la relación entre mercados de diferentes productos agrícolas (cereales, semillas oleaginosas y productos pecuarios) como resultado del rápido crecimiento de la economía y la población de muchos países emergentes». También es un factor importante el refuerzo de la relación entre «los mercados de productos agrícolas y los de combustibles fósiles y biocombustibles, que influyen tanto en los costos como en la demanda de los productos agrícolas». E igualmente, la relación más estrecha con los mercados financieros y la depreciación del dólar en relación con muchas divisas han desempeñado un papel importante.

CLAVE. El encarecimiento del petróleo ha contribuido al aumento de la demanda de los cultivos agrícolas como materia prima para la producción de biocombustibles. En 2007 se emplearon aproximadamente 93 millones de toneladas de trigo y de cereales secundarios para la producción de etanol, el doble que en 2005. Este dato representa «más de la mitad del crecimiento total del uso de trigo y de cereales secundarios» durante dicho periodo, pero constituye «probablemente menos de la mitad del incremento de los precios» debido a la participación de otros factores.

La mayor parte de este crecimiento puede atribuirse exclusivamente a los Estados Unidos, donde el uso de maíz para producir etanol aumentó hasta los 81 millones de toneladas en 2007 y se prevé un crecimiento de un 30% durante el presente año agrícola. A pesar de que estas recientes tendencias de los precios son «obviamente preocupantes para los consumidores con ingresos bajos, es necesario considerarlas desde una perspectiva a más largo plazo», señala el informe de la FAO.

OPORTUNIDADES PARA LOS MÁS NECESITADOS. Si los países en desarrollo pueden obtener beneficios de la producción de biocombustibles y pueden llegar a la población pobre, la mayor demanda de biocombustibles podría ayudar al desarrollo rural sostenible. «Podrían aumentar las oportunidades para estos países de beneficiarse de la demanda de biocombustibles mediante la supresión de las subvenciones agrícolas a los biocombustibles y las barreras comerciales, que crean un mercado artificial y benefician a los productores de los países de la OCDE a costa de los países en desarrollo», sostiene Diouf.

La agricultura podría convertirse en el motor de crecimiento para la reducción del hambre y la mitigación de la pobreza. La producción de las materias primas de los biocombustibles puede crear empleos y generar ingresos, especialmente si los agricultores pobres reciben ayuda para ampliar su producción y conseguir acceso a los mercados. Fomentar su participación en la producción de cultivos, incluyendo los destinados a biocombustibles, «requiere inversiones en infraestructura, investigación, financiación rural, información de los mercados e instituciones y sistemas legales».

SEGURIDAD ALIMENTARIA. Pero también está el lado oscuro de los biocombustibles. Entre esos riesgos, predomina la preocupación por la seguridad alimentaria. Los elevados precios de los productos agrícolas ya están teniendo un impacto «negativo» en los países en desarrollo, que dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades alimentarias.

Los consumidores pobres de zonas urbanas y los compradores pobres de alimentos de las zonas rurales se encuentran especialmente en peligro. Una gran parte de la población pobre mundial gasta más de la mitad de sus ingresos en comida. De ahí que las decisiones sobre los biocombustibles «deberían tener en cuenta la situación de la seguridad alimentaria. Pero también la disponibilidad de tierra y el agua. Todos los esfuerzos deberían encaminarse a mantener el principal objetivo: liberar a la humanidad del azote del hambre», indica Diouf.

BALANCE. Si analizamos ahora los biocombustibles bajo la dimensión ambiental, el balance no siempre es positivo: «Una mayor producción y empleo de biocombustibles no contribuirá necesariamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero tanto como previamente se había supuesto».

Aunque algunas materias primas de los biocombustibles, como el azúcar, pueden generar unas emisiones de gases de efecto invernadero considerablemente inferiores, no sucede lo mismo con muchas otras. El mayor impacto de los biocombustibles en las emisiones de gases de efecto invernadero procede del cambio del uso de la tierra. «Los cambios en el uso de la tierra –señala Diouf– como, por ejemplo, la deforestación para satisfacer la creciente demanda de productos agrícolas, son una gran amenaza para la calidad del suelo, la biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero».

El estado mundial de la agricultura yaAlimentación 2008 destaca que los criterios de sostenibilidad basados en las normas internacionales acordadas «podrían ayudar a mejorar el impacto medioambiental de los biocombustibles, pero no deberían crear nuevas barreras comerciales para los países en desarrollo».

SEGUNDA GENERACIÓN. La próxima generación de biocombustibles se encuentra actualmente en desarrollo, pero aún no está disponible para su comercialización. Utiliza materias primas (madera, pastos altos, desechos agrícolas y forestales) que podrían mejorar el equilibrio de la energía fósil y los gases de efecto invernadero de los biocombustibles. «Parece ser que hay una propuesta para destinar un mayor porcentaje de la inversión en biocombustibles en investigación y desarrollo, especialmente en tecnologías de segunda generación que, si son bien diseñadas y aplicadas, tendrían un mayor potencial en términos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero con una menor presión sobre la base de recursos naturales», dice Diouf.

PARA SABER MÁS

• El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2008 es una publicación de la División de Economía del Desarrollo Agrícola (ESA) en nombre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. El presente informe, los documentos de trabajo de la ESA y otras publicaciones de la División están disponibles en formato electrónico en: www.fao.org/es/esa/index_es.htm• El catálogo de publicaciones de la FAO está disponible en línea en: www.fao.org/icatalog/inter-s.htm• Proyecto bioenergía y seguridad alimentaria: www.fao.org/nr/ben/befs/es/index_es.html• High-Level Conference on World Food Security: the Challenges of Climate Change and Bioenergy (Roma, 3-5/VI/2008): www.fao.org/foodclimate/conference/statements/ es

POR CARLOS CACHÁN Profesor de Periodismo de Investigación y director de la Cátedra Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad Antonio de Nebrija.
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