Principios éticos para la gestión sostenible del agua

HAZ1 abril 2009

El grupo de trabajo de la Unesco sobre la Ética de los Usos del Agua está de acuerdo en la necesidad de que la gestión del agua en el siglo XXI debe basarse más que hasta ahora en principios éticos. De la relación entre ética, gestión de los recursos naturales y energía se habló en el V Foro Mundial del Agua, celebrado en Estambul el pasado 20 de marzo.

Aproximadamente un 15% de la población mundial no tiene fácil acceso al agua potable y un 40% no dispone de un sistema adecuado de saneamiento para eliminar sus residuos. Estos dos factores combinados son una de las principales causas de mortalidad y morbilidad. Por ello, ambos temas fueron incluidos entre los objetivos del milenio de las Naciones Unidas en 2000.

En casi todas estas cuestiones se aprecia un hecho común. «Los problemas que existen no son primordialmente de escasez física de agua, sino de su mala, a veces pésima, gestión. Esta mala gestión se debe tanto al retraso tecnológico, como a intereses creados de grupos minoritarios. Estos intereses son, en gran parte, permitidos por la falta de transparencia en la accesibilidad a los datos sobre recursos y aprovechamientos de agua», indica el catedrático de Geología Ramón Llamas, uno de los hidrogeólogos con más prestigio en el panorama internacional.

La solución a muchos problemas relacionados con la gestión sostenible de los recursos hídricos requiere mejorar la ética del agua, tanto en el ámbito social como personal y profesional.

SIN PANACEA UNIVERSAL

Los expertos en gestión del agua tienen una cosa muy clara: no hay una solución universal para todos los países, ya que los factores sociales, culturales y políticos suelen ser tan importantes como los que se refieren a las características climáticas, hidrológicas y ecológicas.

Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos ocurridos en los últimos sesenta años permiten resolver muchos de estos conflictos con medios que hasta ahora nadie podía imaginar. Entre ellos, la desalación de las aguas marinas o salobres, el abaratamiento y la rapidez del transporte de mercancías, la facilidad para extraer aguas subterráneas a bajo coste, las técnicas para depurar las aguas urbanas e industriales o la biotecnología.

La gestión de los recursos hídricos (abastecimiento y saneamiento, regadío, navegación, energía hidroeléctrica, usos industriales, protección contra las inundaciones) se ha basado siempre en alguno de estos tres principios éticos:

1. Distribución de los beneficios y de los costes de los servicios.

2. Quién tiene derecho a aprovechar el agua.

3. Quién queda más o menos expuesto al riesgo de ser inundado o sufrir una sequía.

Últimamente han adquirido una notable relevancia los aspectos relacionados con la salud ecológica de los ecosistemas acuáticos. El aspecto más novedoso de este enfoque es que se fija más en la relación del hombre con la naturaleza. En un extremo está la ecología profunda, que considera al hombre como un simple eslabón en el entramado de la naturaleza, sin una diferencia cualitativa con un virus o una bacteria patógena. En el otro extremo se sitúan los ultrautilitarios, que consideran el agua como un simple bien económico cuya gestión adecuada se consigue con sólo aplicar las reglas del mercado. Para bien de todos –hombre y naturaleza–, existe una posición intermedia que considera al ser humano como un diseñador con la naturaleza o un creador con Dios. Participación que no supone un dominio absoluto del ser humano, sino una administración o gestión delegada del capital verde.

Un equivocado enfoque ético, todavía relativamente frecuente entre los conservacionistas, consiste en poner el énfasis en la escasez física de los recursos hídricos y no en la degradación de su calidad o en su mala gestión. La relación entre los recursos renovables de agua azul per cápita, es un factor más en la gestión del agua y no el más importante.

Este enfoque erróneo suele ser propio de los que ya Tim Dyson, en su conocido libro Population and Food (1996), calificó como «pesimistas neomalthusianos» que utilizan sus análisis sobre la escasez del agua como un argumento más para asegurar que hay ya demasiada gente en este mundo, en especial en los países en desarrollo. Tal actitud –desde el punto de vista ético– es una forma de discriminación de los «grupos sociales más débiles».

EL AGUA NO ENTIENDE DE FRONTERAS

Casi el 40% de la población mundial depende para su suministro de agua potable, de regadío y energía hidroeléctrica, de la gestión de 214 grandes cuencas hidrográficas que ocupan dos o más países. En algunos países, casi la totalidad del flujo de sus aguas superficiales proviene de fuera de sus fronteras. Por ejemplo, en Egipto, el 97%; en Hungría, el 95%, y en los Países Bajos, el 89%. Las disputas o conflictos entre los países ribereños de aguas arriba y aguas abajo, en lo que se refiere a la cantidad y calidad de las aguas fluviales, se dan prácticamente en todas partes.

Entre los temas de discusión están la reducción o variación de los caudales y de la carga en suspensión debida a la construcción de embalses, a las desviaciones de agua para regadío, a la degradación de la calidad del agua por la contaminación de origen urbano, industrial o agrícola, y al trasvase entre cuencas. Conocidos son los conflictos entre los ríos Jordán, Tigris y Éufrates, en Oriente Próximo; la cuenca del Nilo, en África; el Ganges, en Asia. En todos estos casos no se ha llegado todavía a la firma de tratados para distribuir esas aguas de modo aceptable entre los países involucrados.

La necesidad de que los países con cuencas compartidas cooperen para la gestión del recurso agua está exigiendo revisar las nociones tradicionales de seguridad y dependencia. Con frecuencia los planes o infraestructuras conjuntos o compartidos para el uso del agua en una cuenca pueden verse como un riesgo de mayor vulnerabilidad y una reducción de la seguridad de cada país. Sin embargo, esta interdependencia suele proporcionar una mayor flexibilidad y capacidad para mitigar los efectos de inundaciones y sequías, y así aumenta la seguridad del país.

Tras varios decenios de trabajo, la ONU aprobó en 1997 una «Convención sobre Usos no navegables de Ríos Internacionales». Ese documento jurídico contiene dos importantes principios éticos: la notificación previa a los países de la cuenca antes de realizar acciones que puedan tener influencia en los otros países, y el que esas acciones no produzcan un daño significativo.

Por desgracia, el año pasado el convenio no había sido ratificado por suficiente número de países para que tenga internacionalmente fuerza legal. La nueva Directiva Marco del Agua de la Unión Europea exige la planificación coordinada de las cuencas fluviales de la UE. Este hecho no va a plantear especiales dificultades en España, que en 1998 firmó con Portugal el convenio de Albufeira para la gestión de los ríos hispano-lusos.

Este tratado ya tiene en cuenta, en gran parte, las futuras exigencias de la nueva Directiva Marco del Agua. Contempla que cualquier trasvase que afecte a los ríos hispano-lusos (Tajo o Duero, por ejemplo) no puede hacerse sin contar con Portugal. De ahí que el único trasvase propuesto por el Partido Popular en el Plan Hidrológico Nacional de 2001 fuera el del río Ebro, que no afecta a dicho convenio.

Sin embargo, el pasado verano, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino –creado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero– ha comenzado a hablar de un posible nuevo trasvase desde el río Tajo al Guadiana y al Segura. Si esta idea sigue adelante, el Gobierno portugués tendrá algo que decir.

Benoit Aquin recibe el premio Prix Pictet

Kofi Annan entregó el premio mundial Prix Pictet al fotógrafo Benoit Aquin por sus fotografías sobre la desertificación en China. El Premio Pictet está dotado con 50.000 libras y es el único premio de la fotografía centrado en sostenibilidad global. En su primera edición la temática ha sido el Agua. Ha sido creado como contribución al debate sobre la sostenibilidad por el banco privado suizo Pictet & Cie, que considera que las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad son de importancia fundamental en los ámbitos medioambiental, social y financiero.

Durante la entrega del premio Kofi Annan declaró: «Hoy día cerca de 1.100 millones de personas carece de acceso a agua potable y 2.500 millones no cuentan con red sanitaria básica. A través de las imágenes de esta colección podemos ver las manifestaciones devastadoras de una de las mayores amenazas que confronta nuestro mundo: el cambio climático. Espero que el premio Prix Pictet dedicado a fotografía y sostenibilidad, ayude a que se comprenda más profundamente los cambios que están teniendo lugar en nuestro mundo y a concienciar al público sobre la urgencia de tomar acciones preventivas. Cada artista se ha ocupado de los desafíos ambientales y sociales que confrontamos de manera personal. El resultado es una serie de imágenes poderosas que nos enfrentan con la escala de la amenaza y que pueden inspirar a gobiernos y empresas, además de a nosotros como personas, tomar cartas ante este desafío y promover el cambio hacia un mundo sostenible».

Por su parte, el premiado, Benoit Aquin, ha indicado: «Mi serie Zona de Sequía China muestra lo que ocurre cuando no atendemos al mensaje del medioambiente. Estos asuntos no deben ser vistos en el contexto de un país, sino globalmente. Nos afectan a todos y como una población global, debemos solucionarlo».

Ivan Pictet, socio de Pictet & Cie, considera que «Pictet ha estado cuidando de fortunas de familias e instituciones durante más de doscientos años y en cierto sentido, siempre ha mantenido una manera sostenible de negocio. Más recientemente tratamos de reducir el impacto ambiental y social de nuestras actividades, así como llevar a cabo contribuciones filantrópicas cuidadosamente seleccionadas. Por ello los socios de Pictet & Cie han puesto en marcha Prix Pictet, premio que recompensa a fotógrafos cuyas poderosas imágenes ayudan a mantener la sostenibilidad en el primer plano del debate global».

Prix Pictet recientemente ha publicado un libro, Water, que presenta las mejores fotos de los dieciocho fotógrafos seleccionados para el premio.

Dignidad humana y corrupción política

A estas alturas del devenir humano nadie duda de que toda persona es digna de respeto y que es un fin en sí misma, no un simple número en una colectividad. Por eso toda persona tiene derecho a disponer del agua necesaria para vivir. ¿Cuánta agua por día suponen esas necesidades básicas? Hoy se suele estimar una cantidad que oscila entre 20 y 50 litros por persona y día. Pero no basta con esos litros necesarios para vivir. Más aún que la cantidad importa la calidad del agua. Recordemos aquí el valor curativo atribuido por muchas culturas a los manantiales termales: tradición que hoy continúa en los balnearios naturales y urbanos, y en el uso creciente de agua embotellada, cuyo volumen de negocio es comparable al de todo el abastecimiento y saneamiento.

Las enfermedades hídricas (tifus o cólera) fueron epidémicas en los países desarrollados hasta hace menos de un siglo. Los sistemas actuales de abastecimiento y saneamiento han supuesto una enorme contribución a la mejora de la salud pública. Por desgracia, unos mil millones de personas no disponen todavía de un fácil acceso a agua potable y alrededor de dos mil millones sufren falta de saneamiento.

Según la mayoría de los estudios, esta situación «no se debe en la gran parte de los casos a escasez física del agua, sino a su contaminación bacteriológica y/o a los problemas inherentes a la pobreza». Más que económico, este problema hunde sus raíces en la falta de solidaridad humana para resolverlo. Bastaría, por ejemplo, donar lo que se gasta en alimento de perros y gatos en Europa y Estados Unidos durante ocho o diez años. Sin embargo, más importante que el dinero es ayudar a esos países a que sepan gestionar ellos mismos sus sistemas de abastecimiento o saneamiento.

Las implicaciones éticas están patentes en casi todas las facetas de la gestión del agua: planificación, legislación, financiación, proyecto, construcción, explotación u operación. Estos aspectos éticos giran en torno a las siguientes cuestiones:

– ¿Quiénes participan y en qué tipo de decisiones intervienen?

– ¿Tienen la posibilidad de formular alternativas o sólo de reaccionar ante las soluciones ya formuladas por otros?

– ¿Cuál es la base para valorar implícita o explícitamente las compensaciones económicas?

– ¿Qué tipo de información debe ser accesible al gran público y cómo se facilita el acceso?

– ¿Cómo se caracterizan los impactos ambientales y cómo son incluidos en el proceso?

– ¿De qué modo intervienen los expertos y los no expertos?

– ¿Qué uso o abuso se hace de la información científica o técnica de los expertos?

Desde tiempos relativamente recientes se insiste en la imperiosa necesidad de tener en cuenta las cuestiones éticas en la gestión del agua. Dentro de este tema, cobra cada día más relevancia el papel de la corrupción en la gestión de los recursos hídricos. El Global corruption report 2008, que desde hace tres lustros publica anualmente la ONG Transparency International, lleva como subtítulo Corruption in the water sector.

Ética de los usos del agua

El grupo de trabajo de la Unesco sobre Ética de los Usos del Agua considera que es necesario tomar medidas para:

1. Atender siempre las necesidades básicas de agua de cada persona.

2. Mantener los caudales ecológicos básicos para mantener la salud ecológica de los ecosistemas.

3. Evitar la contaminación.

4. Tomar medidas preventivas para mitigar las inundaciones.

5. Ser responsables y solidarios con los usuarios de aguas abajo.

6. Evitar el despilfarro de agua mediante su uso eficiente.

7. Facilitar que los recursos hídricos sean renovables.

8. Obtener mejores datos hidrológicos.

9. Evitar en lo posible los conflictos por el agua y, en cualquier caso, resolverlos de modo pacífico.

10. Evitar las subvenciones perversas que son malas para la economía y el medio ambiente.

11. Hacer más transparentes todos los datos disponibles y más participativos los procesos de la gestión de los recursos hídricos.

Estos once principios se resumen en tres:

1 La ética del agua necesaria no es simplemente de preservación o conservación. Tiene un carácter finalista y exige un activo codiseño con la naturaleza. Incluso la restauración y la preservación del paisaje suelen exigir una intervención humana inteligente. La naturaleza no es estática, está en continua evolución. La capacidad destructiva de los procesos naturales es hoy todavía muy superior a la capacidad destructiva de la moderna tecnología.

2 La nueva ética debe basarse en un equilibrio entre los valores tradicionales relativos a la conservación y un uso adecuado de los avances tecnológicos. No es bueno plantear una confrontación entre los valores tradicionales y los modernos. Se trata de integrarlos.

3 La nueva ética debe también mantener un balance o equilibrio entre el valor económico o utilitario del agua y su valor sagrado, simbólico o cultural. Los gestores del agua, a la hora de tomar decisiones, deben comprender que el agua suele tener unos valores no económicos o tangibles, que son tan importantes o más que los valores puramente económicos. Este equilibrio entre los sagrado y lo utilitario no es nuevo, sino que tiene sus raíces en las más antiguas culturas y está, en general, claramente expuesto en las normas morales de las grandes religiones.

CARLOS CACHÁN, Profesor de Periodismo de Investigación y director de la Cátedra Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad Antonio de Nebrija.

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