La silenciosa conquista China

HAZ8 octubre 2012

Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo. Crítica. Barcelona, 2011. 305 págs.

La influencia de China sobre el mundo en desarrollo es un fenómeno de enorme magnitud, que se ha producido muy rápidamente, pero cuyos métodos e implicaciones son apenas conocidos. Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, dos corresponsales veteranos en China, han hecho un recorrido casi exhaustivo por este nuevo «mundo chino» y han culminado un reportaje a la altura del mejor periodismo clásico, basado en hechos y dando voz a sus protagonistas.

Bien referenciado y documentado, ya se ha traducido a cinco idiomas y es objeto de vivo interés en círculos académicos. Su lectura, en algunos momentos sobrecogedora, deja un sabor de desencanto: La oportunidad de un nuevo modelo de desarrollo, desvanecida, los recursos naturales del planeta en peligro y los más elementales valores de respeto a las personas y en las relaciones internacionales completamente ignorados.

Los líderes chinos son conscientes que la sostenibilidad de su crecimiento económico es clave para garantizar la estabilidad social del país, y esta es su máxima preocupación. Ello conlleva una carrera en paralelo para abastecerse de materias primas, fuentes de energía y alimentos. El patrón es normalmente el siguiente: China ofrece créditos blandos que permiten a los países receptores reestructurar su deuda y facilitar el resto de la relación. En pago del suministro y licencias de explotación China ofrece infraestructuras desarrolladas por empresas chinas y bajo financiación propia. La exportación se produce directamente sin procesamiento alguno e incluso a veces desde puertos bajo concesión.

Citando The Heritage Foundation: «A pesar de la crisis, Pekín se convirtió en 2009-2010 en el primer prestamista del planeta al conceder en esos dos años más de 110.000 millones en créditos, superando al Banco Mundial. Entre 2005 y junio de 2011 las empresas chinas invirtieron 378.500 millones de dólares en todo el mundo, 266.700 de los cuales (el 70 por ciento del total) los desembolsaron en el mundo en desarrollo».

China utiliza como instrumentos sus bancos de desarrollo, CDB, Exim Bank, y China Agricultural Bank, que no siguen criterios comerciales sino geoestratégicos. A ellos se añade el ya poderoso brazo corporativo de empresas públicas, paraestatales o pseudo-privadas. (Vid. Capitalism with Chinese Characteristics. Entrepreneurship and the State).

Esta expansión se debe en parte a las grietas que los países desarrollados han dejado durante la crisis financiera y la falta de cohesión o autoridad política internacionales. Pero en especial a la mayor sintonía china con los gobiernos y élites de los países receptores de la ayudas, sus verdaderos beneficiarios. Es precisamente en el estudio detallado de estas relaciones y en los efectos de estas inversiones donde el libro ofrece su más valiosa contribución.

África

China se ha convertido en el primer socio comercial del continente, de donde importa el 85% de sus recursos naturales (petróleo, minerales, madera y otras materias primas). Además aprovecha los mercados africanos para dar salida a sus productos. África es, por ejemplo, el primer destino de coches chinos. Sin duda, esta relación tiene un efecto macroeconómico positivo, contribuye al crecimiento del PIB de estos países y facilita el acceso de su población a productos baratos.

Pero China, a la vez que ha crecido en la cadena de valor, es todavía competitiva en industrias con utilización intensiva de mano de obra. Así, la industria textil de países como Marruecos, Sudáfrica o Nigeria ha terminado por derrumbarse, al perder ventas en el mercado doméstico e internacional.

El desgobierno en estos países continúa siendo crónico, y este es el problema de raíz. Los gobiernos locales son incapaces de utilizar las infraestructuras. Los autores recogen la decepción generalizada: No hay diversificación de la economía, ni creación de pequeñas y medianas empresas. Las Zonas Económicas Especiales Chinas parecen haber fracasado en el objetivo de crear valor para el país. No hay transferencia tecnológica o de conocimientos y la imagen del inversor chino no puede ser peor por los conflictos laborales y el negativo impacto en el medio ambiente.

En Sudán, un país cuyas relaciones con China han tenido mucha repercusión, los autores logran acceder a la localidad de Merowe, donde se construye la mayor presa sobre el Nilo. El Banco Mundial se negó a sufragar el proyecto por los informes medioambientales negativos, que son devastadores, al igual que su impacto social.

Su ubicación es inadecuada, si se hubiera construido en el lado etíope la pérdida de agua habría sido siete veces menor. Miles de familias que antes vivían de la agricultura lo han perdido todo.

Según la ONG International Rivers, en 2011 China estaba involucrada en 251 proyectos de presas en 68 países del mundo, alertando del coste social y ecológico.

El milagro chino desafía al planeta

Bajo este epígrafe se estudian repercusiones en los recursos naturales. En Siberia, los autores son guiados por Anatoly Lebedev, reconocido por la ONU como «Héroe de los bosques», y son testigos de la deforestación a gran escala de un área de alto valor ecológico. Los responsables: empresas chinas en complicidad con las autoridades locales rusas. Las talas descontroladas ya están dando evidencia de la dislocación del ecosistema, desaparición de especies, incluido el tigre siberiano.

Un fenómeno alarmante, la inversión en cultivos. China está cerrando contratos de esta naturaleza con gobiernos regionales en Brasil y Argentina, no con los gobiernos centrales.

La empresa china Beidahuang ha invertido 1.400 millones de dólares en habilitar 320.000 hectáreas de tierra actualmente yerma en la provincia argentina de Río Negro, para producir y transportar a China, soja, maíz y fruta. Esto implica trasvases de agua e infraestructuras adicionales como la mejora del puerto cercano, con derecho de uso por 50 años.

Precariedad de las relaciones laborales

China reproduce en el exterior el modelo que tantos éxitos le ha dado a su economía de salarios bajos y falta de derechos básicos. Los conflictos generados con los trabajadores locales son cada vez más graves y numerosos. También se alega discriminación. Cierto que China está utilizando muchos trabajadores chinos no solo por su argumentada mayor eficacia, sino porque todavía tiene una enorme masa social en casa que no está disfrutando del pretendido progreso del país y necesita emigrar.

Pero incluso estos trabajadores chinos están sufriendo abusos de las propias empresas chinas e indefensión (Vid. China: rebelión en la fábrica del mundo). Hay casos extremos. Como en la población minera de San Juan de Marcona, en Perú, enseñoreada por la estatal Shougang, una de las 19 empresas más contaminantes en China. Su sistema de subcontratas y la explotación de los trabajadores ha desembocado en un conflicto permanente.

Pero en las minas de oro y jade en territorio Kachín, en Birmania, descendemos al corazón de las tinieblas, un territorio sin ley donde reinan la esclavitud, la violencia, la drogadicción y el sida.

Emigrantes-emprendedores chinos

Este es un fenómeno genuinamente privado, pero que ya despierta suspicacias y conflictos en los países receptores. «La expansión de China no sería lo que es si detrás no tuviera a millones de personas anónimas emprendiendo negocios en los lugares más inverosímiles del globo, desafiando la xenofobia, los prejuicios y la inseguridad; una legión de seres humanos admirables que, con una capacidad de sacrificio sin límites y con sus sueños de prosperidad como único impulso, se aventuran por un mundo desconocido para acabar conquistando mercados imposibles que los occidentales nunca se atrevieron a abordar o que, si lo hicieron, fracasaron».

Gracias a sus lazos culturales y regionales los emigrantes se incardinan en una organización empresarial vertical que se extiende desde la fábrica en China hasta las cadenas minoristas en el extranjero. En Argentina los supermercados chinos de integración vertical ya son cerca de 9.000, están haciendo perder cuotas de mercado a Wal-Mart y Carrefour, y agrupados en la asociación Casrech, se han convertido en un influyente grupo de presión. Ofrecen precios sin competencia, pero también despiertan resentimiento porque suponen el golpe de gracia al tradicional pequeño empresario local. Este modelo se está extendiendo a Bolivia, Chile y Ecuador.

El libro recuerda que los abusos presenciados tienen lugar por la complicidad local, y porque en China persiste un sistema de partido único, no hay estado de derecho, ni libertad de prensa ni sociedad civil que ponga límites al gobierno autoritario.

En conversación con Revista Haz los autores concluyen: «Quizá China disfrutará en este siglo de la hegemonía que le corresponde por historia, población y poderío económico. Mientras viajábamos, podíamos visualizarlo, y pensábamos que lo verdaderamente importante no es que China se esté convirtiendo en una gran potencia, sino cómo lo está haciendo para conseguir sus objetivos.

Si tenemos que juzgar el futuro por cómo es China hoy, y sobre todo, cómo ejerce su poder el Partido Comunista Chino dentro y fuera de sus fronteras, desde luego no podemos ser muy optimistas. Ojalá nos equivoquemos».

Por Juan José Morales

Comentarios

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  1. Luis

    Se nota que odias a los chinos o sos pro yanqui para escribir esto! Yo soy chino y te comento que no es tanto así como relatan los ignorantes