Alimentación saludable, clave para acceder al empleo

Gozar de una vida saludable no solo es importante para el rendimiento en el trabajo, sino para el paso previo: incorporarse al mercado laboral. Analizamos cómo alimentación y empleabilidad van de la mano.

Aunque son muchas las ocasiones en las que se ha tratado la relación entre el bienestar del empleado y su rendimiento en la empresa, son muy pocas las veces que se ha analizado el vínculo en la fase previa: es decir, entre una alimentación saludable y las oportunidades de acceso al mercado laboral.

Que un empleado con unas buenas condiciones de vida -tanto físicas como mentales- es más productivo en la empresa es algo evidente y conocido por todos. De ahí que en los últimos años se hayan hecho tan populares conceptos como wellness o, aún más completo, wellbeing corporativo; es decir, aquellas iniciativas que se toman desde el área de talento de las empresas para cuidar y mejorar el bienestar físico, emocional y mental de sus equipos. Un bienestar integral en el que, obviamente, juega un papel fundamental la alimentación correcta.

Pero, ¿cómo afecta que las personas cuenten con unos hábitos de vida y alimentación saludables a la hora de encontrar un empleo? O, visto de otro modo, ¿puede afectar la mala alimentación en la incorporación al mercado laboral?

Esas son precisamente las cuestiones planteadas en el evento Diálogo sobre Alimentación Saludable y Empleo, organizado por Acción Contra el Hambre en La Casa Encendida (Madrid) el pasado mes de julio y que contó con la participación de representantes del Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, la Agencia para el Empleo en Madrid, la Universidad de Málaga y la Fundación Montemadrid.

Un encuentro desarrollado en el marco del nuevo programa de inclusión sociolaboral de Acción Contra el Hambre, bautizado como Vives Emplea Saludable, cuyo objetivo es favorecer la inclusión en el mercado laboral de personas en situación de vulnerabilidad. El proyecto incorpora la perspectiva de la alimentación sana y hábitos saludables a la metodología del programa Vives Emplea, activo en España desde 2015 y que ha acompañado a más de 10.000 personas desempleadas con una ratio de inserción laboral de casi el 50%.

Vives Emplea Saludable está compuesto por actividades como sesiones grupales y personalizadas, contactos directos con empresas y la participación en eventos de empleo y talleres con responsables de Recursos Humanos de empresas colaboradoras, que a partir de ahora combinará con sesiones sobre alimentación y hábitos de vida saludable.

El proyecto, que durará tres años y está basado en un método de investigación-acción, consta de una primera fase de revisión bibliográfica de programas de fomento de vida saludable; una segunda fase que se inicia ahora con el pilotaje del programa en Madrid y Málaga y próximamente en Sevilla -del que formarán parte unas 600 personas desempleadas y se beneficiarán de manera indirecta hasta 1.800-, y una fase final en la que se analizará lo trabajado y se llegará a conclusiones.

La iniciativa ha contado, además de Acción contra el Hambre, con el impulso del Fondo Social Europeo, el Ministerio de Derechos Sociales, la Fundación Montemadrid, el Ayuntamiento de Málaga y la Agencia para el Empleo de Madrid, además de la colaboración de la facultad de Psicología de la Universidad de Málaga y el grupo de investigación nutricional Epinut de la Universidad Complutense de Madrid.

“Nuestro objetivo siempre ha sido encontrar soluciones innovadoras al problema del hambre y la malnutrición y esa fue una de las razones por la que hemos puesto en marcha el programa de investigación Vives Emplea Saludable, cuyas primeras conclusiones nos permiten afirmar que una alimentación y una vida saludable es un factor clave para encontrar empleo”, explicó durante el evento Luis González, director de Acción Social de Acción contra el Hambre y responsable del programa.

Alimentación y empleo, conceptos que se retroalimentan

Las personas con un trabajo, en general, tienen más oportunidades de disfrutar de una mejor salud y de integrar en su vida hábitos saludables que quienes se encuentran en situación de desempleo. Estos últimos tienen un mayor riesgo de padecer una peor salud -física y mental- y una peor alimentación. Esa fue una de las conclusiones expuestas durante el evento por Pilar Moreno, doctora en Psicología y profesora titular de la Universidad de Málaga, e investigadora principal del programa Vives Emplea Saludable.

“El empleo es la fuente principal de calidad de vida de una persona” explicó Moreno, ya que “no solo cubre las necesidades materiales, sino que también da a la persona empleada una serie de valores, como el sentimiento de pertenencia a la comunidad, de ser útil socialmente y, en última instancia, el empleo da el sentimiento de autorrealización”.

Una meta, la autorrealización, difícil de alcanzar sin una alimentación saludable. “En la base de la pirámide de las necesidades de todas las personas están la alimentación y el descanso, entre otras”, de modo que “hasta que no se cubren estas necesidades objetivas y básicas no podemos empezar a satisfacer las necesidades superiores, entre ellas el afecto, la necesidad de relacionarnos con otras personas, la autoestima y la autorrealización, entendiendo por ello la libertad de ser nosotros mismos”.

Para poner de manifiesto la importancia de la salud como un concepto global, que tenga en cuenta tanto la parte física, como la mental y emocional, Moreno utiliza la metáfora de una casa. En primer lugar, toda casa “necesita los cimientos, que serían una alimentación suficiente y saludable; la estructura y los pilares serían el descanso y el sueño reparador; los ladrillos serían el deporte y la actividad física; la pintura y la decoración, el autocuidado por dentro -a un nivel más psicológico- y por fuera -con lo que cada uno se siente cómodo-, y, por último, la eliminación de sustancias tóxicas como el alcohol, el tabaco o la automedicación, siguiendo el símil, sería como cuando limpiamos nuestra casa y la mantenemos ordenada”.

“Todos conocemos a personas que se levantan apáticas, sin ganas de trabajar o buscar trabajo. Y muchas veces en esa apatía o desgana lo que hay debajo es la falta de una alimentación saludable o de un descanso reparador”, subrayó Moreno. “Cuando nos alimentamos bien, descansamos y hacemos ejercicio, eso se nota por dentro y se nota por fuera. Entonces, todo se retroalimenta”.

Alimentarse bien no es necesariamente más caro

Pese a lo que normalmente se cree, “una dieta saludable no es más cara que una dieta no saludable”. Así lo explicó Antonio Vargas, responsable de nutrición en Acción contra el Hambre, quien destacó no solo cuestiones económicas, sino también de conocimiento y aspectos psicosociales relacionados con hábitos y actitudes.

Según Vargas, existen diferentes factores que llevan a las personas en situación de desempleo o vulnerabilidad a tener una peor alimentación que los que gozan de unas mejores circunstancias. El primero es el tiempo. “Las personas sin empleo no están sobradas de tiempo, sino que lo tienen que dedicar a la búsqueda de empleo, a la conciliación familiar, a desarrollar el rol de cuidadores y a los mecanismos de adaptación ante la actual situación de carestía económica, como evitar las sobras de alimentos o dedicar más tiempo a buscar alimentos de marca blanca más baratos”.

Una segunda variable es un “mecanismo fisiopatológico”. “Vivimos en una situación de inseguridad alimentaria en una sociedad de la abundancia, en la que se produce un exceso de consumo de ‘comida chatarra’; en concreto, de ultraprocesados”, afirmó Vargas, quien recordó que “hay un círculo entre la obesidad y el desempleo muy bien establecido en la literatura”. Según comentó, “los ultraprocesados, mucho más accesibles y menos costosos, son lo único que se puede dar a tu familia con rapidez y poca discusión”.

“Hay un círculo entre la obesidad y el desempleo muy bien establecido en la literatura”. Antonio Vargas

Además, en el alto consumo de ultraprocesados por parte de personas desempleadas o vulnerables “también se introduce el fenómeno de la liberación de hormonas de la felicidad, de dopamina”, lo que ayuda -pese al desgaste de la salud que conlleva- a “paliar uno de los problemas que tiene nuestra población desempleada: los estados negativos psicológicos”, pudiendo llegar incluso a generar una adicción a estos productos.

Por último, el responsable de nutrición de Acción contra el Hambre señaló la pérdida de la autoestima como factor de mala alimentación entre personas sin trabajo. “La población que no tiene una buena autoestima olvida los autocuidados. Y cuando no tienes esa necesidad de autocuidados, no haces ejercicios y olvidas hacer cinco comidas al día”.

La infancia: el punto de partida

Otra de las ponentes en la charla organizada por Acción contra el Hambre fue Carmen Gayo, directora del Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, quien explicó que uno de cada cuatro niños en España se encuentra en situación de pobreza, lo que crea “unas cicatrices muy difícilmente reparables” durante su vida adulta, además de la vinculación directa entre pobreza y alimentación.

“El que es pobre de niño, con bastante seguridad será pobre de adulto, mientras que solamente uno de cada diez niños que crecen en hogares con recursos se van a encontrar en una situación de pobreza cuando sean adultos”, explicó durante su intervención. Asimismo, la mala alimentación de los menores afecta de forma directa en su desarrollo cognitivo y, por tanto, en su futuro laboral.

“Una alimentación sana en las edades tempranas permite mejor desarrollo académico y, así, un futuro con más oportunidades. En cambio, una alimentación inadecuada impide ese desarrollo académico y dificulta ese futuro limitando sus oportunidades laborales”, subrayó Gayo.

La Alto Comisionado también recordó que “la obesidad infantil afecta dos veces más a los niños en pobreza; el porcentaje de niños inactivos y sedentarios es el doble; el acceso a alimentos saludables -como frutas y verduras- es mucho menor, mientras el de dulces y grasas saturadas es mayor”, así como los mayores riesgos de cardiovasculares y diabetes entre los menores con una alimentación inadecuada.

Para Gayo, además, la pobreza y mala alimentación en edades tempranas no solo “hipoteca el futuro laboral de estos niños y niñas que nacen en familias pobres”, sino que “tiene un coste como sociedad”, con consecuencias a corto, medio y largo plazo en “aspectos fundamentales de una sociedad, como la economía, fiscalidad, educación, salud y nutrición, y también en el mercado laboral”.

Por último, Gayo recordó que “lo que se haga durante la infancia es lo que al final hace cómo nos planteamos la vida. La adquisición de hábitos saludables, del ejercicio físico, se aprende de muy pequeño”. Por ello, “cuando hablamos de hábitos saludables en la infancia es muy importante contar cómo eso va a impactar en las oportunidades de una vida adulta plena, con empleo”. “Todo empieza en la infancia; y nuestro futuro empieza en este presente en el que crecen nuestros niños y niñas”.

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