Bienvenidos a la república independiente del metaverso

Ya no es cuestión de si va a llegar, sino de cuándo. Esa expresión, que últimamente se está utilizando para advertir de un posible apagón eléctrico a gran escala, es también aplicable a la llegada del llamado metaverso.
<p>Foto: Facebook/Meta.</p>

Foto: Facebook/Meta.

En los próximos años, se creará un universo en Internet, accesible mediante realidad virtual, que cubrirá todas las áreas de la vida: entretenimiento, interacción social y vida laboral, y que traerá una serie de retos más allá de su propia complejidad técnica, que no son otros que los relacionados con las reglas que regulen su funcionamiento.

Se estima que para que sea posible una adopción masiva del metaverso por parte de sus, llamémosles, ciudadanos o usuarios, será necesario que exista solo un metaverso estandarizado y no diversos metaversos no conectados entre ellos o con funcionamientos diferentes.

Por esa razón, empresas como Facebook, Microsoft y otras de origen chino se han puesto en marcha para ganar la carrera por conseguir ser los primeros en crear algo con cara y ojos al que las demás deban adaptarse. Es decir, el primero que llegue a obtener el producto podría convertirse en el único propietario del mismo, con las consecuencias que una implementación de ese calado puede tener a nivel económico y de poder.

¿Qué se entiende por metaverso?

El metaverso está estructurado como una alternativa digital al mundo físico y tiene diversas características que lo asemejan a este último.

Por ejemplo, en cuanto al ámbito temporal, el metaverso nunca se puede terminar o pausar, tiene lugar en tiempo real.

Está lleno de contenido y ‘experiencias’ creadas por individuos, grupos privados o empresas, teniendo su propia economía, por lo que se puede invertir, comprar, vender y recibir pagos por el trabajo dentro de él, no habiendo un límite superior en cuanto al número de participantes.

Dentro del metaverso, los objetos digitales son intercambiables como los objetos de videojuegos actuales que se pueden usar para diversas finalidades.

En base a lo anterior, si el metaverso tuviera una adopción ya no masiva, sino simplemente importante, se convertiría en un gigantesco negocio para las empresas y para personas que trabajaran dentro de él o para él, por ejemplo, desarrollando avatares personalizados para aquellos que quisieran tener una apariencia exclusiva.

Los orígenes del metaverso debemos buscarlos en la innovadora plataforma para su tiempo llamada Second Life, en la que podías crearte un personaje, comprar cosas que solo servían dentro de ese universo digital y olvidarte un poco de tu vida real. En la actualidad sigue funcionando, pero ha perdido la gran parte de sus usuarios.

A ese metaverso de Second Life se accedía con métodos tradicionales, es decir, un ratón, un teclado y una pantalla. El metaverso que viene no utilizará esos métodos de entrada, sino que usará gafas de realidad virtual y otros dispositivos para interactuar con él.

<p>Mark Zuckerberg, 'en el metaverso'. Foto: Facebook/Meta.</p>

Mark Zuckerberg, 'en el metaverso'. Foto: Facebook/Meta.

Facebook toma la delantera, malas noticias

La compañía de Mark Zuckerberg, cuyo modelo de negocio es explotar los datos para manipular el comportamiento humano y conseguir de esa manera beneficios económicos ha sido la primera en presentar con fanfarria su modelo de metaverso y se ha comprometido a contratar a 10.000 trabajadores para construirlo.

Viendo la trayectoria llena de escándalos (véase Facebook no ha hecho sus deberes) de la empresa, no podemos ser muy optimistas pensando que su metaverso no será otro despropósito del mismo estilo que Facebook.

Para tratar de aparentar que hay cambios, Facebook ha pasado a llamarse Meta. Algo así como si un partido político cambia de siglas para huir de algún escándalo, pero realmente sigue siendo lo mismo con similares componentes dentro de su organización.

Facebook, propietaria también de Instagram y Whatsapp, conserva todavía unos 2.700 millones de usuarios en su red social, pero tiene una imagen muy desgastada. Si bien Mark Zuckerberg dijo que Meta es su forma de mostrar al mundo su compromiso con el desarrollo del metaverso, parece que con el cambio de denominación simplemente quiere salvar a la empresa de las relaciones públicas negativas.

Sin ir más lejos, poco antes de la presentación de Meta, una exempleada de Facebook ha filtrado documentos internos de la empresa que denotan que una cosa es lo que Zuckerberg dice de cara a la galería y otra lo que realmente hace.

Según estos documentos, siempre que había un conflicto de interés entre lo que era bueno para Facebook y para el público siempre se elegía lo primero. También se descubría que Instagram era especialmente tóxico para el público adolescente al presentar modelos de imagen corporal que provocaban problemas con la identidad de los jóvenes, entre otras cosas, lo cual no es algo que quizá sea ilegal pero sí es muy reprobable.

Así que la cosa no pinta muy bien si es Facebook el que lanza el primer metaverso, aunque por suerte, su implementación todavía está a años de distancia. La empresa está ahora trabajando en Horizon, una especie de marco de inteligencia artificial sobre la base del cual los desarrolladores externos también pueden programar sus propias experiencias.

¿Y quién va a regular el metaverso?

Sea cual sea la empresa que se lleve el gato al agua, la implementación del metaverso no puede estar exenta de regulaciones y de normas y ciertamente hasta que se pueda decir que ya existe de manera operativa, hay tiempo para desarrollar esos marcos y que no pase como tantas veces en las que se lanza un producto o servicio novedoso y no hay una legislación al respecto.

Cabe preguntarse qué clase de normas regularán el metaverso, qué será ético o moral realizar o no en él, o qué organismo velará y cómo por el cumplimiento de las leyes.

A priori, existen potenciales cuestiones legales a tener en cuenta. La participación en el metaverso implicará la recogida de cantidades y tipos de datos personales sin precedentes.

Los datos se recogerán en segundo plano mientras las personas hacen su vida virtual. Ello conlleva grandes responsabilidades en materia de protección de datos, y las empresas que desarrollen o participen en el metaverso tendrán que cumplir la legislación sobre protección de datos cuando traten datos personales en este nuevo entorno.

Cabe preguntarse qué clase de normas regularán el metaverso, qué será ético o moral realizar o no en él, o qué organismo velará y cómo por el cumplimiento de las leyes.

Aunque en el metaverso, establecer qué entidad o entidades tienen la responsabilidad de determinar cómo y por qué se tratarán los datos personales, y quién trata los datos personales en nombre de otro, puede no ser fácil.

Otros asuntos como la compartición de los datos, la ley de competencia, o los derechos de propiedad intelectual dentro del metaverso son, por poner algunos ejemplos, importantes temas que deberán estar definidos cuando nazca ese lugar virtual.

Las consecuencias sociales

Las consecuencias reales de la implementación del metaverso no las veremos hasta que lleve en funcionamiento un cierto tiempo, y pueden ir desde algo que acabe en una segunda parte del mencionado Second Life, a algo adoptado de manera masiva y que tenga un impacto nunca visto en la sociedad.

Es quizá mucho fabular, pero en base a películas del género de la ciencia ficción que tratan este tipo de metaversos, ¿podríamos en el futuro acabar teniendo sociedades distintas?

¿Se imagina el lector la existencia de una sociedad a la cual no pudieran acceder personas con recursos económicos y tecnológicos insuficientes (es decir, una sociedad llamémosle física), y otra en la cual un gran número de personas estuviera conectada continuamente al metaverso y de alguna manera viviera dentro de él?

Todo ello sin contar, por supuesto, con el grupo, más o menos numeroso, de personas que renunciarían a entrar en semejante ‘lugar’, fuera cual fuera su status social.

Para algunos, ese metaverso podría convertirse en una adicción, una especia de droga, a la que acudir para escabullirse de su vida real y hacer cosas en él que seguramente no haría en el mundo real, como si del salvaje oeste de la serie Westworld se tratara.

Para otros, puede ser un lugar en donde hacer otro tipo de cosas positivas y constructivas, como formarse, trabajar, o pasar un rato de ocio, pero sin perder la cabeza en ello.

La verdad es que provoca cierta duda y también escalofrío pensar cómo se desarrollará finalmente todo esto, pero, si todo va como está previsto, en unos diez años tendremos ya algo para empezar a desvelar esa incógnita.

Hasta ese momento solo nos queda elucubrar.

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