COP26 sobre cambio climático: entre el escepticismo y la esperanza

Dos años después de la Cumbre sobre Cambio Climático de Madrid, se ha celebrado en Glasgow (Escocia) la COP26, una nueva cita para seguir avanzando en la lucha contra este fenómeno y a favor de la descarbonización y la transición ecológica. Una cita que ha puesto sobre la mesa la necesidad de pasar de las palabras a la acción, si no queremos que las consecuencias sean ya, y para siempre, irreversibles. Ha habido decepción, por la poca ambición demostrada, pero también mensajes optimistas, como el del secretario general de la ONU, Antonio Guterres: “Estamos en la lucha de nuestras vidas, y esta lucha debe ganarse: nunca se rindan, nunca retrocedan. Sigan empujando hacia adelante”.

La 26ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) arrancó el pasado 31 de octubre en la ciudad escocesa de Glasgow con un contundente mensaje de David Attenborough: actuación urgente y unidad, los dos pilares que el divulgador y naturalista británico destacó en el discurso de apertura de un encuentro que se prolongó hasta el pasado 12 de noviembre y cuyo resultado, como suele ocurrir en estas Cumbres, no ha dejado satisfecho a todos.

Finalmente se llegó a un acuerdo con muchos compromisos, pero “insuficientes y no vinculantes” según algunas voces.

Las conversaciones para conseguirlo se alargaron, también como suele ser habitual, hasta el sábado 13 de noviembre, un día más del plazo previsto, por no conseguir el consenso necesario para que una nueva versión de la Declaración Final quedara aprobada, y pese a que las delegaciones de muchos países, ONG ambientalistas, observadores internacionales, medios de comunicación y el sector académico y científico señalaran que esta COP, una vez más, “no ha estado a la altura de las expectativas”.

Acuerdos, contradicciones y cierta decepción

El propio António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, reconoció al finalizar la Cumbre que, aunque se han logrado “pequeños y grandes avances en la lucha contra el calentamiento global”, y se mantiene el objetivo de tratar de contener el aumento de la temperatura media de la Tierra en 1,5 grados como marca el Acuerdo de París, “muchas cuestiones continúan sin resolverse y los compromisos siguen sin tener la suficiente ambición como para alcanzar tal objetivo”.

Y es que, para quedarnos por debajo de un aumento de 2°, los informes científicos indican que habría que reducir hasta un 45% las emisiones antes de 2030 (un dato que, además, está incorporado a la Declaración Final de Glasgow), sin embargo, a fecha de hoy, y con todos los compromisos nacionales puestos sobre la mesa, las emisiones aumentarían algo más de un 13% en esta misma fecha, según alerta la propia ONU.

La diferencia es considerable y significa que en los próximos años habrá que replantearse fórmulas para aumentar el compromiso de reducción de emisiones. En este sentido, esta nueva COP no parece haber aportada avances significativos.

Los casi 200 países reunidos adoptaron así, el sábado día 13, ese Documento Final que, en opinión del secretario general de la ONU, refleja “los intereses, las contradicciones y el estado de la voluntad política en el mundo actual”, un paso importante, valoró, “pero que no es suficiente”.

“Debemos acelerar la acción climática para mantener vivo el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global», remarcó Guterres en una declaración en vídeo publicada al término de este encuentro que ha durado dos semanas.

<p>“Sé que están decepcionados, pero el camino del progreso no siempre es una línea recta. A veces hay desvíos y zanjas, pero sé que podemos conseguirlo”, afirmó el secretario general de la ONU dirigiéndose a los jóvenes y los líderes climáticos. En la foto, junto a Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido.</p>

“Sé que están decepcionados, pero el camino del progreso no siempre es una línea recta. A veces hay desvíos y zanjas, pero sé que podemos conseguirlo”, afirmó el secretario general de la ONU dirigiéndose a los jóvenes y los líderes climáticos. En la foto, junto a Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido.

El titular de la ONU añadió que es hora de pasar al “modo de emergencia”, poniendo fin a las subvenciones a los combustibles fósiles, eliminando el carbón, poniendo un precio al carbono, protegiendo a las comunidades vulnerables y cumpliendo el compromiso de 100.000 millones de dólares de financiación para el clima.

“No hemos conseguido estos objetivos en esta Conferencia, pero tenemos algunos elementos para avanzar”, dijo Guterres, añadiendo que también tenía un mensaje para los jóvenes, las comunidades indígenas, las mujeres y todos aquellos que lideran la acción climática: “sé que están decepcionados, pero el camino del progreso no siempre es una línea recta. A veces hay desvíos, a veces hay zanjas, pero sé que podemos conseguirlo. Estamos en la lucha de nuestras vidas, y esta lucha debe ganarse: nunca se rindan, nunca retrocedan.  Sigan empujando hacia adelante”, animó.

Sin embargo, y pese a los mensajes optimistas, la sensación generalizada es que se ha perdido un año más, que se suma a 2020 cuando hubo que retrasar la COP, para seguir trabajando y forzar avances “más tangibles” en la lucha contra el cambio climático. Los asistentes a la Cumbre más positivos recalcan que se han hecho importantes avances y que esta declaración de Glasgow sienta las bases para lanzar “medidas más potentes” entre 2022 y 2030.

 Claves de la declaración final

El Documento Final pide a 197 países que informen de sus avances hacia una mayor ambición climática el año que viene, en la COP27, que, según está previsto, se celebrará en Egipto.

Literalmente, la declaración destaca “la urgencia de mejorar la ambición y la acción en relación con la mitigación, la adaptación y la financiación en esta década crítica para abordar las brechas entre los esfuerzos actuales y las vías en la búsqueda del objetivo último de la Convención y su meta mundial a largo plazo”.

Una enmienda de última hora introducida por China e India suavizó el lenguaje que se había barajado anteriormente en un borrador de texto sobre “la eliminación de la energía de carbono no estabilizado y de los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles”. Tal y como se adoptó el sábado, el texto de última hora rebajaba muy considerablemente las expectativas, citando una “reducción progresiva” del uso del carbón. El acuerdo también pide plazos “más estrictos” para que los Gobiernos “actualicen” sus planes de reducción de emisiones.

Durante la última sesión plenaria, muchos países lamentaron que el paquete de decisiones acordado finalmente no fuera suficiente y que, como tantas otras veces, faltaran propuestas realistas “más allá del discurso”. Algunos lo calificaron de “decepcionante”, y otros, sin embargo, reconocieron que era “equilibrado” teniendo en cuenta lo complicado del acuerdo entre tantos países y sus profundas diferencias.

<p>Durante la última sesión plenaria, muchos países lamentaron que el paquete de decisiones acordado no fuera suficiente y que, como tantas otras veces, faltaran propuestas realistas “más allá del discurso”.</p>

Durante la última sesión plenaria, muchos países lamentaron que el paquete de decisiones acordado no fuera suficiente y que, como tantas otras veces, faltaran propuestas realistas “más allá del discurso”.

Pero la realidad se impuso en el Documento Final, donde se reconoció que la suma de todos los compromisos de recortes de emisiones presentadas hasta el momento por los casi 200 países que forman parte de la COP “no son suficientes para dejar el incremento de temperatura por debajo de 2 °C, y mucho menos por debajo de 1,5°, a lo largo de este siglo”.

En este sentido, se pide a los países (no es vinculante) que aumenten su compromiso de reducción de emisiones durante 2022 para poder llegar a 2030 con un escenario “más positivo” y poder aspirar así, de forma más realista, a la gran meta de Naciones Unidas: la neutralidad climática en 2050.

Por este motivo, la declaración “invita” a las Partes (los países) a “considerar nuevas medidas” para reducir, antes de 2030, las emisiones de gases de efecto invernadero distintos del dióxido de carbono, incluido el metano”.

En materia de financiación, la Declaración Final reconoce que no se está cumpliendo con el apoyo financiero de los países desarrollados a los países en desarrollo para ayudarles en su transición hacia una economía descarbonizada y en la mitigación de sus emisiones.

El Acuerdo de París proponía ayudas por valor de 100.000 millones de dólares al año, pero esta cantidad aún no se ha alcanzado, y tampoco se alcanzará ya en 2021.

Por eso, este nuevo acuerdo insta a los países desarrollados a cumplir con este objetivo e incluso “ampliar la financiación para poder alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”. Pero, una vez más, los plazos se alargan, y esta “revisión al alza” ha quedado aplazada hasta 2025.

Además del acuerdo principal, durante la COP26 se han cerrado numerosos compromisos, acuerdos y declaraciones conjuntas entre diversos países, pero todos ellos, aunque se han producido en el contexto de este encuentro de alto nivel, no son documentos oficiales de la Cumbre ni de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Tampoco son, por tanto, vinculantes; es decir, que los países firmantes no están obligados legalmente a cumplir los objetivos acordados.

Pese a ello, las valoraciones son dispares y los más optimistas consideran que “hay acuerdos muy esperanzadores” sobre, entre otros aspectos, el final del uso del carbón, la movilidad y el transporte, la protección de los bosques, el liderazgo de las mujeres en temas de igualdad de género y cambio climático, o un futuro sistema alimentario más sostenible.

En materia de financiación, la Declaración Final reconoce que no se está cumpliendo con el apoyo financiero de los países desarrollados a los países en desarrollo para apoyarles en su transición hacia una economía descarbonizada y la mitigación de sus emisiones.

La naturaleza como aliada

“Una de las buenas noticias de la COP26 es que el cambio climático se asienta como noticia del prime time. No ha habido medio de comunicación que no le haya dedicado espacio y tiempo a esta Cumbre del Clima, por lo que el primer paso ya está en marcha y es la comunicación, información y notoriedad de lo que allí sucede”, señala a la Revista Haz María García de la Fuente, presidenta de APIA, la Asociación de Periodistas de Información Ambiental en España.

En este sentido, la responsable de APIA recuerda que lo que se debate en estas Cumbres “no es solo un tema ambiental, sino de salud global”. Porque, la adopción de medidas para reducir y detener las emisiones de gases de efecto invernadero “ha pasado a ser una cuestión de salud y por eso, la trascendencia de lo que en Glasgow se ha debatido se amplifica”.

Sin embargo, en su opinión, los acuerdos adoptados “han sido más débiles y menos rápidos de lo que se reclamaba, y todavía falta aplicar con urgencia medidas de adaptación y mitigación”. Y es que, “los combustibles fósiles, aunque cada vez más arrinconados, no se han eliminado, sino que se reduce su uso”, recalca la presidenta de los periodistas ambientales. Esto supone, apunta García, “pasos en la buena dirección, pero ha faltado contundencia”.

Las opiniones parecen unánimes: la necesidad de acelerar el proceso de transición ecológica y energética crece, y si hace dos años ya era “Tiempo de actuar” -según rezaba el lema de la COP de Madrid de 2019- ahora es más urgente que nunca acelerar la toma de decisiones, algo que, sobre todo, se reclama en los últimos informes del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, que han vuelto a insistir en la gravedad del momento y la urgencia de la descarbonización de la economía ante el alto riesgo de “consecuencias catastróficas”.

Han pasado 28 años desde los grandes acuerdos ambientales alcanzados en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992 y algo más de un cuarto de siglo después, parece que el mundo sigue discutiendo sobre qué hacer. Ante esto, los grupos ecologistas de todo el mundo se preguntan por qué sigue pasando el tiempo sin medidas ambiciosas. Por eso, confiaban en que Glasgow fuera el punto de inflexión de un verdadero “reinicio verde”.

Su opinión es que la naturaleza es la única aliada para poder cumplir el Acuerdo de París y para enfrentar la transición energética, sostenible e inclusiva, que necesitamos. En palabras de la directora ejecutiva de SEO/Birdlife, Asunción Ruiz, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático “son los dos grandes retos sociales que hay que abordar en este siglo y los tenemos que defender juntos”.

En el caso de España, uno de los Estados “más vulnerables al cambio climático”, es, a su vez, “el más rico en capital natural” y por ello, “jugaría una partida ganadora si apostara por soluciones basadas en la naturaleza de este país”.

“La naturaleza es la única aliada para poder cumplir el Acuerdo de París y para enfrentar la transición energética que necesitamos y que no debe dejar a nadie atrás”, defienden asociaciones ecologistas como SEO/Birdlife.

Por su parte, Luis Suárez, coordinador de Conservación de WWF en España, ha reconocido que mantener y conservar la naturaleza resulta “fundamental”, ya que es “uno de los elementos clave a la hora de absorber los gases de efecto invernadero y contribuir a mitigar los impactos del cambio climático”.

Además, señala, resulta “crucial” a la hora de reducir el impacto de las catástrofes ambientales y de las alteraciones de los ecosistemas que está provocando el calentamiento global.

“El hecho de que hayamos sufrido una pandemia global, cuyo origen ha sido una enfermedad zoonótica debido a una alteración de los equilibrios naturales, nos ha hecho reflexionar sobre la necesidad de conservar una naturaleza y un planeta sanos para preservar nuestra propia salud”, sostiene el responsable de WWF.

El veredicto de los científicos

En la misma línea coincide la comunidad científica de todo el mundo: es imprescindible que el modelo económico de producción y consumo sea repensado teniendo en cuenta a la naturaleza.

Aunque los resultados en Glasgow significan un avance, los científicos temen que los políticos no cumplan sus promesas y aseguran que la meta de contener el aumento de temperatura a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales es, en cualquier caso, “poco ambiciosa”.

Piers Forster, autor principal del informe de agosto del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), señala en este sentido que “estos 1,5° se han convertido en el talismán de lo más seguro que podemos esperar para este siglo, pero cuanto más aprendemos, más nos damos cuenta de que no existe un límite seguro para las emisiones”.

Por su parte, la profesora Gail Whiteman, fundadora de Arctic Basecamp, un grupo de científicos expertos en el Ártico, dijo que la Cumbre había producido “resultados mixtos”. “Hay muchas promesas buenas sobre la mesa, pero ¿habrá suficiente acción? No lo sé, y esto me hace estar muy preocupada”, señaló esta experta.

Precisamente, esa brecha entre la política, la acción y la ciencia es lo que alarma a los expertos sobre el clima. Por eso, y por el riesgo de alcanzar, como ya advierten, ‘puntos de inflexión climático’ (es decir, sin retorno a las condiciones iniciales), “necesitamos persuadir a nuestros líderes políticos para que se unan a nosotros en esta gran transformación”, concluyó Tim Lenton, del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter, Inglaterra, dejando claro que esta nueva Cumbre del Clima en Glasgow se ha desarrollado, y valorado una vez clausurada, entre el escepticismo y la esperanza.

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