El agua, una cuestión de futuro

Nuestra huella ecológica en el planeta es cada vez más palpable a través de fenómenos como el cambio climático. Y la escasez de agua es una de sus consecuencias más visibles. El calentamiento global hace subir las temperaturas y genera un clima más extremo que provoca el aumento de tormentas en los lugares más lluviosos del planeta, mientras que en los más secos las sequías son cada vez más graves. En el caso de España, esto podría convertirnos en uno de los 33 países con más problemas de abastecimiento de agua del mundo antes de 2040. Por eso, y por muchas más razones, el agua es una cuestión de futuro.

Según la Agencia Estatal de Meteorología, el calentamiento global afecta ya a más de 32 millones de personas solo en España, en medio de un escenario global donde más de 250 millones sufrirán escasez de agua antes de veinte años y, según datos de Naciones Unidas, 1.200 millones de personas actualmente no tienen acceso a agua potable y 2.300 millones viven sin acceso a un saneamiento digno.

Los expertos coinciden: los impactos de la sequía son mayores y más peligrosos que los de ningún otro desastre natural, con elevados costes medioambientales, económicos y sociales, tal como advierte la propia Naciones Unidas en el Día Mundial del Agua, que se celebra cada 22 de marzo.

“El agua está en el epicentro del desarrollo sostenible y es fundamental para el desarrollo socioeconómico, la energía, la producción de alimentos, los ecosistemas y la supervivencia de los seres humanos. También forma parte crucial de la adaptación al cambio climático y es un decisivo vínculo entre la sociedad y el medio ambiente”, recuerda la ONU con motivo de esta conmemoración.

Este 22 de marzo este organismo pone el foco en la importancia de las aguas subterráneas, “un recurso fundamental en España, sobre todo en los territorios donde se producen los mayores desequilibrios hídricos”, señalan desde el Foro de la Economía del Agua, que recuerda en este día que “el 40% de las masas de aguas subterráneas no se encuentra en buen estado, debido a la sobreexplotación y la contaminación, especialmente la difusa causada por la agricultura”.

Ante esto, el Foro apuesta por las alianzas, la planificación hidrológica y el agua regenerada y mejorada como claves para proteger este tipo de aguas.

Asimismo señalan la importancia de la planificación hidrológica como “un instrumento esencial para la conservación de los acuíferos, ya que permite armonizar la atención a la demanda de agua y el cumplimiento de los objetivos ambientales”, así como de las tecnologías, tanto de regeneración de aguas subterráneas como de información y cuantificación para la conservación de los acuíferos, “un recurso hídrico de gran importancia que no siempre se valora lo suficiente, ya que es poco visible y no se ha estudiado en profundidad hasta hace relativamente poco tiempo”.

Debido a esto, la utilización excesiva de algunas de estas aguas subterráneas durante todo el siglo XX, advierte Estanislao Arana, director Académico del Foro: “ha generado la desaparición de manantiales y el progresivo deterioro de zonas húmedas”.

Conservar correctamente las aguas subterráneas de los acuíferos es fundamental para la sostenibilidad del recurso hídrico, especialmente en momentos como el actual, marcado, no solo por los efectos del cambio climático que están reduciendo las masas de agua exteriores, sino por un período de sequía, especialmente preocupante en cuencas hidrográficas como la del Guadalquivir”, explica Arana, que apuesta por otro elemento fundamental para la conservación de los acuíferos: el acceso a la información sobre el estado cuantitativo y cualitativo de las aguas subterráneas.

“Para tomar las decisiones adecuadas en gestión hídrica, que abarca las aguas exteriores y subterráneas, es fundamental contar con suficiente información, y para ello, es necesario invertir en sistemas de monitoreo y apostar por el desarrollo de soluciones de inteligencia artificial aplicadas al agua”, concluye Arana.

El agua, en riesgo por el cambio climático

El último informe publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas analiza, no solo los escenarios que plantea el cambio climático en aspectos como los incendios forestales, las olas de calor o el aumento del nivel del mar, sino también cómo el calentamiento global está provocando migraciones masivas y poniendo en peligro el suministro de alimentos y de agua.

Mientras, el déficit de financiación para hacer frente a estos retos “es cada vez mayor”, señala el Informe. Lo más preocupante del documento es, de nuevo, el aumento de las temperaturas: ya estamos en 1,1ºC y el límite de 1,5ºC (el que nos separa de escenarios naturales peligrosos), podría alcanzarse en solo una década. Por eso, los próximos diez años “son la clave para evitar los peores escenarios que plantea el cambio climático en el mundo, y cualquier retraso adicional en la acción global anticipada supondrá perder la oportunidad de asegurar un futuro habitable y sostenible para todos”, afirma el documento.

En el caso de España, la previsión es un país cada vez más seco, con menos agua y cultivos y por tanto “pérdidas sustanciales de producción agrícola”. La solución no podrá ser la adaptación mediante riego, ya que esta “se verá cada vez más limitada por la falta de disponibilidad de agua”.

Y España es solo un ejemplo de una situación en la que pueden encontrarse muchas tierras del sur de Europa, donde al menos el 80% sufrirá el aumento importante de episodios de sequías, según advierte el IPCC.

Otro de los aspectos críticos que señala el Informe es que España dispondrá de menos agua para consumo, con al menos 7 millones de personas en situación de escasez de agua. En este sentido, no solo la sequía podría aumentar los daños en un 250% en nuestro país, sino que, además, más de la mitad de la población estará expuesta a un creciente estrés hídrico. Si las emisiones se redujesen, este impacto podría reducirse hasta en un 18%.

España dispondrá de menos agua para consumo, con al menos 7 millones de personas en situación de escasez de agua, según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

“Ahora que el cambio climático es una realidad en la que, por fin, todos estamos de acuerdo y ha puesto en valor la necesidad de cuidar el planeta y nuestros recursos, (entre ellos los hídricos) para garantizar el futuro, es fundamental recordar que este fenómeno revierte directamente en el ciclo del agua, lo que genera consecuencias tangibles y nefastas como las sequías, inundaciones y, en general, el deterioro del medio ambiente, afectando a nuestros océanos, glaciares y al nivel del mar de forma irreversible durante siglos”, explica a Revista Haz Carlos Garriga, director de la Fundación We Are Water, que alerta de que este se ha convertido, por tanto “en una emergencia a nivel mundial”.

Asimismo, añade, “arrastramos desde hace años una profunda desigualdad en el acceso al agua y al saneamiento a nivel global. En muchas zonas del planeta, la falta de acceso a este bien universal cuesta vidas, causa grandes desigualdades, sobre todo en mujeres y niños, y es un lastre que imposibilita cualquier tipo de desarrollo que lleve a la erradicación de la pobreza, las hambrunas, y las enfermedades endémicas”.

Precisamente para salvaguardar la biodiversidad y garantizar la alimentación del futuro, este marzo un grupo de investigadores españoles han seleccionado variedades de trigo, legumbres, tomates y maíces que serán conservadas en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en Noruega, la mayor colección de bioseguridad agrícola de mundo que constituye la base de casi toda la alimentación mundial.

Se trata de una infraestructura científica ubicada en una isla del archipiélago ártico de Svalbard, una especie de ‘Arca de Noé vegetal’ que guarda más de un millón de muestras de semillas de diferentes cultivos de casi todos los países del mundo, la mayor colección de biodiversidad agrícola.

“Este material, también conocido como recursos fitogenéticos, constituye la base de casi toda nuestra alimentación”, explica Luis Guasch, director del Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria de España dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuyo equipo ha seleccionado más de mil variedades vegetales de la colección nacional que serán depositadas en esta remota isla de Noruega.

Por primera vez, esta instalación incorporará variedades procedentes de España, “un país de gran riqueza en biodiversidad al ser puente entre Europa, Iberoamérica y África”, explica Guasch, que apunta que las primeras 1.080 variedades españolas ya están preparadas en congeladores de este centro. El período de duración del depósito suele ser de diez años renovables.

Se trata de un proyecto auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la organización internacional Global Crop Diversity Trust (CROP Trust), la Fundación Bill y Melinda Gates y el gobierno de Noruega, que busca poder hacer frente, en caso de necesidad, a los desafíos ambientales y otras posibles amenazas globales.

A pesar de que las aguas subterráneas son en su mayoría aptas para el consumo humano, actualmente solo el 1% del total mundial se aprovecha para este fin, según la empresa social Auara.

Aunque en el momento de la creación de esta Cúpula de Svalbard España realizó una aportación económica extraordinaria a la FAO, esta es la primera vez que envía semillas, mostrando así “su compromiso con la conservación de la biodiversidad y la resiliencia de los sistemas agrícolas y su capacidad de adaptación al cambio climático”, recalca Guasch.

Hasta el momento, más de 89 depositarios ya han enviado sus muestras a Svalbard, entre ellos centros internacionales de conservación vinculados a la FAO, los grandes países y la gran mayoría de estados europeos en previsión de consecuencias futuras que puedan afectar a la agricultura mundial como el calentamiento global o la escasez de agua.

Acceso al agua y oportunidades de desarrollo 

De los 489 millones de personas en todo el mundo que carecen de este recurso esencial para la vida, el agua potable, más de 246 millones se encuentran en África, un territorio que, sin embargo, “atesora en su subsuelo una inmensa reserva de 500.000 kilómetros cúbicos de agua, cien veces más que sus reservas de agua en superficie”, señalan desde la empresa social Auara, una marca de agua embotellada que dedica todos sus dividendos a proyectos sociales para llevar agua potable a países que carecen de ella, y que recuerda que su escasez “es la pobreza más grande que existe”.

En su opinión, el uso de esos acuíferos subterráneos “sería una solución a la escasez de agua en este continente, y podría acometerse destinando un presupuesto equivalente al 0,1% del gasto militar anual a nivel mundial”.

En línea con el lema de este año en el Día Mundial del Agua, ‘Aguas subterráneas, hacer visible lo invisible’, Auara recuerda que “a pesar de que las aguas subterráneas son en su mayoría aptas para el consumo humano, actualmente solo el 1% del total mundial se aprovecha para este fin”, y en el caso concreto del África Subsahariana “podrían hacerse muchos más pozos que transformarían la vida de miles de personas con nuevas oportunidades de desarrollo”, señala Antonio Espinosa de los Monteros, CEO y cofundador de esta empresa.

“El agua está ahí, solucionarlo es una cuestión de inversión, pero también de gestión y mantenimiento, y aunque pueda pensarse que se necesitarían cantidades astronómicas, no lo son tanto si se comparan con las que se destinan a otros fines, como el caso del presupuesto militar, por ponerlo en perspectiva”, añade.

<p>Foto: Auara.</p>

Foto: Auara.

Auara ha realizado una estimación de cómo, a través de la instalación de infraestructuras para extraer las aguas subterráneas, se podría garantizar el acceso al agua potable a una gran parte de la población de África, un continente, con un 66% de su territorio en condiciones áridas o semiáridas que presenta una situación de pobreza endémica, subdesarrollo y escasez de recursos económicos suficientes para gestionar de forma efectiva sus recursos hídricos.

“En su subsuelo existen 500.000 billones de litros de agua subterránea que podrían aprovecharse mediante la instalación de pozos con bombas de extracción, similares a los 117 que Auara ha instalado en sus cinco años de vida en varios países de África, Asia y América del Sur” recalca su CEO.

El coste aproximado de uno de esos pozos en África, según la experiencia de esta empresa social, es de unos 4.600 euros de media y se estima en unas 500 personas el número máximo de beneficiarios de un pozo con bomba manual. “Si tenemos en cuenta que la población que vive en la región de África Subsahariana sin acceso a agua potable es de unos 246 millones de personas, sería necesario construir 491.800 pozos para resolver el problema, y esto supondría un coste total aproximado de 2.260 millones de euros”, explica Espinosa de los Monteros.

“Obviamente, estos cálculos son solo aproximativos y meramente simbólicos, pero ayudan a hacerse una idea del tamaño de las reservas de agua existentes, y sirven para subrayar que, al final, todo es cuestión de voluntad”, remarca el responsable de la compañía, que recuerda que “la naturaleza nos da los recursos y nosotros debemos protegerlos y cuidarlos, pero también colaborar para que el acceso al agua potable sea un derecho de todos, tal y como defienden los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”.

Desde su nacimiento, en 2016 esta empresa social ha conseguido beneficiar, con la instalación de estos 117 pozos en poblaciones en situación de pobreza extrema, a unas 71.200 personas y generar más de 124 millones de litros de agua potable, “y todo ello gracias a la labor de las empresas y entidades locales que han colaborado y a los ciudadanos anónimos que han optado por consumir un producto con un fin social como nuestra agua embotellada. Pensemos en todo lo que podríamos conseguir si todos, a nivel mundial, nos movilizáramos con pequeños gestos como este por una causa común”, concluye el CEO de Auara.

<p>Foto: Auara</p>

Foto: Auara

Agua, pobreza y desigualdad de género

El acceso al agua es también un indicativo del grado de desarrollo de un país y de su brecha de género, y su escasez y dificultad de acceso está presente en los conflictos armados de todo el planeta. En el caso de Latinoamérica, la falta de acceso al agua potable lleva años haciendo más profunda esa desigualdad de género, según alertaba la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua, ALADYR, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo.

Los últimos datos del Banco Mundial señalan que alrededor de 37 millones de latinoamericanos no tiene acceso al servicio de agua potable. Si esta cifra se coteja con las del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre la desigualdad de género (a la hora de asignar la carga para conseguir el recurso), se puede afirmar que más de 10 millones de mujeres en la región ven reducidas sus horas de formación y trabajo remunerado por esta brecha.

“Es fundamental incluir la infraestructura de agua potable y saneamiento en las políticas de género. Las mujeres latinoamericanas serían profundamente perjudicadas por la escasez hídrica que vaticinan los expertos para varios países”. Aladyr.

Es decir, que cuando un hogar latinoamericano no posee este servicio, o este se ve interrumpido, en el 72% de los casos será una mujer o una niña la que se ocupará del abastecimiento, disminuyendo así sus posibilidades educativas y profesionales de forma muy importante.

Por esta razón, señala Aladyr, es fundamental “incluir la infraestructura de agua potable y saneamiento en las políticas de género”, recordando además que, según el Informe del IPCC, “Latinoamérica es especialmente vulnerable a los efectos de este fenómeno y las mujeres serían profundamente perjudicadas por la escasez hídrica que vaticinaron para varios países de la región”.

Aunque el ODS 6 (Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU) sobre agua limpia y saneamiento propone de cara a 2030 lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos, con especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables, desde el BID sostienen que para alcanzar el 100% de la cobertura de agua y saneamiento “se necesitaría triplicar el ritmo actual de inversiones, pasando de 7.000 millones de dólares al año a unos 20.000 millones anuales durante esta próxima década”.

“Debemos ser conscientes del privilegio que tenemos los que podemos disfrutar de este preciado bien en nuestros hogares, de forma rápida, sencilla y relativamente barata, en comparación con otros suministros o energías, y por ello, responsables con su consumo y sostenibles con su gestión, precisamente, porque hay personas, familias y regiones enteras en el mundo que no tienen esta suerte”, recalca el director de la Fundación We Are Water, que apuesta por apoyar “proyectos, iniciativas y entidades que trabajan para garantizar el acceso al agua y al saneamiento en las zonas más desfavorecidas del planeta, así como a las organizaciones, gobiernos y empresas que promueven una nueva cultura del agua, que permita una gestión sostenible de los recursos hídricos en el mundo y aseguren el derecho universal del acceso al agua y al saneamiento”.

Desde la Fundación insisten en la urgencia de cumplir con las metas del ODS 6 sobre agua y saneamiento, y defienden que conseguirlo “pasa inevitablemente por la participación colectiva y solidaria”.

“Nos quedan ocho años para lograr la Agenda 2030, y sin garantizar el ODS 6 será imposible lograr el resto. No podemos desfallecer, ya que la pandemia y la crisis climática nos muestran lo vulnerables que pueden ser los avances en estos logros esenciales, para garantizar los derechos humanos universales”, agrega Carlos Garriga, que se muestra optimista ante “la creación de una nueva conciencia de que los problemas no pueden gestionarse de forma aislada, sino únicamente colectiva”.

“Estamos en un momento histórico en el que contamos con los conocimientos científicos y tecnológicos necesarios para afrontar los retos del agua y tenemos todos los medios para resolverlos. Es hora de tomar conciencia, presionar a los políticos y sectores productivos y crear los incentivos para desarrollarlos e implementarlos en todo el mundo a través de la colaboración internacional”, señala Carlos Garriga. “Se trata de parar, observar y decidir cómo y hacia dónde queremos dirigirnos”, concluye el responsable de We Are Water.

Comentarios