Casas pasivas: la vanguardia del diseño sostenible - Revista Haz

Casas pasivas: la vanguardia del diseño sostenible

Las viviendas son responsables del 14% de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Frente a ello, las ‘passivhaus’ no solo mejoran la eficiencia energética, sino que pueden llegar a eliminar prácticamente su huella medioambiental.
<p>Un ejemplo de casa pasiva: el Palacio de Congresos Europa, en Vitoria. Foto: Palacio de Congresos Europa.</p>

Un ejemplo de casa pasiva: el Palacio de Congresos Europa, en Vitoria. Foto: Palacio de Congresos Europa.

Cuando pensamos en emisión de gases contaminantes a la atmósfera, normalmente imaginamos un coche, un avión o una fábrica. Pocas veces somos conscientes de que nuestras propias viviendas son responsables de una buena parte de esa contaminación y, por tanto, de su contribución al cada vez más evidente cambio climático.

Efectivamente, la ineficiencia energética del parque de viviendas de España -con más de cuarenta años de media- genera anualmente alrededor de un 14% de las emisiones de gases de efecto invernadero. En cifras totales, esto supone la emisión de 29.000 toneladas de CO2 al año. En el resto de Europa, las cifras son igualmente alarmantes: más de 450.000 toneladas de dióxido de carbono anuales.

Un impacto que se produce en el mismo momento de su edificación. Según la constructora británica Willmott Dixon, el sector de la construcción contribuye al 23% de la contaminación atmosférica, al 40% de la contaminación del agua potable y al 50% de residuos en los vertederos.

Y en España, el ritmo de construcción en las últimas décadas no ha sido precisamente bajo. Tras el desarrollismo de los años sesenta y setenta del pasado siglo -en el que primó la construcción de pisos pequeños y de baja calidad-, nuestro país vivió un auténtico boom inmobiliario desde finales de los noventa hasta la crisis de 2008. Cada año, se construían de media unas 600.000 viviendas, más que en Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntas.

Frente a ello, la Unión Europea, en su Pacto Verde, marca un objetivo difícil pero claro: ser climáticamente neutra en 2050. Una meta que en España se traduce, entre otras cosas, en un enorme peso de la sostenibilidad y la transición ecológica en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. En concreto, un 40% de los 70.000 millones de euros de fondos europeos irá destinado al impulso de una economía verde, entre ellos varios miles de millones a la rehabilitación y adaptación verde de las viviendas

Además, desde 2013 es obligatorio en España el certificado energético de las viviendas, requisito indispensable del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo para cualquier persona que quiera vender o alquilar una casa. Se trata de un documento que refleja la demanda energética de un inmueble en condiciones de ocupación, teniendo en cuenta aspectos como la ventilación, iluminación, calefacción, refrigeración o agua caliente.

La etiqueta energética de la vivienda refleja una escala del nivel A, el más eficiente, al nivel G, el menos eficiente. La mayoría de viviendas en España, lamentablemente, están en un nivel E.

Un paso adelante en la eficiencia energética

Pero, además de los esfuerzos económicos y legales para generar un parque de viviendas más eficiente, desde décadas atrás han aparecido fórmulas para reducir al máximo la huella energética y de consumo de las viviendas. Una de las más conocidas es la de las casas pasivas o passivhaus.

No es una marca, sino un concepto de construcción que puede ser aplicado por cualquiera y en cualquier lugar. Se aplica sobre todo a edificios nuevos, pero también puede ser utilizado para rehabilitación.

Se trata de un término aplicado a un estándar de construcción realmente eficiente energéticamente, confortable y asequible. Fue acuñado en Alemania hace ahora más de tres décadas, cuando el físico y astrónomo alemán Wolfgang Feist, consciente de que más de un tercio del consumo de energía de un hogar procedía de la calefacción, construyó la primera vivienda pasiva del mundo en Darmstadt, en 1991. Analizó la distribución del calor, las ventanas, las paredes, los techos y los sistemas de ventilación, y construyó una casa -la suya propia- en la que logró reducir casi en la totalidad el consumo de energía convencional.

No se trata de una marca, sino de un concepto de construcción que puede ser aplicado por cualquiera y en cualquier lugar. Se aplica principalmente a edificios nuevos, ya que es más sencillo partir de un diseño passivhaus previo; pero también puede ser utilizado para rehabilitaciones de viviendas construidas bajo un patrón normal.

Como señalan en la web del Passivhaus Institute, fundado por el propio Feist, una casa pasiva es más que un edificio de bajo consumo energético. Permiten ahorrar hasta un 90% de energía en calefacción y refrigeración en comparación con los edificios más habituales, y más de un 75% comparado con las edificaciones de nueva construcción. En los climas cálidos, como España, se ha demostrado un ahorro adicional de energía.

Requisitos de las casas pasivas

¿Cómo se consigue este elevado nivel de eficiencia energética? El Passivhaus Institute establece una serie de condiciones para que una edificación obtenga el estándar de casa pasiva. En primer lugar, debe existir aislamiento térmico. Es decir, las casas deben ser herméticas, con un buen sistema mecánico para controlar la calidad del aire de doble flujo y permitir mantener el calor en invierno y el fresco en verano, sin necesidad de calefacciones o refrigeración.

Esta hermeticidad se consigue teniendo en cuenta una serie de criterios durante el diseño o la rehabilitación de la vivienda. En este sentido, las puertas y ventanas pueden ser los puntos débiles de la vivienda pasiva. Además de prestar una especial atención a su ubicación y correcta colocación durante la obra, los marcos de las ventanas deben estar bien aislados y equipados con doble o triple acristalamiento de baja emisividad, rellenos de argón o criptón. Así se consigue la necesaria estanqueidad o hermeticidad de la vivienda y se evita la pérdida de calor en meses fríos o de fresco en meses cálidos.

Asimismo, todos los bordes, esquinas, conexiones y penetraciones deben planificarse y ejecutarse con gran cuidado, de modo que puedan evitarse los denominados puentes térmicos. Un fenómeno que ocurre cuando la temperatura de un material se transfiere a otro mediante contacto físico. Por ejemplo, cuando una viga de acero de la estructura de la vivienda está en contacto con el ladrillo del exterior y transmite el frío hacia la pared interior del edificio. Deberá contar, por tanto, con un sellado térmico.

La hermeticidad del edificio se mide habitualmente con una prueba de presión -ensayo Blower Door-, consistente en crear una diferencia de presión entre el interior y el exterior mediante un ventilador colocado en la puerta principal. Para cumplir el estándar, el resultado debe ser inferior a 0,6 renovaciones de aire por hora.

Además, el Passivhaus Institute establece otros requisitos, como la demanda de calefacción y de refrigeración, que debe ser inferior a 15 kilovatios hora por metro cuadrado al año en ambos casos, y la demanda de energía primaria renovable -la energía total que se utilizará en todas las aplicaciones domésticas- no debe ser superior a 60 kilovatios hora  por metro cuadrado al año.

Los más de 160 proyectos de casas pasivas que hay ahora en España evitan la emisión de 1.100 toneladas de CO2 al año, el equivalente al que absorben 114.000 árboles.

Las passivhaus en España

En el mundo hay más de 29.000 edificios certificados como passivhaus, lo que supone una superficie total de 2,7 millones de metros cuadrados distribuidos en viviendas, escuelas y oficinas. El año pasado, Francfurt certificaba incluso el primer hospital pasivo del mundo.

Y en España, ¿existen casas pasivas? Sí, y cada vez más. Desde que se construyera la primera en Moraleda de Zafaya (Granada) en 2010, la superficie certificada en nuestro país ha aumentado hasta los 172.000 metros cuadrados certificados, repartidos en más de 160 proyectos, que evitan el consumo de 6 millones de kilovatios hora y dejan de emitir cada año más de 1.100 toneladas de CO2, el equivalente al que absorben 114.000 árboles.

La pandemia no ha hecho más que acelerar el interés y la construcción por este tipo de edificaciones sostenibles. Como recoge El País, en los dos últimos años se ha certificado como passivhaus la misma superficie que en los ocho anteriores y se prevé que siga creciendo. De hecho, la previsión para los próximos dos años es doblar esa cifra, tanto de metros cuadrados como de edificios.

<p>Sant Andreu de la Barca (Barcelona) acoge la que está considerada la casa más sostenible de Europa.  Foto: Arquima.</p>

Sant Andreu de la Barca (Barcelona) acoge la que está considerada la casa más sostenible de Europa. Foto: Arquima.

Entre estas edificaciones, destaca una vivienda en el municipio barcelonés de Sant Andreu de la Barca, considerada la más sostenible de Europa. Construida en 2020 por Arquima -especializada en viviendas sostenibles-, posee la certificación Passivhaus Premium (del Passivhaus Institute) y la máxima calificación -cinco hojas- del Sello Verde, emitido por el Green Building Council España. En la actualidad solo existe una veintena de viviendas en todo el mundo certificadas con el primero y un prototipo del segundo.

En este modelo ideal de passivhaus la temperatura interior se mueve en una constante de entre 22 y 24 grados, sin necesidad de calefacción o aire acondicionado, no hay corrientes de aire y genera cuatro veces más energía de la que necesita para funcionar gracias a las placas fotovoltaicas. Asimismo, gracias a su aislamiento, los ruidos son imperceptibles desde dentro y en su interior cuenta con un sistema domótico que controla la iluminación y la climatización con suelo radiante.

<p>Torre Bolueta (Bilbao), la 'passivhaus' más alta del mundo. Foto: Wikipedia.</p>

Torre Bolueta (Bilbao), la 'passivhaus' más alta del mundo. Foto: Wikipedia.

Pero, aunque las viviendas unifamiliares son las más numerosas, también existen otro tipo de construcciones certificadas como proyectos pasivos. Bilbao alberga, por ejemplo, la Torre Bolueta, la passivhaus más alta del mundo. Con una altura de 28 plantas, consta de 361 viviendas de protección oficial y sociales promovidas por el Gobierno vasco. Destaca por su ahorro energético de más del 75% respecto a las viviendas equipadas con sistemas convencionales.

También en el País Vasco, destaca el Palacio de Congresos Europa, en Vitoria, que ha recibido la certificación passivhaus gracias a una rehabilitación referente de la arquitectura sostenible. El edificio consigue ahorrar más del 50% de energía que el original construido en 1989. Utiliza placas solares, combustible de biomasa, control de los niveles de CO2, temperatura y humedad, aislamiento térmico de 25 centímetros en fachada y un sistema de ventilación de alto rendimiento.

Otro ejemplo es la escuela pública El Garrofer de Viladecans (Barcelona), la primera rehabilitación energética de una escuela pública en España. Construida en los setenta  tras detectarse deficiencias en aislamiento y alta demanda energética, la escuela fue reformada por el estudio Energiehaus bajo tres ejes principales: aislamiento, ventilación e iluminación. Con la adaptación se persigue lograr un ahorro energético de aproximadamente el 50% y proporcionar a los estudiantes más confort térmico y acústico.

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