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Tendencias ASG: dónde estamos y hacia dónde vamos

Tal y como era previsible, los criterios ASG siguen dominando en 2022 los discursos corporativos, cosa que va a continuar sucediendo a medida que sigamos adentrándonos en esta década.

Temas como el cambio climático y el valor del capital humano y natural llevan apareciendo de forma regular en las tendencias en el ámbito ASG (ambiental, social y de gobernanza) de los últimos años, mientras otros como la equidad fiscal y la privacidad de los datos han ido y venido y, finalmente, han sido reconocidas como cuestiones materiales que están abordando las empresas de todo el mundo.

El cambio climático ha superado al gobierno corporativo como la cuestión de sostenibilidad más apremiante que atrae la atención de los inversores, y la inversión ASG se ha convertido realmente en la corriente principal y está atrayendo la atención de los reguladores.

Sin embargo, en la próxima década surgirán nuevos riesgos para las empresas, los inversores y el planeta que pondrán a prueba hasta qué punto hemos aprendido las lecciones del pasado, tal y como se indica en el informe 2022 ESG Trends to watch de MSCI, uno de los proveedores líderes de herramientas y servicios de apoyo a la toma de decisiones para la comunidad inversora mundial.

Cadenas de suministro de cero emisiones

Con los reguladores y los organismos de normalización proponiendo normas más estrictas para la presentación de informes sobre el carbono, muchas empresas como Amazon, Microsoft, Alphabet y Alibaba están dando sus primeros pasos para comprender las emisiones de su cadena de valor y fijar sus compromisos de cero emisiones.

Aunque existe disparidad en cuanto a la exhaustividad de esos compromisos, las empresas tienen claro que no podrán reducir las emisiones de su cadena de suministro si no consiguen que sus proveedores hagan lo mismo.

Por tanto, a medida que las empresas más grandes del mundo se esfuerzan por alcanzar el nivel cero, la presión de reducir las emisiones hacia los proveedores será similar a la habitual presión para reducir precios.

A su vez, las emisiones de CO2 de las empresas privadas se están encontrando cada vez más bajo el escrutinio público mientras los críticos afirman que se están convirtiendo en un refugio opaco para los activos de combustibles fósiles con alto contenido de carbono.


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Pero las empresas que cotizan en bolsa han aprendido en la última década que eludir la cuestión ya no satisface a los inversores, los reguladores y otras partes interesadas, y que se encuentran en un mundo que requiere información obligatoria y de métricas cada vez más estandarizadas que cubran toda su gama de riesgos climáticos y la alineación con un mundo por debajo de los 2 °C.

Los gestores de los fondos de capital privado y los de capital riesgo también podrían enfrentarse pronto a requisitos similares. Los inversores, y el mundo entero, van a necesitar más transparencia y menos conjeturas para completar el rompecabezas sobre el origen de las emisiones y cómo reducirlas.

Aunque la realidad es tozuda y no va a ofrecer facilidades para reducir las emisiones. La guerra en Ucrania y sus impactos en el suministro de energía ya ha tenido consecuencias para muchos países y se espera un invierno complicado para aquellos más dependientes del gas ruso. Lograr más independencia de los rusos está poniendo de nuevo sobre la mesa utilizar más energía nuclear y carbón para equilibrar su suministro energético, siendo este último el combustible fósil que más contribuye al cambio climático.

La expansión de los bonos verdes

Otra tendencia destinada a mejorar el ámbito medioambiental es la esperada expansión a gran escala del mercado de bonos verdes emitidos por gobiernos y entes supranacionales para pagar proyectos que ayuden a adaptarnos a un clima cambiante.

Este mercado de bonos verdes ha crecido drásticamente desde 2015, pero la emisión total aún sigue siendo pequeña en comparación con el mercado de bonos en general.

Según el Índice de Bonos Verdes de Bloomberg Barclays MSCI, históricamente la mayoría de los bonos para proyectos climáticos se centraban en frenar las emisiones, no en la adaptación al clima extremo, pero eso está empezando a cambiar.

Otra tendencia es la esperada expansión a gran escala del mercado de bonos verdes emitidos por gobiernos y entes supranacionales para pagar proyectos de adaptación al cambio climático.

En primer lugar, los bonos soberanos y los supranacionales han empezado a superar a los emisores corporativos con mayores valores de emisión de bonos verdes y, en segundo lugar, en 2020 y 2021 todos los nuevos bonos verdes soberanos elegibles para el Índice incluían también proyectos de adaptación al cambio climático, desde la mitigación de inundaciones hasta la mejora de las capacidades de modelización del clima.

La ONU estima que la cantidad anual que se destina a la adaptación al cambio climático en todo el mundo debe ser entre cinco y diez veces superior a la que se destina actualmente. A medida que el capital fluya hacia los proyectos necesarios, los inversores exigirán no solo una contabilidad del riesgo financiero y los rendimientos, sino medidas de su impacto, y formas de calificar estas inversiones como ‘verdes’.

Lo anterior podría impulsar un círculo virtuoso de garantía verde y flujo de capital hacia el fortalecimiento de la resiliencia de nuestras sociedades.

El lavado verde de los fondos ASG será más difícil

Los flujos de entrada a los fondos ASG en estos últimos meses han sido vertiginosos, pero a medida que estos han ido creciendo, también han surgido dudas sobre la credibilidad de los fondos.

Los inversores actuales se enfrentan a una terminología, definiciones y etiquetas confusas en materia de ASG que propician la existencia del greenwashing. Mientras que los inversores institucionales ya pueden recurrir en la actualidad a una serie de herramientas para evaluar un fondo -ya sean informes de transparencia, normas de divulgación o calificaciones de fondos-, los inversores particulares disponen de muchas menos.

Clasificaciones obligatorias como las del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR) de la Unión Europea están reforzando la calidad de las divulgaciones en los fondos ASG de Europa, mientras que, en los Estados Unidos, la Comisión de Valores y Bolsa ha puesto al sector de la inversión sobre aviso con pronunciamientos y boletines que destacan las deficiencias en la divulgación y las prácticas en sus exámenes de las declaraciones ASG de los fondos.

Por tanto, evitar el greenwashing y tomar decisiones más informadas pronto podría ser mucho más fácil, ya que la información sobre los objetivos ASG de un fondo, su enfoque y sus características cuantitativas financieras y no financieras formarán parte del conjunto de información por defecto para todos los inversores.

Evitar el 'greenwashing' y tomar decisiones más informadas pronto podría ser mucho más fácil, ya que los inversores tendrán más datos para evaluar los fondos ASG.

Divergencias vs. convergencias en los estándares

La divergencia en cuanto a definiciones y normas de inversión sostenible parece que va a seguir existiendo, ya que mientras se observa una convergencia en algunos ámbitos básicos, hay indicios de una mayor fragmentación, impulsada por las diferentes prioridades regionales.

Los signos más esperanzadores de convergencia se encuentran en las divulgaciones relacionadas con el clima, especialmente las que se centran en las métricas básicas a nivel de empresa, como las emisiones de gases de efecto invernadero, y en el avance de los parámetros comunes para el análisis del riesgo climático.

Las directrices del Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera Relacionada con el Clima (TCFD) se han convertido en un punto de referencia común entre los responsables de la política financiera mundial y los reguladores. También, se observa un creciente consenso sobre la utilidad de los escenarios de referencia comunes para las pruebas de resistencia, especialmente los propuestos por la Red de Bancos Centrales y Supervisores para la Ecologización del Sistema Financiero (NGFS).

Sin embargo, más allá del riesgo climático la convergencia parece más difícil. Por ejemplo, aunque varios mercados han explorado requisitos de información relacionados con el capital humano y la diversidad de la plantilla, tanto los requisitos de información propuestos como los reales están muy fragmentados, dependiendo del enfoque clave de cada mercado.

Los índices, calificaciones o ratings ASG, por su parte, van a requerir de códigos de conducta que dejen claro cómo están generados y expliquen lo que captan y lo que no a la hora de construir sus calificaciones.

Según MSCI, una calificación ASG solo proporciona una lente de relevancia financiera que se centra en cuestiones de resistencia empresarial, seleccionando y ponderando solo un subconjunto de factores ASG.

Para muchos inversores institucionales, lo anterior no es nada nuevo. El uso de diferentes datos y puntuaciones ASG para cumplir distintos objetivos forma parte de su proceso desde hace tiempo. Mientras, para el resto del mercado, las nuevas normas de etiquetado y las iniciativas de transparencia para los fondos están estrechando la conexión entre las diferentes cuestiones ASG y la información necesaria para responderlas.

Los ratings o índices ASG van a requerir de códigos de conducta que dejen claro cómo están generados y expliquen qué captan y lo que no a la hora de construir sus calificaciones.

A medida que los reguladores y los organismos de normalización se centren en las calificaciones ASG, un posible resultado podría ser la adopción de mejores prácticas que expliquen el propósito de una calificación ASG y sus fuentes de datos y opciones metodológicas.

Riesgos y oportunidades en el horizonte

El informe de MSCI finaliza con un repaso a algunos riesgos a los que nos enfrentamos y las oportunidades que de ellos surgen.

Para los autores, la biodiversidad y el futuro de la alimentación están íntimamente ligados y, si no cambiamos drásticamente la producción de alimentos y los hábitos alimentarios, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad los cambiarán por nosotros.

También destacan que se avecina otra crisis sanitaria y que solo una gran inversión en nuevos antibióticos y una gran reducción del uso cotidiano podrían evitar que millones de personas mueran cada año por infecciones bacterianas tratables de aquí a 2050.

Por último, resalta la necesidad de encontrar el nexo entre la necesidad y la capacidad de inversión para alcanzar una transición climática justa, ya que de lo contrario es poco probable que los esfuerzos para frenar el riesgo climático tengan éxito si las poblaciones más vulnerables son dejadas atrás.

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