Conservación de la biodiversidad, seguro de vida para el planeta - Haz

La conservación de la biodiversidad, el seguro de vida del planeta

Las poblaciones de animales vertebrados de la Tierra han disminuido un 69% en los últimos 50 años, casi el doble que hasta hace diez años, cuando se habían reducido un 38%, es decir, en la última década se ha acelerado su desaparición. Son datos del ‘Informe Planeta Vivo’ de 2022 elaborado por WWF y la Sociedad Zoológica de Londres, que alertan de la necesidad de un acuerdo global para recuperar la fauna y flora mundial antes de 2030. Mientras eso ocurre, entidades, empresas y comunidades locales en todo el mundo trabajan ya en proyectos e iniciativas que tratan de atajar estas previsiones y aportan el punto de esperanza ante un ingente reto que, de no enfrentarse, podría poner en jaque la vida en el planeta.

La inacción climática es, a día de hoy, el mayor peligro para la prosperidad mundial según las conclusiones del último informe Global Risk Report 2022, que cada año elabora el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), y que analiza los principales riesgos a nivel internacional en función de su impacto y del grado de probabilidad de que ocurran.

El año pasado, la lista de riesgos la encabezaba la crisis sanitaria, pero en 2022, los casi 12.000 expertos consultados para la elaboración de este documento señalaron las consecuencias del cambio climático, los desastres naturales y la pérdida de biodiversidad como las tres amenazas más graves a las que deberemos enfrentarnos durante la próxima década.

Y es precisamente en materia de biodiversidad donde incide el Informe Planeta Vivo 2022, elaborado por WWF y la Sociedad Zoológica de Londres cada dos años desde 1998 como una de la más exhaustivas evaluaciones del estado de la biodiversidad, destacando que cada año se pierden unos 10 millones de hectáreas de bosques, “una superficie similar a Portugal”, según el documento, que alerta, además, de que la disminución más pronunciada en lo que se refiere al tamaño promedio de la población de vida silvestre ha ocurrido en América Latina y el Caribe, incluida la Amazonía, la selva tropical más grande del mundo, con una caída del 94% en 48 años.

“Estamos cada vez más solos en el planeta”, señalaba durante la presentación del informe -que analiza casi 32.000 poblaciones de 5.230 especies de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en todo el mundo- el director de WWF España, Juan Carlos del Olmo, que recordaba que “ya no basta con proteger espacios, debemos hacer transformaciones en todo el sistema económico y financiero, y volcarnos en esta década en la restauración, en curar las heridas”.

“Vivimos una emergencia planetaria que requiere de forma urgente acciones transformadoras de gobiernos, empresas e individuos para revertir la situación”, coincidía Enrique Segovia, director de Conservación de WWF España.

Acciones para provocar el cambio

Sin embargo, y gracias a herramientas como este mismo Informe o la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se sabe en qué lugares están los puntos calientes’ de las amenazas y, por tanto, dónde y cómo actuar con proyectos concretos, reduciendo las emisiones contaminantes, poniendo en marcha soluciones basadas en la naturaleza, y fomentando aspectos como las cadenas de suministros sostenibles y justas o las iniciativas de restauración.

Porque sí, la buena noticia es que todo el daño es evitable y reparable, pero “nos hace falta un plan, un objetivo mundial común por la naturaleza, que sea global y que se aplique a nivel local en un plazo concreto, siguiendo el ejemplo del Acuerdo de París”, apunta Juan Carlos del Olmo, que reclama “lo mismo para revertir la pérdida de la naturaleza, para que tengamos una naturaleza en positivo para el año 2030”.


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De hecho, en Planeta Vivo 2022 hay muchos ejemplos de cosas que pueden hacerse bien: en Kenia, con el uso de semillas autóctonas resistentes a la sequía; en Australia, aplicando el conocimiento indígena a la gestión del agua, o en Zambia, con la regeneración natural de los bosques.

En el caso de Kenia, la iniciativa puesta en marcha tiene que ver con atajar las repercusiones del cambio climático en las comunidades más vulnerables a este fenómeno, que generalmente, y como ocurre en este caso, viven en países del Sur. Pese a contar con recursos limitados, algunas de esas comunidades están poniendo en marcha soluciones creativas que benefician, no solo a los habitantes de la zona, sino también a la propia naturaleza, simplemente aplicando sus conocimientos locales.

Para apoyar esos esfuerzos se ha creado la alianza Voces por la Acción Climática Justa (Voices for Just Climate Action, VCA), que cuenta entre sus miembros con WWF Holanda y el apoyo hasta 2025 del Ministerio de Asuntos Exteriores holandés a nivel técnico y económico con una subvención de 55 millones de euros.

El proyecto se desarrolla en Amboseli (Kenia), donde las comunidades masái de la zona ven amenazada su seguridad alimentaria y en general sus medios de subsistencia debido a las intensas sequías. Su supervivencia depende completamente de la venta de ganado, que ha empeorado su salud debido a estas sequías. Las mujeres masái, que normalmente se quedan en casa mientras los hombres pasan toda la jornada con sus rebaños buscando pastos verdes, asumen completamente la responsabilidad del bienestar y el cuidado de sus familias.

Y en este caso, en Esiteti, un pueblo en Amboseli, han demostrado su creatividad ante las dificultades creando un sistema de trueque con agricultores y ganaderos que viven en Tanzania, junto a la frontera. Con ellos intercambian magadi, un tipo de sal mineral extraída del suelo que abunda en su región, por artículos como alubias, patatas, aceite para cocinar y azúcar. Este acuerdo, que beneficia a ambas partes, es posible gracias al cambio de clima tan pronunciado entre las zonas fronterizas de ambos países: la parte tanzana está situada a los pies del Kilimanjaro, donde la sequía no es tan intensa como en Kenia, y el magadi es una alternativa más saludable que la sal mineral que no se encuentra fácilmente en Tanzania.

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<p>Dos imágenes del proyecto desarrollado en Zambia para combatir la inseguridad hídrica. Fotos: WWF y VCA.</p>

Dos imágenes del proyecto desarrollado en Zambia para combatir la inseguridad hídrica. Fotos: WWF y VCA.

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<p>Dos imágenes del proyecto desarrollado en Zambia para combatir la inseguridad hídrica. Fotos: WWF y VCA.</p>

Dos imágenes del proyecto desarrollado en Zambia para combatir la inseguridad hídrica. Fotos: WWF y VCA.

En Zambia, el aumento de las temperaturas y el cambio de los patrones pluviales han provocado un aumento en la frecuencia de inundaciones y sequías, lo que ha desestabilizado los sistemas hídricos, que resultan fundamentales para el mantenimiento de los ecosistemas y para la subsistencia y la salud de las comunidades locales, especialmente en la provincia Sur y en la de Lusaka, donde la escasez de agua es extrema por culpa de los periodos prolongados de sequía, la tala de árboles y la alteración de las cuencas hidrográficas.

Las repercusiones de esta inseguridad hídrica son tanto ambientales como sociales y las sufren especialmente las mujeres y las niñas, que son quienes soportan la carga de proveer las necesidades básicas de sus familias. Pero la iniciativa local Smart Agriculture AlliancClimatee (CSAA) está trabajando con miembros de la comunidad de la zona en la plantación de cultivos de variedades autóctonas en las cuencas hidrográficas de uno de los distritos de Chikankata para proteger los recursos hídricos de cara a su uso futuro y, a la vez, impulsar la regeneración de las zonas reforestadas.

De esta forma, se refuerza y amplifica una solución local para esta crisis, a la vez que se facilita que las personas más afectadas por la escasez de agua puedan asumir la responsabilidad de gestionar este recurso de manera sostenible. En resumen, los miembros de la comunidad local gestionan las cuencas hidrográficas, protegiéndolas y preservándolas, al tiempo que refuerzan su resiliencia ante los efectos de la crisis climática.

“Nos hace falta un plan, un objetivo mundial común por la naturaleza, que sea global y que se aplique a nivel local en un plazo concreto, siguiendo el ejemplo del Acuerdo de París”, Juan Carlos del Olmo.

En el sureste de Australia, el proyecto National Cultural Flows Research Project (NCFRP) apoya el desarrollo de capacidades, el consentimiento libre, previo e informado y la ciencia liderada por personas indígenas, ya que estas comunidades cuentan con conocimientos adquiridos a lo largo de muchas generaciones de observación y experiencia en su territorio. Por eso, NCFRP ha elaborado una evaluación de los valores culturales aborígenes relacionados con el agua y metodologías para analizar los beneficios para el bienestar, la salud y los aspectos socioeconómicos y ambientales, aportando recomendaciones y cambios en las políticas, las leyes y las instituciones para hacer posible la implementación de flujos culturales.

Y es que, los conocimientos, puntos de vista e investigaciones indígenas pueden enriquecer datos y complementar a la ciencia occidental, creando una base común para una verdadera investigación intercultural. Por eso, este proyecto aboga por integrar los paradigmas indígenas en la planificación hídrica para la protección y el reconocimiento de los diferentes tipos de cursos de agua.

Iniciativas de proximidad en pro de la biodiversidad

Más cerca, aquí en Europa, en enero de 2021, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció un Pan de Acción común para proteger el Mediterráneo, al que se unió España y varios países ribereños del Mare Nostrum para lograr el compromiso mundial de proteger el 30% de la biodiversidad terrestre y marina de aquí a diez años.

Por su parte, la Fundación Global Nature desarrolla numerosos proyectos relacionados con la conservación de la biodiversidad, entre ellos, ‘Pastoreo ibérico por la biodiversidad’, una iniciativa que servirá para poner en marcha varias experiencias piloto en regiones españolas con zonas de alto valor ambiental que necesitan ser preservadas, y donde la ganadería caprina es un recurso clave ubicadas en Castilla-La Mancha, Extremadura y la Comunidad Valenciana.

Este proyecto nace con el apoyo de la compañía Kering y la organización Conservation International, que impulsan conjuntamente un Fondo Regenerativo para la Naturaleza que busca apoyar la transición de la industria de la moda hacia la agricultura regenerativa y su objetivo es transformar un millón de hectáreas de cultivos y pastizales en espacios de pastoreo regenerativos en los próximos cinco años. Fundación Global Nature, ha sido el partner español seleccionado para participar en el proyecto.

<p>'Pastoreo ibérico por la biodiversidad’ es una iniciativa desarrollada por la Fundación Global Nature para la conservación de la biodiversidad. Foto: Fundación Global Nature.</p>

'Pastoreo ibérico por la biodiversidad’ es una iniciativa desarrollada por la Fundación Global Nature para la conservación de la biodiversidad. Foto: Fundación Global Nature.

También grandes compañías, como es el caso de Suez, ponen en marcha iniciativas relacionadas con la reparación de ecosistemas para evitar la pérdida de biodiversidad. El grupo, dedicado al tratamiento de aguas, la gestión de residuos y el mantenimiento, cuenta con un proyecto de este tipo en la planta depuradora de Palau Saverdera, en Girona, colindante con el espacio natural protegido Dels Aiguamolls de l’Empordà, una zona que ha convertido en un refugio para la reproducción y reintroducción de anfibios amenazados, como el sapo de espuelas o el tritón verde.

Asimismo, en las lagunas de Cabezo Beaza (Cartagena), que almacenan agua regenerada de una planta de tratamiento, se ha conseguido acoger a 30 especies de aves acuáticas -14 de ellas incluidas en catálogos de conservación- y repoblar la malvasía cabeciblanca, un pato buceador con una población muy escasa y localizada. Y en las depuradoras de Olot y Sant Joan de les Fonts, en la comarca gerundense de La Garrotxa, la compañía ha creado dos jardines de mariposas y un hábitat de herbazal para favorecer a estas especies y mejorar la biodiversidad del entorno.

Suez también cuenta con otros proyectos de este tipo pensados para implicar directamente a los empleados de sus instalaciones, que reciben formación para colaborar, por ejemplo, en el seguimiento de aves que viven junto a las plantas de tratamiento. El programa BiObserva Voluntariado, implantado en 95 instalaciones, cuenta ya con la participación de más de 270 trabajadores cuyos avistamientos de avifauna son registrados en una aplicación móvil y en plataformas web de acceso público.

Las cerca de 60.000 observaciones realizadas hasta ahora han sido utilizadas internamente por el grupo para realizar planes de acción específicos y también puestas a disposición de los científicos en la plataforma mundial de información de biodiversidad GBIF, apoyada por el Ministerio de Ciencia e Innovación y gestionada a través del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), convirtiendo a la compañía, hasta la fecha, en la entidad privada en España que más registros aporta.

“Todavía estamos a tiempo de actuar, pero hay que darse prisa. Tenemos muchas soluciones a nuestra disposición, desarrolladas por muchas partes interesadas diferentes, desde empresas a pueblos indígenas y comunidades locales, y que incluyen desde las iniciativas de revelación de datos financieros para armonizar y comprender mejor el impacto de las finanzas, a los enfoques de uso múltiple del paisaje o los estudios de caso detallados en este documento”, señala el Informe Planeta Vivo.

Todos ellos son la prueba de que, trabajando conjuntamente y desde todos los frentes, aún es posible salvaguardar la biodiversidad y recuperar los paisajes, para que podamos disfrutar de nuevo de un verdadero planeta vivo.

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