"Cuando decides ser parte de la solución, se vuelve una tarea a tiempo completo"

Gustavo Pérez Berlanga es director de Responsabilidad Social y Sostenibilidad de Restaurantes Toks, una de las cadenas de restauración más importantes de México. Considerado en Latinoamérica como un referente en RSC, habla en esta entrevista a 'Revista Haz' sobre los principales retos que enfrentamos como sociedad, así como de su trabajo en el campo de la responsabilidad empresarial y de cómo contribuir a la sociedad. Su empresa trabaja con colectivos desfavorecidos y de escasos recursos a los que integra como proveedores para poner en valor su trabajo y mejorar sus condiciones de vida.
<p>Pérez Berlanga está considerando un referente en responsabilidad social empresarial y ha ayudado a sacar de la pobreza a 15.000 personas en México. </p>

Pérez Berlanga está considerando un referente en responsabilidad social empresarial y ha ayudado a sacar de la pobreza a 15.000 personas en México.

Para Gustavo Pérez Berlanga luchar contra el cambio climático es uno de los principales retos de la sociedad y, para no ir directos al abismo y revertir todo el daño que hemos causado al planeta, cree que se necesita un esfuerzo colectivo.

“Muchos no entienden la gravedad del cambio climático. Lo ven como algo muy alejado. No es un tema que incumbe solo a las empresas, a los gobiernos o a las organizaciones de la sociedad civil. Es algo que nos involucra a todos. Es posible impactar tanto desde el consumo individual como desde las decisiones de las organizaciones”, expresa el responsable de Sostenibilidad de Restaurantes Toks.

Pérez Berlanga ha implementado iniciativas responsables y sostenibles como director de Responsabilidad Social y Sostenibilidad del Grupo Restaurantero Gigante (antes Grupo Toks) en México, beneficiando a miles de personas en todo el país. Sus acciones abarcan temas sociales, ambientales y empresariales, como la igualdad de género, producción y consumo responsable, reforestación y salud, entre otros.

Es catedrático de la Universidad Anáhuac y profesor invitado en escuelas de negocio como el Ipade o la de la Universidad de Harvard. Autor de tres libros, dos de ellos sobre erradicación de la pobreza en comunidades indígenas y otro sobre prevención del delito, también es conferenciante internacional y sus iniciativas de sostenibilidad han sido premiadas en todo el mundo.

En 2018 fue reconocido como uno de los líderes en sostenibilidad del mundo por la revista Real Leaders de Estados Unidos y, en 2017, como uno de los diez pioneros en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. También ha sido reconocido por su liderazgo en sosteniblidad por el Instituto de Emprendimiento Social de Hong Kong.

Cuenta con una licenciatura en Administración y Finanzas, y grados en Mercadotecnia, Responsabilidad Social y en Alta Dirección por el Ipade Business School. Actualmente es doctorando en Bioética Aplicada en la Universidad Anáhuac.

Integrar a colectivos vulnerables

Grupo Gigante inició sus operaciones en 1971 a través de Restaurantes Toks y, en la actualidad, cuenta con más de 230 restaurantes en México, bajo los nombres de Toks (restaurante cafetería), Panda Express (fast food), Beer Factory and Food (casual dining), Shake Shack (fine casual) y El Farolito (restaurante de especialidad).

La cadena de Restaurantes Toks ha desarrollado ‘proyectos productivos’ con comunidades desfavorecidas, que buscan generar las condiciones para una vida digna de estos colectivos, el empoderamiento de mujeres y productos innovadores de alto valor para la cadena. Desde 2003, decidió integrar a su cadena de valor a pequeños productores, para que se convirtieran en proveedores de la marca. Esto con el propósito de eliminar intermediarios y crear una derrama económica que los apoye a ellos y sus familias. Con el paso del tiempo, la iniciativa creció de forma considerable y se extendió a los estados de Guanajuato, Oaxaca, Ciudad de México, Guerrero, Estado de México, Chiapas y Veracruz.

Un ejemplo de esos proyectos es la vinculación con la región del Tacaná, de donde proviene el café que se puede degustar en sus locales. Allí, además de comprar el producto, la empresa ofrece programas de salud o reforestación.

Otro ejemplo es el emprendimiento familiar Miel de la Montaña Amuzga, una de las iniciativas que más ha crecido, ya que actualmente cobija a más de 50 personas en el estado de Guerrero. Esta miel, generada de manera sustentable, es parte del menú de los restaurantes.

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<p>Pérez Berlanga instauró en su empresa el programa Proyectos Productivos, integrando a pequeños productores a su cadena de valor en un modelo de comercio justo, sostenible y socialmente responsable. </p>

Pérez Berlanga instauró en su empresa el programa Proyectos Productivos, integrando a pequeños productores a su cadena de valor en un modelo de comercio justo, sostenible y socialmente responsable.

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Pérez Berlanga instauró en su empresa el programa Proyectos Productivos, integrando a pequeños productores a su cadena de valor en un modelo de comercio justo, sostenible y socialmente responsable.

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<p>Pérez Berlanga instauró en su empresa el programa Proyectos Productivos, integrando a pequeños productores a su cadena de valor en un modelo de comercio justo, sostenible y socialmente responsable. </p>

Pérez Berlanga instauró en su empresa el programa Proyectos Productivos, integrando a pequeños productores a su cadena de valor en un modelo de comercio justo, sostenible y socialmente responsable.

Sobre los retos a los que se enfrenta América Latina, Pérez Berlanga cita la pobreza, el hambre, la seguridad, la violencia género, discapacidad, educación, salud y trata de personas.

En materia ambiental, menciona las emisiones de CO2, la contaminación del aire, la degradación del suelo y el manejo de residuos.

¿Cuáles son las experiencias que te han movilizado a seguir generando impacto social y ambiental?

He tenido experiencias que me han marcado de por vida. Una de las más significativas ocurrió en 2003 cuando la presidenta de una fundación de niños quemados de la Ciudad de México me invitó a conocer la entidad para que la apoyara. Yo iba con poco tiempo y tenía muchas cosas en la cabeza sobre la empresa que tenía que resolver.

Me preguntó si quería ver una curación y le dije que sí. A través de un cristal, vi a un niño de seis años con quemaduras de tercer grado en el 90% de su cuerpo. Al conocer lo que había sucedido, me di cuenta de que el pequeño podría no haberse quemado si hubiera habido un adulto responsable a su alrededor. Me fui llorando. Después reflexioné sobre qué se podía hacer. A partir de ese suceso, elijo transitar entre dos mundos: el de la reflexión y el de la acción.

Una injusticia que moviliza a Pérez Berlanga es cuando visita una comunidad indígena y ve la deforestación que se ha producido. O cuando ve a saqueadores de huevos de tortuga en el Golfo de México, a pocos metros de donde él se encuentra haciendo conservación. “Hay dos caminos posibles: o eres parte de la solución o eres parte del problema. Cuando decides ser parte de la solución, esa misión se vuelve una tarea a tiempo completo. El activismo es permanente”, señala este referente de responsabilidad social empresarial.

¿Por qué te parece importante trabajar desde la empresa en la prevención del delito?

Primero es necesario reconocer qué es la violencia, cómo se da y qué tenemos normalizado como sociedad. Si yo contribuyo a que un pequeño productor de café tenga ingresos dignos y pueda quedarse en su tierra, no migrará a la Ciudad de México, y así se evitará que vea en el delito una alternativa.

Todo está conectado. Y se requiere una visión integral. Las personas en general privilegiamos el individualismo, pero cuando se piensa en términos de colectividad todo cambia. Como tenemos 10.000 colaboradores, 30 millones de clientes anuales y 230 puntos de venta, no somos ajenos a los delitos que suceden en todas sus variables. Hemos puesto en marcha numerosos programas antiviolencia en la empresa. Utilizamos una herramienta que se llama Violentómetro, desarrollada en una universidad mexicana.


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Según Pérez Berlanga, el compromiso social de Toks fue un proceso de prueba y error, de aprender sobre la marcha. “No sabíamos sobre cómo trabajar con comunidades indígenas, o con la pobreza, ni cómo integrar a pequeños productores a la cadena de valor. Después, vino una etapa de analizar mucho lo que implicaba, y se fueron capitalizando los aprendizajes y también documentando para dejar constancia del camino recorrido”, señala.

Uno de esos aprendizajes es la importancia de buscar la colaboración de otros colectivos. De los 80 proyectos que opera la empresa, 79 se desarrollan con alianzas con gobiernos, universidades, organizaciones locales u organismos internacionales. “No tenemos el conocimiento absoluto. Por eso, con cada aliado con el que hacemos un proyecto generamos un esquema ganar-ganar. Así se aprovecha la fortaleza de cada uno”, expresa.

Otro aprendizaje es que no se puede correr en desarrollos comunitarios, pero tampoco uno se puede detener. “Esto quiere decir sin prisa, pero sin pausa. Nos puede llevar hasta tres años entender a una comunidad. El tiempo promedio es de un año. El problema es que no hay muchas empresas dispuestas a esperar este tiempo. Hay que entender que sus tiempos son distintos a los de los que vivimos en grandes ciudades”, agrega.

Una tercera lección que apunta Pérez Berlanga es que nunca se debe bajar la guardia. “Hay que hacer dos cosas en esta vida: dejar un mejor planeta del que encontramos y dejar mejores hijos al planeta. Cada vez que intervenimos en una comunidad, hacemos activismo y estamos ‘evangelizando’ a aquellos grupos para que ellos también hagan lo propio. Es importante generar una cadena virtuosa de corresponsabilidad”, señala.

¿Cuál es su sueño con relación a Toks?

Hace ya varios años decidí que a cierta edad iba a moverme hacia el campo de la enseñanza. Me quedarán unos cinco años de vida profesional activa en esta empresa. Hasta ahora, he contribuido a sacar a 15.000 personas de la pobreza. Si llegó a 50.000 me doy por satisfecho. También quiero lograr rescatar 20.000 hectáreas de selvas y bosques en México. No es un trabajo de un solo hombre, sino de un equipo. Ahora es importante transferir todo el conocimiento a otras personas. Mi sueño es formar formadores.

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