"El modelo de microfinanzas es siempre muy local, hay que adaptarlo al terreno"

HAZ1 julio 2008

El BBVA dio un paso importante con la decisión de constituir la Fundación Microfinanzas BBVA. Se trata de una decisión valiente. ¿Cuáles fueron las razones que impulsaron al grupo a dar este paso tan trascendental?

La idea es bastante innovadora con respecto a lo que veníamos haciendo en el ámbito de la Responsabilidad Corporativa. Todo nace de una reflexión sobre su eficacia. Simplemente nos preguntamos cómo podríamos realizar una contribución social verdaderamente significativa, y nos pareció que el mundo de las microfinanzas era un área muy cercana a lo que nosotros sabíamos hacer, muy ligada a nuestra actividad natural: llevamos 150 años haciendo banca, por lo que las microfinanzas nos resultaban muy cercanas. Es más, yo diría que las microfinanzas resultan un sector de actuación natural para cualquier institución financiera, no sólo para nuestro banco.

Por otra parte, las instituciones microfinancieras en América Latina venían creciendo de manera espectacular en los últimos años (entre el año 2004 y 2005 las 40 principales IMF latinoamericanas aumentaron su cartera de crédito casi 2.000 millones de dólares), y, además, con rentabilidades muy atractivas (el ROE ajustado alcanzó un promedio del 24% en el 2005). ¿Cómo es que ha tardado tanto la banca «convencional» en descubrir el atractivo de este mercado?

La banca en las últimas décadas ha crecido mucho. En concreto, la banca española se ha expandido a otros países y ha aumentado considerablemente su tamaño. Es lógico que este nuevo mercado de las microfinanzas, mucho más desconocido para la banca tradicional, haya sido descuidado en las fases iniciales de expansión. Se percibía como un mercado de alto riesgo y, ¿por qué arriesgarse cuando existían oportunidades de crecer en mercados y segmentos que conocíamos bien y en los que teníamos cierto expertise? Y, efectivamente, cuando después nos acercamos a este mundo nos dimos cuenta de que las capacidades que la banca tradicional había desarrollado no eran muy útiles en el sector de las microfinanzas.

Pensemos, por ejemplo, en las herramientas para evaluar la capacidad y la voluntad de pago: los bancos hemos aplicado el análisis estadístico y hemos exigido colaterales. En el mundo de las microfinanzas, en el que los clientes no disponen de garantías ni avales, esa capacidad analítica deja de tener sentido. Las capacidades de análisis que hemos venido desarrollando en banca convencional nacen en gran parte en la necesidad de disminuir el coste de análisis y sustituirlo por garantías colaterales. Las microfinanzas, sin embargo, requieren una aproximación muy diferente al problema.

La estrategia del banco para abordar este «nuevo mercado» ha sido muy «peculiar»: la fundación ha decidido tomar una participación mayoritaria en varias instituciones microfinancieras ya existentes en Perú y Colombia. ¿Por qué el banco se inclinó por comprar, en lugar de desarrollar la tecnología desde su propia estructura? y ¿por qué, si la razón fue hacerse rápidamente con la tecnología, no se inclinó por otras instituciones microfinancieras más conocidas y eficientes?

Cuando nos acercamos a este mundo lo primero que constatamos fue el pequeño tamaño de las entidades microfinancieras (IMF). En realidad, cuando hablamos de grandes entidades microfinancieras nos estamos refiriendo a organizaciones que, como mucho, tienen alrededor de 500.000 clientes. En la actualidad, sólo en Latinoamérica hay más de 67 millones de personas que viven de las microempresas, pero apenas un 6,4% tienen acceso a los servicios financieros formales. La atomización actual de las entidades microfinancieras les impide tener economías de escala suficientes como dar el salto que la magnitud del problema requiere.

Por tanto, si queremos abordar el problema de forma significativa, hay que buscar incrementar la escala sustancialmente. La fundación pretende hacerlo de dos maneras: construyendo la red a través de la adquisición de entidades preexistentes con forma societaria, o creando entidades nuevas, en colaboración con entidades preexistentes sin forma societaria. Y lo hace con el pleno acuerdo de las entidades que adquiere o con las que colabora, manteniendo participaciones de referencia y preferentemente mayoritarias, que permitan controlar a la entidad.

Da la impresión, a primera vista, que lo más aconsejable hubiese sido comprar IMF que pertenecen a la misma familia, comparten la misma tecnología. El banco, sin embargo, ha optado por comprar en Colombia varias entidades no reguladas y en Perú dos cajas de ahorro. Si el banco pretende fusionar los modelos se puede encontrar con muchas dificultades.

Salvo en casos específicos, no tenemos intención de fusionar las entidades microfinancieras adquiridas o creadas. El modelo de crecimiento nuestro es distinto al del banco. No buscamos clones. Por el contrario, nos parece que el modelo de microfinanzas es siempre muy «local», hay que adaptarlo mucho al terreno y, en este sentido, tiene muy poco sentido uniformizar las actividades. Muy probablemente, el nombre de la fundación ni siquiera aparezca en las entidades participadas, pues no nos parece relevante. Nuestra intención es mantener la autonomía de cada institución y proporcionarle todo lo necesario para impulsar su crecimiento: capital, fortaleza financiera, acceso a los mercados, tecnología, códigos de conducta, etc.

¿La fundación se va a limitar a comprar instituciones microfinancieras o tiene intención de impulsar otras acciones y programas de capacitación, formación, etc., en el ámbito de las microfinanzas?

Nuestro fin primordial es proporcionar a las IMF todas las ventajas de estar integradas en una gran red especializada en microfi nanzas. Les vamos a ayudar tecnológicamente, también a fortalecer sus procesos y desarrollar sus circuitos, les vamos a asesorar en todas las áreas de gestión, de desarrollo de nuevos productos (seguros, remesas, transferencias), a la hora de establecer una buena interlocución con los reguladores, etc. Y a las organizaciones que todavía no están reguladas les ayudaremos en el proceso de regulación. Nuestro objetivo es impulsar también otras líneas complementarias, entre las que se encuentra la formación, no sólo de los profesionales del sector, sino también de nuestros clientes.

Además pretendemos participar en congresos, seminarios, desarrollar publicaciones e investigaciones, es decir, todo aquello que permita impulsar el mundo de las microfinanzas. Antes mencionaba nuestro interés por impulsar la plataforma tecnológica; pues bien, otro de nuestros objetivos es desarrollar una plataforma abierta que pueda aprovechar todo el mundo, no sólo los socios de la red.

En todo caso la decisión del grupo de incursionar en las microfinanzas comporta riesgos importantes. Por una parte están los riesgos para la reputación del banco derivados de las «altas» tasas de interés propias de este mercado. Si no se explican bien las peculiaridades de estos «clientes», se corre el riesgo de ser acusado de «usurero». ¿Cómo piensa el banco afrontar este problema?

La pregunta es muy pertinente. Somos una entidad independiente, pero detrás la gente ve al banco y existe un riesgo de contaminación grande que no se puede obviar. Ahora bien, no creo que los riesgos reputacionales sean muy diferentes a los que el banco ha venido enfrentando hasta ahora. En la banca siempre existe el riesgo de que una determinada empresa o proyecto, que ha obtenido financiación, pueda afectar a la entidad financiara por una mala conducta. Con el fin de evitar esos riesgos nuestro banco ha aprendido a desarrollar mecanismos de protección bastante efi caces.

En relación con el problema de las «altas» tasas de interés, no es algo que nos preocupe. La fundación no persigue la mayor rentabilidad en sus operaciones, sino una «rentabilidad sostenible», es decir una rentabilidad que permita sostener el coste de nuestras operaciones. Una vez cubiertos estos costes, nuestra función es llegar al mayor número de clientes, y a eso sólo se puede llegar bajando las tasas de interés.

El otro peligro es querer «subsidiar» las tasas, en cuyo caso la fundación haría un flaco favor a la industria y terminaría distorsionando el mercado, incurriendo en una competencia desleal con otros proveedores de fondos. Es la acusación que se hace, con mucho fundamento, a la AECI, que en lugar de prestar y ayudar a instituciones más pequeñas o sectores más difíciles (como puede ser el sector rural), que es el rol propio de una institución pública, se ha centrado en las organizaciones más grandes y rentables, que están en condiciones de acudir al mercado, prestándoles en condiciones preferentes.

Nuestra institución nace con la vocación de hacer accesibles los servicios financieros a la gente más necesitada, y este objetivo lo queremos llevar a cabo sin ánimo de lucro. No buscamos ningún retorno para la fundación ni para el banco: los posibles beneficios se reinvertirán mayoritariamente en la actividad de la fundación. Eso no quiere decir que las entidades vinculadas a la red de la fundación no busquen la rentabilidad, pues todas ellas tienen que ser sostenibles económicamente. En todo caso, el subsidio no tiene lugar en nuestro esquema conceptual: entendemos que los clientes a los que sirven las IMF tienen suficiente capacidad para asumir los costes financieros que suponen los préstamos y pueden además obtener un beneficio por su actividad.

Introducir el subsidio en las operaciones sólo conseguiría distorsionar el mercado y la necesaria competencia. Buscamos ayudar al microempresario desde la viabilidad económica de su negocio. Nuestra idea es acompañar a este pequeño emprendedor en sus primeros pasos, para que se integre en el sistema formal. Una vez integrados, la fundación buscará nuevos clientes que no lo estén.

Por último, ¿cuáles son los planes a corto y medio plazo que tiene la fundación?

Nuestra tarea fundamental es construir e impulsar la red. En este momento estamos procediendo a completar y cerrar la operación de compra de varias organizaciones en Perú. En Colombia estamos dando los pasos para constituirnos en una entidad regulada. También estamos analizando operaciones de compra en otros países. Al mismo tiempo, como comenté anteriormente, trabajamos en el desarrollo de una plataforma tecnológica y en la elaboración de los Códigos de Buen Gobierno y de Conducta, tanto para la fundación como para la red.

Lo que nos gustaría sería conseguir que la red esté integrada por no menos de una veintena de entidades en el plazo de entre tres y cinco años, y después seguir creciendo, y ayudar a mejorar la efi ciencia de las entidades para que puedan atender a más clientes, con productos adaptados y más baratos. Porque nuestro objetivo último es extender todo lo posible la accesibilidad financiera a personas de bajos recursos. Somos conscientes de que tenemos una tarea inmensa por delante. Estamos hablando de un mercado de 2.800 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día.

Principales cifras

Clientes 213.372

Empleados 1.796

Oficinas 125

Volúmen de crédito vivo 275.923.555

Crédito medio 1.293

Fundación Microfinanzas BBVA: un paso más allá de la integridad y transparencia

La Fundación Microfinanzas BBVA está desarrollando una red global microfinanciera para extender los productos y servicios financieros a las personas de bajos ingresos, con el fin de que puedan iniciar actividades microempresariales y mejorar así su nivel de vida y el de sus familias.

La Red está presidida por una cultura común y un marco homogéneo de trabajo entre sus miembros. Las entidades integrantes comparten unos valores éticos similares orientados a la gestión, con una especial preocupación por la responsabilidad corporativa y la transparencia, dos de los elementos esenciales sobre los que se asienta la Red como marco de actividad y crecimiento compartido.

Para conseguirlo, la Fundación Microfinanzas BBVA ha propuesto a las entidades un Código de Gobierno Corporativo común, con una serie de buenas prácticas, normas y principios que la Fundación, de acuerdo con los estándares y las buenas prácticas generalizadamente aceptados internacionalmente, considera deseables para el buen gobierno de la Red y de cada entidad. Este documento se complementa con el Código de Conducta, una herramienta compartida por la Fundación y las entidades, y que supone el compromiso explícito de éstas con la integridad y la ética profesional. Además, es un marco de referencia dirigido a promover y garantizar los comportamientos que toda institución financiera precisa para preservar el desempeño profesional más recto y honesto.

CE
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