¿Qué aburre y qué sorprende de China?

HAZ1 julio 2008

China, el gigante asiático de dimensiones abrumadoras e imponente desarrollo económico, acumula contradicciones en cada paso, en cada día, en cada minuto, cada ciudad y cada persona. China es lentitud y rapidez extrema; calor agobiante y frío paralizador; ciudad de negocios y pueblo de campesinos; espiritualidad y consumismo… Cada movimiento en China hace respirar al visitante paradojas y contrasentidos. Intenta guardar celosa sus costumbres tradicionales en ciudades rodeadas de tiendas de comida rápida KFC y eso consigue arrancar corazones de quien la visita y se deja seducir por cada pizca de sabor y olor que componen el país rojo. Lo viejo y lo nuevo; lo cuidado y lo olvidado.

El té verde, los masajes, el ejercicio físico, la gastronomía y la vida en bicicleta empujan a creer que tenemos mucho que aprender de China, pero la realidad es que la nación roja es mucho más compleja, y ya tiene ciudades con un capitalismo feroz digno de Occidente. Ahora debe cuidar de que su crecimiento económico arrastre a todos los ciudadanos para dejar atrás la enorme brecha entre pobres y ricos. Las diferencias entre los pueblos y las ciudades, entre los campesinos y los empresarios son abismales y serán el gran impedimento para el país si quiere mantener un crecimiento sostenido y situarse a largo plazo entre las grandes potencias a nivel mundial.

Como en la mayoría de los mercados emergentes, existen importantes variaciones regionales y sectoriales, lo que significa una brecha entre las compañías que están haciendo un buen trabajo de aquellas que hacen muy poco o nada. Hay empresas que pueden llegar a ser líderes en la materia, mientras que otras apenas si tienen un compromiso. Sin embargo, esta circunstancia también se da en los países que forman parte de la OCDE. No obstante, la evidencia global, según pasan los años y los estudios ahondan en esta cuestión, es que hay un movimiento creciente en los mercados emergentes de adopción de medidas de responsabilidad social corporativa.

En líneas generales, las compañías de mercados emergentes suponen el 3,8% del FT500 –ranking del Financial Times que engloba las 500 empresas líderes del mercado— y el 4,6% del índice global Dow Jones que lo componen un total de 2.500 compañías. Las estadísticas de la OCDE demuestran que mientras la mayor parte de la inversión internacional se mueve originariamente en la OCDE, los países que no pertenecen a ella cada vez son fuentes más importantes del flujo de las inversiones.

Con base en estos datos, la OCDE realizó un estudio sobre las buenas prácticas en mercados emergentes en el que subraya que no hay tanta diferencia en responsabilidad social corporativa entre las compañías que pertenecen a los países de la OCDE con mayores ingresos y las de los mercados emergentes.

En concreto, las multinacionales chinas han hecho algunos progresos en alinear sus prácticas de dirección con las tendencias globales. Por ejemplo, la OCDE ha notado una rápida actualización por parte de las compañías chinas en lo que respecta a los sistemas de gestión medioambiental. Sin embargo, considera que aún queda mucho por mejorar, como es evidente desde los medios de comunicación chinos. Los negocios, por supuesto, no están solos a la hora de determinar si un país se lleva todos los benefi cios de la inversión. Un buen entorno regulador es necesario para facilitar la conducta del negocio responsable. China, como todos los países en desarrollo, se puede benefi ciar del marco político de la OCDE para la inversión, cuyo objetivo es ayudar a los gobiernos a crear un entorno que sea atractivo para los inversores nacionales y extranjeros y que haga llegar el beneficio de la inversión a la sociedad.

Un ejemplo chino: el programa GUANGCAI. Se trata de una iniciativa que nació en el sector privado del empresariado chino en 1994, con el objetivo de proporcionar financiación a las regiones asoladas por la pobreza en sus esfuerzos para mejorar sus condiciones de vida. El programa se ganó el estatus consultivo que concede Naciones Unidas, convirtiéndose en la quinta organización china no gubernamental en obtenerlo. Su visión se fundamenta en que el Gobierno por sí mismo y en solitario no puede resolver todos los problemas relacionados con la pobreza y considera que la pobreza no sólo es una responsabilidad social para las empresas, sino que además representa una oportunidad de negocio para ellas.

Cuenta con proyectos cuyo número puede rondar los 10.000, con una estimación de cerca de cinco millones de personas benefi ciarias de los mismos. El programa fue impulsado por 14.407 empresarios de China, la provincia de Taiwán y las regiones de Macao y Hong Kong. Esta organización ha redactado un Informe de Progreso del Pacto Mundial, destacado por su red local. El programa es conocido con el siguiente lema «no hacer nada ni es moral ni benefi cia». Ha conseguido que un total de 3,7 millones de personas recibieran formación y 7,6 millones de personas pudieron salir de la pobreza.

En otro nivel, CSC 9000: Norma China de RSE. Los fabricantes chinos han estado sometidos a muchos códigos de conducta extranjeros, lo que impulsó al Gobierno a crear una norma nacional para la gestión de la RSE en el sector textil: la norma CSC 9000.

Entre sus objetivos destaca la creación de un mercado de concurrencia local y la mejora de la imagen de la industria china en un escenario internacional. También busca proteger los derechos legales de los trabajadores, así como satisfacer a los consumidores mejorando la relación entre la empresa y la comunidad. Contempla diez campos de intervención: contrato, trabajo de menores, forzado, horario, salario, convenios, discriminación, acoso, higiene y seguridad, etc.

NORMATIVAS INTERNACIONALES

GLOBAL COMPACT. El Pacto Mundial se introdujo formalmente en China a través de un encuentro de alto nivel en Pekín en diciembre de 2001, de la mano de la Confederación de Empresas Chinas en cooperación con el sistema de Naciones Unidas en China, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la ofi cina del Pacto Mundial. Cuatro años más tarde, se estableció en Pekín la Ofi cina para la promoción del Global Compact de la Confederación de Empresas Chinas. Creó su propia página web, en chino, para introducir los diez principios y publicar todas las noticias relacionadas con el Global Compact y la responsabilidad social corporativa.

GRI. El sector del petróleo sin duda es el más motivado por la RSE con cuatro empresas publicando informes de sostenibilidad, del total de nueve. Después existen empresas de sectores tan dispares como el automovilístico, el eléctrico, el acero o el papel. Las empresas chinas, sin embargo, son (sin contar con Hong Kong y Taiwán) las que menos han adoptado la metodología del GRI a la hora de comunicar sus avances en RSE. Sin embargo, desde GRI se destaca que en estos momentos se comienzan a ver los primeros informes de GRI en China en los años 2006 y 2007 y se muestran confi ados en que verán incrementar este número de informes de forma signifi cativa en los próximos años.

Históricamente, las compañías chinas no han estado muy comprometidas con la transparencia, lo que tiene mucho que ver con la evolución y el desarrollo en términos de responsabilidad social. A esto hay que añadir, según el GRI, que muchas compañías no tienen sistemas de control internos fuertes. Con el paso del tiempo y la globalización acelerando todos los aspectos económicos, el Gobierno chino ha publicado recientemente una nueva norma que fomenta entre sus empresas la redacción de informes de sostenibilidad y por eso líderes como Cosco o China Mobile ya utilizan los estándares de GRI para sus publicaciones.

‘TOP TEN’ DE PAÍSES CON ISO. Entre los diez países con más certifi caciones de calidad ISO9001 se encuentra China, seguida de Italia, Japón y en cuarto lugar España. La nación asiática encabeza el ranking con un total de 162.259 certificados ISO de calidad. Italia le sigue con 105.799 y Japón, con 80.518.España ocupa el cuarto puesto con 57.552 certifi cados ISO 9001. Entre los diez primeros también se encuentran Alemania (5º), Estados Unidos (6º), India (7º), Reino Unido (8º), Francia (9º) y Países Bajos (10º). Sorprende por lo tanto la posición de dos países emergentes asiáticos en esta lista de normas de calidad, liderada por China.

Este Top Ten aglutina el 69% de las normas ISO de calidad en todo el mundo, sin olvidar que hay un total de 170 países con este tipo de certificaciones. Así, los 160 países restantes apenas alcanzan en total el 31% de estas normas de calidad repartidas a lo largo de 2006.

Guilin, río Lijiang

En cuanto a la norma medioambiental de ISO, la 14001, ésta no alcanza los números de certifi cados expedidos en calidad. Así, mientras con la norma ISO 9001 hablábamos de cerca de 900.000 certifi cados, en materia medioambiental nos tendremos que conformar con menos de 130.000. En este Top Ten, también destaca el papel de China a nivel mundial, aunque esta vez en segunda posición.

¿CÓMO NACE LA RSE EN CHINA? El movimiento de la RSE en China comenzó con la introducción de la norma SA8000, una certifi cación voluntaria creada por la organización estadounidense Responsabilidad Social Internacional (Social Accountability International-SAI), con el propósito de promover mejores condiciones laborales, basándose en acuerdos internacionales. Básicamente establece condiciones mínimas para alcanzar un ambiente de trabajo seguro y saludable; la libertad de asociación y negociación colectiva, y una estrategia empresarial para tratar los aspectos sociales relacionados con el trabajo. Además, contiene reglas respecto a la duración de la jornada laboral, los salarios, la lucha contra la discriminación y el trabajo de menores o forzado. La entrada de esta norma y su extensión a las compañías locales fue quizá el primer paso de China en materia de RSE. No obstante, el concepto de desarrollo sostenible sí está más avanzado que el de la responsabilidad social debido principalmente a la Agenda 21 en China.

El proyecto piloto de desarrollo sostenible en Benxi (China), en los años ochenta, marcó el pistoletazo de salida. Benxi era conocida como la ciudad «invisible por satélite» debido a la alta contaminación ambiental; una ciudad con río negro y cielos grises. El modelo de desarrollo económico destruyó los recursos naturales y el entorno local y por ello fue seleccionada como ciudad piloto para la Agenda 21 local. A finales de 1995 se habían invertido 540 millones de yuanes para controlar la contaminación ambiental.

Sin duda las estadísticas medioambientales del país son alarmistas. Sus recursos de agua son inferiores a 2.200 metros cúbicos por habitante, lo que supone un cuarto de la media mundial. La superficie de la tierra cultivable por habitante también es inferior a la media; China utiliza el 10% de la superficie cultivable del mundo para alimentar al 22% de la población del planeta.

Más datos. El 75% del agua de lagos y ríos chinos está demasiado contaminada para ser apta para el consumo, la pesca o incluso el riego. Uno de los ejemplos de mala gestión medioambiental fue la explosión de una fábrica petroquímica que contaminó el río Sonhgua, en el noreste del país, en noviembre de 2005. Y más. Un total de 16 ciudades de las 20 más contaminadas del mundo están en China, que se sitúa como el segundo país emisor de gases de efecto invernadero, por detrás de Estados Unidos. Según las previsiones, China podría incluso sobrepasar al gigante norteamericano en 2020. Uno de los culpables de la contaminación en China son sin duda las emisiones de los coches. En la actualidad hay 26 millones de coches en circulación en el país y ese número se prevé duplicar en 2010. El 64% de la contaminación atmosférica en China se debe a la emisión de contaminantes de los vehículos. La banca mundial estima que esta polución le cuesta más de 54.000 millones de dólares al año en degradación medioambiental, muertes y enfermedades.

Otro de los problemas en China son los desechos electrónicos. El 80% de los deshechos de todo el mundo van a Asia y de ese total el 90% se queda en China a pesar de la prohibición expresa del Gobierno a su importación. El poco coste de la mano de obra también es rentable para el reciclaje de las piezas electrónicas usadas, lo que tiene unas consecuencias sanitarias dramáticas.

De los tres pilares de la RSE: económico, social y medioambiental, es este último sin duda el que más apoyo recibe de los poderes públicos. El plan quinquenal chino 2006-2010, además de un claro refuerzo del sector educativo, busca cambios cualitativos en el modo de crecimiento económico.

Dentro del plan, China se compromete a reducir el consumo de energía en un 20% y a reducir sus emisiones contaminantes en un 10% en los próximos cinco años.

En lo que se refiere al ámbito laboral, desde 1919 es miembro de la Organización Internacional del Trabajo, pero China sólo ha ratifi cado cuatro de las ocho convenciones fundamentales elaboradas por la OIT, de forma que aunque los pasos suponen una cierta mejora aún quedan muchas lagunas en este terreno que resolver, que es probable se aclaren con la nueva ley laboral. No obstante, a pesar de las leyes muchas veces la realidad hace ver que no son más que papel mojado. La ley protege al trabajador y subraya que debe contar con un contrato de trabajo firmado; sin embargo, algunas cifras apuntan a que el 80% de los trabajadores del sector privado no tienen contrato de trabajo, a pesar de la obligación legislativa.

El número de campesinos que emigra –conocidos como los mingong– ha pasado de 70 millones en 1993 a 140 millones en el año 2000. En China se ha catalogado a lo largo de la historia a las personas según el lugar de nacimiento, de forma que las poblaciones locales están atadas a su permiso de residencia, lo que ha permitido al país mantener una vasta mano de obra a un coste muy bajo. No obstante, en la actualidad, la protección de los mingong es una perspectiva social común.

En cuanto a los más pequeños, están protegidos por la ley y el derecho chino, que prohíbe a los niños menores de 16 años trabajar. También cuenta con reglas específi cas para proteger a los jóvenes con edades entre los 16 y los 18 años, que pueden trabajar con una autorización de sus padres en ciertos sectores. Por lo tanto, el trabajo infantil infringe la ley de la China continental, pero la multa por saltarse las reglas es ridícula; de entre 300 y 500 euros. Pero los niños no sólo se ven afectados por el desolador panorama del trabajo de menores sino por la política gubernamental del control de la natalidad. De aquí nacen los «niños fantasma»; pequeños clandestinos que nacen violando las reglas relativas a la planifi cación de los nacimientos y por lo tanto no son declarados. También se les conoce como «niños negros» o Hei Haizi. Estimaciones del año 1989 sitúan la cifra de estos niños en 9,6 millones. Estos black children no poseen certifi cado de nacimiento y en defi nitiva, no existen para la sociedad. Se convierten en defi nitiva en la presa más fácil para las redes de explotación.

No hay libertad de expresión. China controla Internet y lo justifica argumentando que así lucha contra la criminalidad. Existen once prohibiciones por «uso indebido» de la red, dos de las cuales han sido añadidas recientemente: queda vedado promover huelgas y otros motines y disturbios sociales que agiten el país. Las «infracciones» de la Red pasan por el cierre del sitio y una multa máxima de 3.000 euros, que resulta desproporcionada si se compara con los 500 euros de multa por contratar a menores. El Gobierno chino sigue pensando que la responsabilidad de los sitios más importantes de Internet es servir al pueblo, al socialismo y guiar la opinión pública en la buena dirección y mantener los intereses nacionales y del bien público. Según Human Rigths Watch, más de 60 chinos están encarcelados por haber expresado su opinión de una manera pacífi ca a través de la Red.

DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS A LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL. China ha acogido este verano los Juegos Olímpicos 2008 con Pekín como sede principal, a la que se unieron otras subsedes en seis ciudades como Hong Kong, Shanghai, Qingdao, Shenyang, Qinhuangdao y Tianjin. Sin entrar a valorar los boicots que se han realizado en los actos previos a la celebración de los JJ.OO., es indiscutible que China ha contado con una excelente oportunidad para situarse en el mapa mundial y ganar legitimidad ante la comunidad internacional.

Lamentablemente muchos son de la opinión que esta cita no ha servido para impulsar algunos temas relacionados con la RSE. Su preocupación se ha centrado en la contaminación, evitando que los atletas entrenen en un Pekín muy contaminado y reservando la ciudad tan sólo para las competiciones.

Pero no sólo serán los JJ.OO. En 2010 llevará la Exposición Universal a Shanghai. Como lema «Mejor ciudad, mejor vida», estará centrada en el desarrollo sostenible de las ciudades y los ciudadanos. Espera contar con 200 participantes y que la visiten más de 70 millones de personas. Se trata de la primera vez que la Exposición Universal se celebra en un país emergente, lo que demuestra las expectativas de todo el mundo en el futuro desarrollo del país asiático. Se estima que el 55% de la población mundial viva en ciudades en el año 2010, frente al 2% de 1800 o al 29% del año 2000. Con estos datos, la exposición versará sobre la futura vida urbana, que afecta a todas las naciones, desde las desarrolladas hasta las que se encuentran en países en desarrollo.

Por Lidia Soria

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