Un banquete con Babette & Buffet

HAZ1 julio 2008

Quizá ningún texto refleje con tanta profundidad el significado del acto de donar como el relato de El banquete de Babette, recogido en el libro de cuentos Anécdotas del destino, escrito por Isak Dinesen.

EL RELATO CUENTA LA HISTORIA DE BABETTE, famosa chef francesa del Café Anglais, que va a parar a Berlevaag, una perdida aldea noruega. Allí la emplean dos hermanas solteras, educadas en la férrea disciplina luterana. Babette tenía por costumbre comprar todos los años un billete de lotería con la esperanza de obtener algún día el primer premio, consistente en diez mil francos franceses. Finalmente la suerte le sonrió y obtuvo el premio. Para festejarlo decidió celebrar un gran banquete, como los que organizaba en el Café Anglais, invitando a los principales personajes de la aldea. Paulatinamente, a medida que el banquete discurre, los comensales sufren una transformación interior al comprobar la magnificencia y riqueza de los manjares.

Los gestos adustos y serios van dando paso a las risas y a las caricias: «Las vanas ilusiones de este mundo se habían disuelto ante sus ojos como el humo y habían visto el universo como verdaderamente es. Se les había concedido una hora de eternidad».

Al terminar el festín las dos hermanas preguntan a Babette qué piensa hacer con los diez mil francos y ésta les confiesa que ha gastado toda su fortuna en el banquete.

EL HERMOSO GESTO DE BABETTE, sin embargo, no pertenece exclusivamente al mundo de la ficción. La realidad, en ocasiones, es mucho más rica y sorprendente. Hace apenas dos años, en un caluroso día de finales de junio, el segundo hombre más rico del mundo, Warren Buffet, convocó a una selecta audiencia en la biblioteca pública de Nueva York para comunicarles que había decidido legar toda su fortuna –valorada en 40.000 millones de dólares– a actividades filantrópicas. Si imponente fue el gesto, lo fue aún más el conjunto de razones que Buffet adujo para explicarlo.

En primer lugar, «no quiero maleducar a mis hijos. Creo en la meritocracia. Mis hijos han tenido todas las oportunidades y ventajas en términos de educación y del ambiente en el que han crecido, y no me parece ni justo ni racional llenarles de dinero. Las herencias dinásticas sólo consiguen descompensar el juego». En segundo lugar, «hago pública en este acto y ante esta audiencia mi decisión, no por deseo de reconocimiento sino de emulación. Me gustaría que mi gesto fuese imitado por mucha gente». El deseo de Buffet tuvo un eco inmediato: Bill Gates y otras grandes fortunas presentes entre el público manifestaron su deseo de seguir sus pasos. Por último, una cosa es donar y otra malgastar. Por esa razón, Buffet decidió «regalar» el 80% de su fortuna a la Fundación de Bill & Melinda Gates: «Si mi objetivo es dar dinero a la sociedad para tratar de resolver algunos de los problemas más graves que sufre por la falta de recursos, qué mejor que entregarlo a una pareja joven, comprometida, excepcionalmente brillante y que con su fundación está consiguiendo unos resultados y un impacto extraordinario».

WARREN BUFFET REPRESENTA LO MEJOR DEL «ESPÍRITU FILANTRÓPICO». Esto es algo que nos costará reconocer en España, demasiado inficionada por la omnipresencia de un Estado que anestesia y recela de todas las iniciativas que procedan de la sociedad civil.

PROBABLEMENTE, EL PRINCIPAL RETO QUE TENGAMOS EN NUESTRO PAÍS sea animar a que se multipliquen los ejemplos como el de Buffet. En España todavía se cuentan con los dedos de una mano los empresarios-filántropos.

Es cierto que nuestra legislación fiscal es tan desconfiada y poco generosa como los comensales de Babette, pero eso no debe ser un obstáculo. Al menos no lo ha sido para Ramón Areces, Pedro Barrie de la Maza, Rafael del Pino y Alicia Koplowitz. Argumentar que ya pagamos suficientes impuestos y que, por tanto, es responsabilidad exclusiva del Gobierno resolver las necesidades sociales constituye una débil excusa hoy en día. Cada vez es más evidente que los servicios sociales que presta la administración del Estado (central, autonómico y local) son parte del problema.

PUEDE QUE LO PRIMERO SEA ANIMAR, pero inmediatamente después le sigue la necesidad de gestionar la ayuda de manera eficaz.

Buffet, como buen inversor, no donó su dinero a cualquiera, sino al mejor empresario sobre el planeta. Se trata de una versión moderna de la parábola de los talentos. Las organizaciones del tercer sector están obligadas a evaluar cómo asignan su ayuda por muchas razones.

Entre otras, y no es la menos importante, porque se precian de administrar los bienes de mayor valor: educar nuestras mentes, atender a los más necesitados, ofrecer recursos a quienes carecen de ellos, etc. Es mucho lo que está en juego.

Si el proceso de globalización nos ha enseñado algo es que los problemas de uno son, en realidad, problemas de todos. Pero eso ya lo sabía Babette.

«Querida Babette –dijo suavemente–, no ha debido desprenderse de cuanto tenía por nosotras.

Babette dirigió a su señora una mirada profunda, una mirada extraña. ¿Por ustedes? –replicó–. No. Ha sido por mí.»

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