Las emisiones de los “medios”

HAZ1 septiembre 2008

La RSE se va extendiendo poco a poco a todos los sectores empresariales y el de los «medios de comunicación» no es una excepción. Desde diferentes instancias, ONG, la sociedad, el gobierno, fondos de inversión «responsables» se está ejerciendo cada vez más presión para que los grandes grupos mediáticos asuman sus compromisos sociales. Pero la respuesta todavía sigue siendo muy tímida y parcial.

Cuando las empresas informativas se deciden a informar lo hacen casi siempre sobre aspectos secundarios, centrándose en áreas más propias de otros sectores económicos y dejando de lado –no se sabe si consciente o inconscientemente– las áreas más críticas de sus «operaciones».

BASTA ECHAR UNA OJEADA a las memorias anuales de los principales grupos españoles (Prisa, Vocento, Unedisa, Planeta, etc.) para comprobar la superficialidad y falta de «relevancia» de la mayoría de sus contenidos.

Todas sus memorias abundan en información acerca de la gestión de residuos, el ahorro energético o el control de las emisiones tóxicas.

PERO CADA VEZ ESTA MÁS CLARO PARA TODO EL MUNDO que las principales emisiones que deben controlar las empresas de comunicación no son las de CO2 sino las que proceden de sus programas y contenidos. La influencia más crítica que tienen los medios de comunicación les viene por los mensajes e imágenes que comunican al público. Los «medios» conforman la opinión pública y ayudan a fijar los términos del debate: ellos deciden qué leemos, qué escuchamos y qué vemos, y conjuntamente con las empresas anunciantes también ejercen una fuerte influencia en las decisiones que tomamos, los productos que compramos y las cuestiones que nos planteamos. El impacto de los «medios» –como acertadamente señala el informe Through the Looking Glass, elaborado por la consultora «Sustainability» –, no es medioambiental sino psicológico e intelectual.

DESDE CE HEMOS IDENTIFICADO CUATRO GRANDES TEMAS que deberían marcar la agenda de la praxis empresarial de los «medios» en materia de RSE en los próximos años. El primero se refiere a cómo abordan la relación con sus clientes (lectores, radioyentes, televidentes, etc.) y, más en concreto, qué políticas han puesto en práctica para asegurar la «veracidad» de sus contenidos.

¿Han designado un «defensor» del lector/ radioyente/ televidente con garantías de independencia? ¿Rectifican con rapidez cuando han cometido un error? El segundo guarda relación con sus empleados, uno de los stakeholders más descuidados por las empresas de comunicación. Es evidente que la calidad de la información es directamente proporcional a la formación de quien la elabora. Este es un sector –con rarísimas excepciones– muy mal pagado, y en el que la formación del personal resulta todavía un artículo de lujo. En tercer lugar, hay que abordar el tema de la independencia editorial y el origen de los ingresos. ¿Cómo aseguramos nuestra independencia frente al poder de los anunciantes? ¿Somos transparentes en mostrar la procedencia de nuestros ingresos? ¿Qué porcentaje de noticias procede de los departamentos de relaciones públicas de las grandes empresas? Por último, hay que tratar el problema de los «contenidos sensibles».

¿Existen criterios para informar sobre el terrorismo, el maltrato a las mujeres, etc.? ¿Se evitan expresiones soeces, racistas, xenófobas? ¿Publicamos en nuestras páginas anuncios de líneas eróticas o de contactos? COMO SE PUEDE COMPROBAR hay mucho «campo que arar» en los próximos años. Desde la Fundación Revista Haz nos vamos a encargar de seguir muy de cerca e impulsar los progresos en materia de RSE del sector de los «medios». Por razones obvias constituye parte de nuestra misión, y no la cumpliríamos si no diésemos a este asunto la relevancia que se merece.

JO CONFINO, editor ejecutivo de Guardian News&Media, nos recuerda en estas páginas que no deberíamos olvidar que los medios de comunicación no son perfectos y cometen errores constantemente y su obligación es reconocerlo y rectificar rápidamente. En este sentido, no vendría mal recordar con frecuencia las palabras de David Broder, columnista del Washington Post y ganador del premio Pulitzer: «Me gustaría que nos repitiésemos una y otra vez, hasta la saciedad, que el periódico, que dejan todos los días en el portal de nuestras casas, es algo parcial, apresurado, incompleto, inevitablemente defectuoso e inexacto que interpreta algunas de las cosas que hemos escuchado en las últimas 24 horas […] siempre será algo distorsionado, a pesar de nuestros mejores esfuerzos por evitar la parcialidad en el proceso de comprensión que hace posible que usted […] pueda leerlo en aproximadamente una hora. Y si tituláramos el diario correctamente, entonces tendríamos que añadir inmediatamente: Es lo mejor que hemos podido conseguir dadas las circunstancias, y mañana volveremos con una versión corregida y puesta al día.»

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