Entre Aristóteles y Maquiavelo

HAZ1 abril 2009

Comparar a las escuelas de negocio con Maquiavelo puede parecer un recurso retórico desproporcionado. Al fin y al cabo, ¿qué relación pueden guardar esos centros educativos con el personaje florentino que enseña lecciones como ésta?: «Los príncipes deben exterminar a las familias de los gobernantes de aquellos territorios que deseen poseer en seguridad; los príncipes deben asesinar a sus detractores mejor que confiscar sus propiedades, ya que los robados pueden pensar en la venganza y los muertos, no; los hombres perdonan el asesinato de sus padres más pronto que la pérdida de su patrimonio; la verdadera liberalidad consiste en ser tacaño con los bienes propios y generoso con los que pertenecen a otro; las ofensas deben inflingirse todas de un golpe porque, así, menos paladeadas, dañan menos, mientras que los beneficios deben ser conferidos poco a poco para que sean sentidos con más fuerza; si uno tiene que elegir entre inferir injurias graves o injurias leves, debe optar por inferirlas graves; cuando quieras matar a otro, no debes decirle: ‘Dame tu arma, que quiero matarte con ella’, sino solamente: ‘Dame tu arma’, porque una vez que tengas el arma en la mano ya puedes satisfacer tu deseo».

CIERTAMENTE, por muy desequilibrado que sea el balance de las business school nadie puede afirmar que ha escuchado en las aulas de esos centros lecciones como las anteriores, y, si lo afirma, serán muy pocos los que le crean. La similitud puede resultar, por tanto, un tanto odiosa. Pero en nuestro descargo hemos de decir que el título elegido no equipara a las escuelas de directivos con el maestro florentino, sino que sugiere que se encuentran a medio camino entre Aristóteles, autor de Ética a Nicómaco, y el autor de El Príncipe, el primer manual escrito para gánsteres firmado de puño y letra, quizá esta última sea la característica más notable. Si Maquiavelo ha pasado a la historia no ha sido por defender las ideas anteriores, otros escritores y pensadores sostuvieron lo mismo o posturas muy similares. No, si el pensador italiano destaca sobre los demás es, sencillamente, porque fue el primero que defendió públicamente sus opiniones sin ocultarse bajo seudónimos ni esconder su pensamiento con circunloquios o sutilezas.

MAQUIAVELO ES UNA DE LAS FIGURAS más importantes de la historia de la filosofía política porque con él se certifi ca, desde el punto de vista teórico, el rebajamiento de la naturaleza humana: «Muchos han imaginado repúblicas y principados inexistentes, porque ponían su mirada en cómo los hombres debían vivir, en vez de mirar cómo los hombres vivían de hecho». El ideal propuesto por la filosofía clásica, cuyo representante más destacado es Aristóteles, es desechado por el político italiano por falta de realismo, y nos presenta en su lugar un cuadro de la naturaleza humana estrecho y deformado, en el que la virtud se ha transformado en un simple expediente para mantenerse en el poder.

NO HAY QUE SER MUY PERSPICAZ para reconocer que detrás de muchas de las enseñanzas de las escuelas de negocio se esconde una filosofía de la conducta humana muy próxima a la visión del florentino. Las escuelas han renunciado desde hace tiempo a mostrar a sus alumnos el camino que deben seguir para vivir una vida buena. Para ellas se trata de una cuestión que escapa a su competencia. No son problemas técnicos, y la formación técnica supone que estos problemas ya están resueltos al aceptarse el statu quo. De ahí, que la mayoría de los alumnos que acuden a las escuelas de negocio no esperen cambiar sus gustos, sus ideas, sus pautas de conducta. Lo único en lo que se proponen ser diferentes es en adquirir una serie de conocimientos para dominar una profesión que les dé un lugar en el mundo y les permita gozar de sus ventajas. Eso es lo que buscan, porque eso es sencillamente lo que se les ha estado ofreciendo todos estos años.

NOS GUSTE O NO, todos los proyectos educativos se basan, al menos implícitamente, en una determinada visión del hombre y de su destino, de la que extraen sus juicios de valor y sus presupuestos de conducta. Acertar en esa visión constituye, casi siempre, la garantía de cualquier iniciativa. Y precisamente por esa razón, ahora que se habla tanto de sostenibilidad empresarial, resulta urgente recordar a las escuelas de negocio, preocupadas con frecuencia exclusivamente por las cuentas trimestrales, que el concepto de sostenibilidad tiene que ver mucho más con una recta comprensión de lo que es la persona que con el hecho de contar con más o menos recursos. Habría que recordarles que un error sobre lo que las personas son y sobre su manera de comportarse, no constituye un simple despiste teórico sino un fallo que compromete el futuro de cualquier proyecto empresarial.

POR JAVIER MARTÍN CAVANNA, PRESIDENTE EDITOR
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