Cádiz salva miles de aves de morir en los parques eólicos - Haz

Cómo un proyecto en Cádiz salva miles de aves de morir en los parques eólicos

Los más de 21.000 aerogeneradores distribuidos por la geografía española producen una energía renovable necesaria para la transición energética. Sin embargo, estos molinos de viento ocupan gran parte del paisaje, enfrentándose al reto de convivir con la avifauna. Algunas soluciones para evitar la muerte de aves ya recogen resultados desde hace más de una década, como el gesto de ralentizar el giro del aerogenerador, otras están por probar y otras, por llegar.
<p>Foto: Fundación Migres.</p>

Foto: Fundación Migres.

Quizá no estaba tan loco don Quijote cuando en aquellos molinos de algún lugar de La Mancha veía gigantes amenazadores, al menos desde la perspectiva de las aves. Las palas de los aerogeneradores son peligrosas cuchillas que causan la muerte de miles de ellas cuando cruzan los 1.263 parques eólicos en España.

La eólica es ya la primera tecnología de generación eléctrica en nuestro país, que cubre el 23% de la demanda en España. Una energía limpia que ahorra la emisión de 29 millones de toneladas de CO2 al año a la atmósfera a través de 21.419 aerogeneradores, según datos de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). Nuestro país está en cabeza en producción de energía eólica solo por detrás de Alemania a nivel europeo y de Estados Unidos, China e India a escala global.

“España tiene muchos recursos, como territorio, viento, sol, y algo de agua y biomasa. Es uno de los pocos países que podría tener absolutamente toda su energía proveniente de renovables. Lo tiene todo para ser un referente en Europa y para exportar energía verde, pero hay que hacerlo bien”, explica a esta revista Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático de la Asociación Empresarial Eólica (AEE).

No es casual que entre las principales amenazas para las aves se señale a las infraestructuras de producción de energía renovable en El Libro Rojo de las Aves en España 2021, elaborado por la organización SEO/Birdlife.

Tampoco que Ecologistas en Acción haya tomado cartas en el asunto analizando los históricos de los últimos 24 años en Navarra, denunciando la muerte de 8.500 aves y murciélagos. Esto supone una media de 350 al año solo en los 59 parques de la Comunidad (que representan un 5% del total de instalaciones en España).

Estos datos podrían “llegar a multiplicarse por varias cifras”, explican desde la ONG, debido a otro problema: muchos de los cadáveres no se localizan ni registran adecuadamente.

Y la incidencia es especialmente importante en aves rapaces (37%): los 3.169 buitres leonados muertos en el periodo analizado en la Comunidad Foral (80 de ellos en el recientemente estrenado parque eólico de Cavar durante los ocho primeros meses de funcionamiento) son un claro ejemplo.

Ralentizar para parar

Cuando Willstedt habla de “hacerlo bien” porque “el territorio no lo aguanta todo” -añade- se refiere a implementar todas las medidas necesarias –preventivas, de seguimiento y correctivas– para enfrentar uno de los principales retos del sector eólico: el impacto sobre la biodiversidad en los lugares donde las grandes alas de sus molinos invaden el espacio aéreo.

<p>Ecologistas en Acción calcula que, solo en Navarra, en los últimos 24 años han muerto 8.500 aves y murciélagos por las palas de los aerogeneradores. Foto: Fundación Migres.</p>

Ecologistas en Acción calcula que, solo en Navarra, en los últimos 24 años han muerto 8.500 aves y murciélagos por las palas de los aerogeneradores. Foto: Fundación Migres.

Este es un problema al que han ido haciendo frente a través de diferentes ideas y soluciones. El proyecto que mejores resultados está cosechando hasta el momento es español, probado desde hace 14 años en los parques eólicos del Estrecho de Gibraltar.

El grupo liderado por Miguel Ferrer, científico titular de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), puso en marcha en 2008 un sistema bautizado como ‘paradas selectivas’.

Se trata de una acción tan simple como avistar aves y activar un botón para ralentizar el giro de la turbina y tan compleja como tener que contratar vigilantes ambientales y realizar el proceso, actualmente, de manera manual.

Explicado en mayor detalle, el sistema consiste en que unos profesionales observan constantemente, prismáticos en mano, el parque eólico y los movimientos de los pájaros, de manera que, si detectan uno, calculan su trayectoria y predicen si alguno de los molinos se interpondrá en su camino.

No es casual esta decisión. Los vigilantes ambientales tienen en cuenta el uso que hacen las aves de las corrientes de aire, que las planeadoras y rapaces utilizan para volar, ahorrando energía en sus desplazamientos, además de ser el cauce de los flujos migratorios.

Si con este conocimiento, experiencia y entrenamiento así lo consideran, estos deben dar la orden al aerogenerador concreto para que ralentice su movimiento, de manera que los animales puedan esquivarlo.

Y es que hay que tener en cuenta que la velocidad de la pala, que puede alcanzar las 1.500 revoluciones por minuto (los 200 km/h en la punta de las palas), crea una imagen casi transparente difícil de percibir a larga distancia.

Lo que parece evidente es que “el riesgo de colisión está directamente ligado a la velocidad de giro de las aspas, así que lo que más reduce el riesgo, con muchísima diferencia, son las paradas”, afirma Luis Benavente, de la Subdirección General de Biodiversidad Terrestre y Marina y la Dirección General de Biodiversidad, Bosques y Desertificación, dependiente del Ministerio para la Transición Energética.

Las cifras hablan. Este sistema, activo desde hace más de una década en 20 parques de la provincia de Cádiz, con 269 máquinas, ha reducido la mortalidad de grandes aves como el buitre leonado en un 71%.

En números absolutos, en 2008 se contabilizaron unas 78 muertes de esta especie de carroñeros y, actualmente, la cifra desciende a 14 sobre un total aproximado de 14.000 ejemplares en Cádiz.

<p>El sistema de ‘paradas selectivas’, que se utiliza en parques eólicos de Cádiz desde hace 14 años, ha reducido la mortalidad de grandes aves en un 71%. Foto: Fundación Migres.</p>

El sistema de ‘paradas selectivas’, que se utiliza en parques eólicos de Cádiz desde hace 14 años, ha reducido la mortalidad de grandes aves en un 71%. Foto: Fundación Migres.

A pesar de que el buitre leonado no se encuentra en la lista de aves vulnerables ni en peligro de extinción recogidas por El Libro Rojo y que, como señala Ferrer, es una especie que está en crecimiento por la proliferación de puntos de alimentación suplementaria, “seguramente se habría resentido con una mortalidad como la inicial en un entorno como el de Cádiz, porque este tipo de especies de larga vida, con una tasa reproductiva baja, son muy sensibles a pequeños incrementos de mortalidad”.

Excluyendo los buitres, los resultados en la disminución de muertes en aves planeadoras (rapaces, cigüeñas…) también ha sido relevante, aunque menor: 51%. De 130 pérdidas anuales al inicio del proyecto a 52 tras la implementación de las paradas selectivas.

Sin embargo, este sistema de parada a demanda no ha logrado disminuir las muertes de pájaros de tamaño pequeño: “No hemos conseguido variar la mortalidad de paseriformes, es decir, pajaritos, ni tampoco de murciélagos, porque este sistema no estaba pensado para ello. Los mejores resultados se obtienen en buitres, porque son muy grandes y más fáciles de ver”.

“Estas paradas selectivas no son infalibles, pero sí que son bastante efectivas”, coinciden en la valoración Ana Carricondo, responsable del programa de Conservación de SEO/BirdLife, y el representante del sector eólico: “No hay una solución perfecta. Intentamos compatibilizar ambos mundos, el tecnológico y el de la biodiversidad, pero no es posible alcanzar el equilibrio cien por cien”.

A pesar de no ser perfecta, esta solución, la de las paradas selectivas, tiene capacidad de expandirse por todo el territorio español, indica Ferrer: “Es completamente generalizable. Las aves que utilizan las corrientes térmicas se mueven de la misma manera en España que en EE.UU., de hecho, hemos hecho estudios allí con Iberdrola USA y cambian las especies, pero la disminución de muertes por molinos es exactamente igual. Así, no creo que difieran muchos los resultados entre Andalucía y el norte de España, por ejemplo”.

Sin embargo, la falta de unidad legislativa no ayuda a que esta manera de proceder se amplíe a toda la península. El hecho de que las competencias estén depositadas en las autonomías y ayuntamientos provoca disparidad en el desarrollo de estas soluciones.

Por ejemplo, en Andalucía es obligatoria la elaboración de un estudio previo de sensibilidad ambiental del territorio y posterior durante tres años, pero solo en Cádiz se impone desde 2008 la presencia de vigilantes en los parques y las paradas selectivas. En otras comunidades se han implementado exigencias más tardías o no están siquiera aún en la agenda.

Prevenir, prevenir y prevenir

Como en toda buena cura, lo más importante es la prevención. Por eso la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental exige a los promotores de los parques eólicos un estudio de al menos un año sobre la fauna y flora del lugar donde se solicita su construcción. Cuestión que será decisiva para su aprobación.

“Sin embargo, sabemos hace tiempo que la mortalidad no está relacionada con el parque sino con la ubicación concreta de cada aerogenerador”, explica a esta revista Ferrer.

La ley exige que los promotores de los parques realicen estudios previos sobre la fauna y la flora. Los expertos reclaman que, además, obligue a examinar la ubicación de cada molino porque es lo que más incide, dicen, en la mortalidad de las aves.

Por eso reclama que la ley obligue a examinar la colocación de cada uno de los molinos de los parques, porque una turbina en una zona puede convertirse en un punto negro para las aves y otra, en el mismo parque, no haber registrado ninguna muerte en más de veinte años, como le ha demostrado su larga experiencia sobre el terreno. Esto pone de manifiesto “una relación muy floja entre los estudios de impacto medioambiental previo a la construcción y la mortalidad una vez que ya están en operación”, subraya.

Y es que la colisión con uno u otros molinos tiene mucho que ver con las corrientes de aire mencionadas anteriormente. Un aerogenerador ubicado en uno de estos flujos puede resultar mortal para este tipo de animales alados.

En esta cuestión coincide la responsable del programa de Conservación de SEO/BirdLife, que reclama que a pesar de las posibles soluciones que existen o puedan llegar a desarrollarse, “no queremos que se desvíe el foco de lo realmente importante, la prevención. Nos preocupa que si inventan soluciones que puedan reducir las muertes de aves, se instalen parques en zonas delicadas”.

Esta técnico ambiental demanda que se realice el pertinente seguimiento una vez puesto en marcha el parque, “de manera que si se identifican puntos negros, se desmantelen”, cuestión que pone en duda se esté desarrollando correctamente por parte de los propietarios de las instalaciones.

Beneficios, también para los promotores

Esta reducción de la mortalidad de los buitres leonados en un 71% en los parques de Cádiz se ha conseguido con unas consecuencias residuales para los promotores de las instalaciones eólicas. Las paradas selectivas solo han producido una disminución de la energía generada en un 0,1%.

Estos resultados, positivos para aves y propietarios de las instalaciones, se han podido alcanzar tras algunas pruebas de ensayo y error. Al principio, narra el investigador del CSIC, las paradas de los aerogeneradores provocaban que el sistema tardara unos 20 minutos en realizar el chequeo de seguridad y volver a estar disponible para su funcionamiento, lo que reducía la generación de energía renovable en mayor proporción.

“Descubrimos hace tiempo que no hace falta parar los aerogeneradores sino ralentizar su giro; pasar a 2-3 revoluciones por minuto es suficiente para evitar las colisiones y no obliga a la máquina a reiniciarse y disminuir la producción de energía”, afirma.

También, el sistema ha ido evolucionando a lo largo de los años. En los inicios, los vigilantes no contaban con autonomía para realizar la parada selectiva: tenían que llamar a la empresa propietaria que, si cogía el teléfono a tiempo, se encargaba de dar la orden. “A día de hoy, todos los molinos modernos admiten esta parada si la compañía lo permite. Se ha ganado mucho en eficacia de respuesta”, explica el artífice de la solución.

Sin embargo, el puesto de vigilante ambiental que requiere el sistema de paradas selectivas es “un trabajo duro, de estar todo el día en un lugar con mucho viento, mucho sol, mirando al cielo…”, por eso Ferrer vislumbra un futuro cercano basado en su mismo mecanismo, pero realizado de manera automatizada por radares o tecnologías aún por demostrar su efectividad.

Los expertos creen que en el futuro las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial serán claves en este campo, tanto para reducir las colisiones de las aves como para diseñar los parques eólicos.

Algunas de estas herramientas ya se están testando en distintos puntos de España. El representante del Ministerio de Transición Energética pone como ejemplo la empresa 3D Observer, que recientemente mostró sus resultados a este organismo. Desde octubre está probando sus cámaras en tres dimensiones en dos parques de la Comunidad Foral de Navarra, con una eficacia total (de cuatro a cero muertes con respecto al mismo periodo anterior), pero muy breve experiencia aún.

“Tienen una mejor capacidad de detección, porque ven desde más lejos que el ojo humano, y están integrados en el propio sistema automático de gestión del parque para dar la orden de la parada selectiva”, explica Benavente.

Y apuesta por un futuro donde las tecnologías y la inteligencia artificial serán claves en este campo: “Esta tecnología tiene mucho potencial a la hora de reducir las colisiones, pero también para realizar los análisis previos de sensibilidad ambiental y diseñar el parque eólico” al poder registrar cualquier movimiento animal.

Ferrer coincide, aunque afirma que “de momento no hay resultados concluyentes de estas tecnologías. Pero, sin duda, es el camino porque serán igual o más eficientes que los vigilantes humanos y seguramente más económicos”.

Los sobrecostes de la energía eólica

La mortalidad de aves en los parques eólicos llegó “como un jarro de agua fría” a los promotores -cuenta el científico del CSIC-, que no habían previsto este problema y sus sobrecostes medioambientales en sus planes iniciales.

Carricondo recuerda que muchas de las instalaciones están financiadas por fondos de inversión que exigen rendimiento y retorno a corto plazo.

Ferrer data el problema cuando el Gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero ofreció importantes subvenciones para el desarrollo de energía renovable. “Entonces tener parques eólicos era un negociazo, eso provocó muchísima especulación y que se invirtiera en eólica como se hacía en el ladrillo: los inversores no tenían intención de seguir vinculados al negocio más tiempo del estrictamente necesario para sacar rentabilidad”.

Desde que Ferrer comenzara en 2003 a trabajar en los parques del Estrecho de Cádiz, “muchos de ellos han pasado ya por más de veinte propietarios”.

El propio expresidente reconocía en 2019 que durante su mandato se generó una burbuja en el sector de las renovables al dar primas a la generación eléctrica con energía limpia.

Sin embargo, la sensibilidad ha ido creciendo a lo largo de los años. Ferrer se siente optimista con la colaboración sectorial: “Ahora mismo el ambiente es el adecuado para que cooperemos con los promotores eólicos y busquemos soluciones que, además, pueden ser exportables a otros lugares del mundo. No olvidemos que matar aves en parques eólicos no es una particularidad española, está ocurriendo a nivel global”.

<p>Iberdrola ha pintado de negro una de las palas de varios generadores en parques eólicos de Navarra y Cádiz para hacerlas más visibles para las aves. Foto: Iberdrola.</p>

Iberdrola ha pintado de negro una de las palas de varios generadores en parques eólicos de Navarra y Cádiz para hacerlas más visibles para las aves. Foto: Iberdrola.

¿Soluciones extrapolables?

Otros países europeos también prueban diferentes soluciones para disminuir las muertes de pájaros. En el parque eólico de Smøla, seis investigadores del Instituto Noruego de Investigación sobre la Naturaleza han conseguido reducir en un 70% la mortalidad de aves pintando de negro un aspa en cuatro aerogeneradores del parque, según esta organización.

La intención es que las palas de los molinos sean percibidas por las aves. La pala negra se hace visible y disipa esa película casi transparente que se forma con la velocidad de rotación.

Esta misma solución ha llegado a España de la mano de Iberdrola, que ha pigmentado la pala de varios generadores en los parques eólicos de Cavar en Navarra, que suma una gran mortalidad de buitres leonados, según Ecologistas en Acción, y Zorreras en Zahara de los Atunes, Cádiz. Su intención es extenderlo al resto de parques si se logran similares resultados a los noruegos.

Las labores se han realizado en turbinas ya instaladas, lo que ha supuesto realizar el trabajo en altura, a unos 100 metros, con un sobrecoste por cada aerogenerador pintado de 15.000 euros, explica a esta revista Juana García Zamarra, coordinadora de Medio Ambiente de Instalaciones Eólicas y Fotovoltaicas de Iberdrola España.

También la energética ha puesto vinilos con forma de ojos que simulan una mirada fija en más de 60 aerogeneradores de siete parques eólicos en Burgos.

Estos vinilos, que han tenido un coste de entre 400 y 500 euros cada uno, miden un metro de diámetro y se han colocado a una altura de entre 3,5 y 4 metros en la base de los aerogeneradores, adaptando una iniciativa similar probada en el aeropuerto Lourdes-Tarbes-Pyrénnés, en el suroeste de Francia.

La solución gala ha logrado una disminución del 65% en el número de rapaces observadas en las zonas del aeropuerto donde se colocaron los vinilos, explica esperanzada García Zamarra.

Ambas soluciones se han instalado teniendo en cuenta la hipótesis de que las aves se habitúan tanto a los aerogeneradores como a las posibles soluciones, por eso “al ser nuevos, los hemos puesto para que se vean mejor y les sirva de ayuda ante la novedad”, concluye la portavoz de Iberdrola.

Estas soluciones, que están aún por desprender resultados en España dada su reciente puesta en marcha, generan algunas dudas.

El experto del CSIC señala la primera de las posibles barreras a la hora de obtener similares logros: “El proyecto noruego está destinado estrictamente a una especie de ave autóctona, en una isla rodeada de mar, con los molinos cercanos a la costa… no está demostrado que pueda ser extrapolable a otras regiones ni a otras especies”.

Willstedt explica a esta revista que, desde el punto de vista técnico, pintar una pala de negro en España, donde se pueden llegar a alcanzar los 40 grados de temperatura en verano, puede afectar a la composición y provocar desequilibro entre las tres palas del aerogenerador, interfiriendo en el correcto funcionamiento de la instalación.

También pone en cuarentena la solución de los vinilos: “Lo primero que hay que saber es qué especies perciben esos ojos como un peligro y si lo perciben; es imposible generalizar, cada especie tiene sus particularidades y hay que estudiarlas a fondo”.

En cualquier caso, las palas negras, los vinilos con forma de ojos o las cámaras y radares, a la espera de desprender resultados, son iniciativas que se unen a la parada selectiva para tratar de dar solución al problema de la muerte de aves en los parques eólicos españoles. Porque, como sentencia Ferrer: “Es difícil vender una energía verde cuyas palas están llenas de sangre de pájaros”.

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