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Neveras comunitarias contra el desperdicio de alimentos

El clásico trueque o nueva economía colaborativa lucha contra el desperdicio alimentario a través de una Red de Neveras Solidarias, que hace de depósito ‘seguro’ de excedente de comida de hogares y comercios de proximidad para que otros puedan aprovecharlos de manera gratuita. Una iniciativa que está avalada por la Agencia de Salud Pública de Cataluña.
<p>Nevera Solidaria son electrodomésticos situados en la vía pública o en lugares privados donde los ciudadanos pueden depositar o recoger comida de manera gratuita, una solución para evitar el desperdicio de alimentos. Foto: Red de Neveras Solidarias.</p>

Nevera Solidaria son electrodomésticos situados en la vía pública o en lugares privados donde los ciudadanos pueden depositar o recoger comida de manera gratuita, una solución para evitar el desperdicio de alimentos. Foto: Red de Neveras Solidarias.

¿Qué haces al llegar las vacaciones y ver tu nevera llena de productos que caducarán mientras estés fuera? ¿O cuando descubres que estás embarazada y parte de tu despensa no es recomendable en tu estado? Y todas las conservas que acumulaste durante la pandemia… ¿Qué haces con esas ‘sobras’? En muchos de los casos los productos terminarán en la basura, alimentando el dato de la FAO de que un tercio de la comida producida es desperdiciada, siendo los hogares los responsables de la mayor parte de los desechos, un 61%, seguidos de restauración (26%) y distribución (13%).

Sin embargo, desde 2015 hay una alternativa que tiene nombre propio y se llama Nevera Solidaria.

Una iniciativa que nació en Galdakao (Vizcaya) del aprendizaje de su creador al observar la situación que se produce en la hora del cierre en los alrededores de muchos supermercados. Allí esperan personas vulnerables a rescatar comida de los cubos de basura. La rutina es siempre la misma: según cae al contenedor, manos necesitadas recogen los excedentes del día casi sin dar tiempo (o precisamente por ello) a que toque el fondo del cubo. ¿Por qué no se dan los productos directamente a las personas que esperan?

Álvaro Saiz recabó hace ocho años muchas y diversas respuestas a esta cuestión entrevistando a personal de supermercados, y en todas ellas encontró la misma base: la responsabilidad. Y es que se trata de evitar ‘la culpa’ ante la posibilidad de que alguien pueda caer enfermo por un producto cuya única intención del depositario era tirarlo a la basura.

De ese modo pensó que al menos sería buena idea que se pudieran desechar los excedentes en un contenedor limpio para que no entraran en contacto directo con el resto de basura. “¿Y qué es un contenedor limpio y refrigerado para que no se ponga malo el alimento? Una nevera”, explica a esta revista su fundador, que regenta el Banco de Alimentos de Galdakao, y buscaba en aquel entonces una solución al desperdicio de alimentos en los hogares.

Es así como se planta el germen de esta Red de Neveras Solidarias, que nace con el fin medioambiental de reducir el desperdicio alimentario entre particulares, aunque participan también comercios de proximidad.


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Neveras comunitarias contra el desperdicio

Nevera Solidaria son electrodomésticos situados en la vía pública o en lugares privados, como organizaciones sociales, parroquias, centros culturales… donde cualquier ciudadano puede depositar comida apta para su consumo y recoger aquella que desee de manera gratuita, fomentando la economía colaborativa contra el desperdicio de alimentos.

La nevera genuina de la red se instaló el 29 de abril de 2015 en Galdakao. No era la primera vez que alguien a nivel individual tenía esta misma idea, pero Saiz logró crear una base normativa “para que no pudiera ser tumbada por los servicios de salud pública”, subraya. Tras esta nevera piloto crearon una Red para que todo aquel que quisiera unirse al proyecto lo hiciera bajo las mismas directrices, estética, normas de funcionamiento, etc. “para que no fuera una batalla hippie”, destaca su precursor. Esta nevera logró rescatar en los tres primeros meses 200 kilos de alimentos, que, de otra manera, habrían terminado en la basura.

Porque los españoles despilfarramos 28 kilos por persona en nuestras casas en 2021, lo que supone que 1,2 millones de kilos terminaron en los cubos domésticos el año posterior a la pandemia (un 9% menos que en 2020), según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Un asunto, como afirma Joan Marc de Miquel, exjefe del Servicio de Salud Pública de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPCAT), “muy gordo, que es un triple problema: social, económico y medioambiental”.

La culpa es de la responsabilidad

Cuando se inicia la idea de la Nevera Solidaria, lo primero que Saiz piensa es en resolver el problema de ‘la responsabilidad’ del depositario de la comida sobrante, y encuentra en las expresiones latinas res nullius, que significa cosa de nadie, y res derelictae (cosa abandonada), recogidas en el artículo 610 del Código Civil, la base jurídica sobre la que sustentar su funcionamiento: “Estaríamos dentro de una parte normativa que se llama vacío legal”.

En la práctica, esto significa que cuando se recoge algo sin dueño o abandonado en un lugar público el responsable de este es el nuevo tenedor. Por ejemplo, portar un producto ilegal por la calle no te exime de culpa ante la policía por mucho que asegures que lo acabas de encontrar; el nuevo propietario eres tú.

De esta manera el depositario del alimento en la Nevera Solidaria no es el responsable de lo que pueda pasar al tomador, eliminando así la barrera del miedo que puede surgir a la hora de llevar comida a uno de estos puntos de intercambio. “No hablamos nunca de donación porque implicaría una responsabilidad por parte del donante. El depositarla en un contenedor o nevera diluye por arte de magia esa carga”, señala Saiz.

Sin embargo, que no seas legalmente culpable no significa que la Nevera Solidaria no tenga unas normas claras que rigen su funcionamiento y que están dirigidas a disminuir el riesgo que pueda implicar este consumo colaborativo: los alimentos deben estar enteros y ser consumibles; no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día y mantenido la cadena de frío; deben indicar a mano la fecha de elaboración y los ingredientes, y no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos.

La Red de Neveras Solidarias nace con el fin medioambiental de reducir el desperdicio alimentario entre particulares, aunque participan también comercios de proximidad. Cuenta con 25 instalaciones en España, en su mayoría en el País Vasco y Cataluña.

“Yo siempre digo que el riesgo cero es no hacer nada, pero esa tampoco es la solución”, explica De Miquel, que se jubiló el pasado año de ASPCAT, y fue de los primeros en apostar, desde la Administración pública, por este proyecto.

“Riesgos poquitos. De hecho, la primera regla de la nevera es que no dejes nada que tú no comerías”, añade con respecto a los problemas de salud que pueden surgir. El apoyo institucional ha sido uno de los grandes empujones que se han dado al proyecto; De Miquel reconoce que su apoyo ha servido de “quitamiedos”.

Pero el aval no venía dado solo por el empeño de este experto; el Servicio de Salud Pública de Cataluña formó un grupo de trabajo para analizar todos los puntos de posible fricción. Reunió a una decena de expertos multidisciplinares entre los que se encontraban juristas, veterinarios, inspectores, farmacéuticos, técnicos… que analizaron todos los pasos para poner en marcha uno de estos electrodomésticos callejeros. Crearon unas normas de funcionamiento y una base jurídica esenciales para la supervivencia de la Red de Neveras Solidarias.

Casal de Barri Espai 210

El centro Espai 210 es un lugar social a disposición para los vecinos del barrio de La Sagrada Familia (Barcelona), donde, atendiendo a las necesidades locales, se imparten talleres, charlas, formación, y se intercambia tiempo, ropa, productos de crianza… y, desde hace un año, alimento.

Con motivo de las pasadas fiestas del barrio organizaron una serie de conferencias de concienciación sobre el desperdicio alimentario e inauguraron su Nevera Solidaria. “Es una manera de que la comunidad pueda sustentar a la propia comunidad y poder huir de la lógica del capitalismo y el consumismo; nos parece muy potente”, explica Àurea Oliveras, dinamizadora del Casal Barri Espai 210.

En el caso de este centro (casal en catalán), que ha tenido una gran acogida entre los usuarios, según Oliveras, han preferido comenzar solo con productos frescos y/o cerrados. “Hay neveras que funcionan con tuppers cocinados. Esto me parece más complicado de gestionar porque hay que saber qué lleva ese plato, señalar los ingredientes, la fecha en la que se ha hecho, etc. por eso, de momento, aquí no lo estamos aceptando”.

Pero tiempo al tiempo, porque esta Nevera Solidaria no es un proyecto independiente de la actividad del centro. De hecho, están preparando un recetario de comida de aprovechamiento para fomentar su uso y hablando con los colegios del barrio para que los estudiantes puedan implicarse como voluntarios dentro de su programa curricular.

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<p>Entre las normas de uso figuran que los alimentos  no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y  no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias. </p>

Entre las normas de uso figuran que los alimentos no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias.

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<p>Entre las normas de uso figuran que los alimentos  no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y  no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias.</p>

Entre las normas de uso figuran que los alimentos no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias.

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<p>Entre las normas de uso figuran que los alimentos  no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y  no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias.</p>

Entre las normas de uso figuran que los alimentos no pueden estar caducados; los productos elaborados tienen que haber sido cocinados el mismo día, y no debe depositarse carne picada cruda ni alimentos con huevo crudo, carne de caza o mariscos. Foto: Red de Neveras Solidarias.

La Nevera Solidaria de Espai 2010 funciona gracias a dos grupos de voluntarios: uno integrado por tres personas que forman parte de la comisión de funcionamiento (limpieza, temperatura…), pero también de articular todos los proyectos mencionados que orbitan a su alrededor, y otro, más operacional, de cuatro personas, que recorren comercios de la zona divulgando la iniciativa y recogiendo productos cuyo destino es la basura.

“Porque los vecinos traen la comida que les ha sobrado, que se les va a poner mala, pero nosotros también hacemos recorridos por las tiendas del barrio para que esos productos que no pueden vender porque tienen un golpecito o están un poquito más madura, pero que son perfectamente comestible, lleguen a nuestra nevera”, explica Oliveras, que señala que no todos los comercios locales colaboran activamente: “Los hay que lo ponen superfácil, pero hay otros que nos está costando. Muchos participan en Too Good to Go, por ejemplo, o sencillamente tiran la comida a pesar de que ahora está regulado por ley”.

Para Oliveras ha sido fundamental apoyarse en la Red de Neveras Solidarias porque, en sus palabras, “lo facilitan todo, resuelven las dudas que puedan surgir, y te dan una base normativa y protección; porque este proyecto está avalado por la sanidad pública”, subraya.

De hecho, recomienda que quien desee poner en marcha una Nevera Solidaria contacte con la Red para informarse; ser asesorados sobre licencias y permisos, requisitos técnicos, programa de mantenimiento como pautas de limpieza y temperatura, y obtener la cartelería informativa que debe lucir el aparato.

Una misión diluida

El proyecto de Nevera Solidaria nace con un fin medioambiental de reducir el desperdicio alimentario creando “un puente entre focos de excedente y potenciales receptores, que puede ser cualquier persona que pase por delante de una”, explica su fundador. Así se cuenta también en los materiales que acompañan a las neveras.

Sin embargo, no siempre se hace uso del consumo colaborativo por este motivo. “No lo decimos, pero sabemos que el usuario habitual es necesitado”, dice Saiz, que está convencido de que si en vez de neveras tuvieran cajas de cartón darían el mismo servicio, porque “los usuarios frecuentes conocen los horarios en que se suelen depositar más alimentos (excedente de un colegio o de comercios) y prácticamente desaparecen en el acto los productos”.

Por eso, para su creador, es tan importante la comunicación de su misión y que el proyecto sea universal, utilizado por todo aquel que lo desee: “No hay nada más excluyente que hacer algo para los excluidos, de ahí que esté abierto a todas las personas. Esa es la gente que dignifica la Nevera Solidaria. Si Julio Iglesias coge comida de la nevera hace que el resto de beneficiarios se sienta bien. Por tanto, necesitamos de personas que no estén en situación de vulnerabilidad para dignificar el proyecto”, subraya.

“No hay nada más excluyente que hacer algo para los excluidos, de ahí que esté abierto a todas las personas. Si Julio Iglesias coge comida de la nevera hace que el resto de beneficiarios se sienta bien. Necesitamos de personas que no estén en situación de vulnerabilidad para dignificar el proyecto”, Álvaro Saiz.

Un proyecto que es complementario a los bancos de alimentos, porque los excedentes que se depositan en las neveras son residuales o de particulares y los bancos no tienen como objetivo gestionar este tipo de productos. Así lo comenta Gema Escrivá, directora general del Banco de Alimentos de Madrid, al ser preguntada por este tipo de proyectos alternativos: “Es importante que no se nos corten las donaciones para las personas vulnerables, pero también es verdad que, si puedes dar salida a alimentos que están muy al límite de la fecha de caducidad es más práctico, porque no tenemos la capacidad de distribuirlo con la celeridad que requiere”.

De hecho, la ubicación de la primera nevera fue precisamente la puerta del Banco de Alimentos de Galdakao, que regenta Saiz, al observar “la cantidad de comida que no recogemos por no estar abiertos 24 horas”, explica.

Además, se promueve su universalidad. En este sentido, todos los entrevistados para el reportaje reconocen ser usuarios. El exjefe de Salud Pública de Cataluña no dudaba en rescatar algún tupper de uno de sus voluntarios favoritos en sus visitas a la nevera del antiguo distrito de San Andrés (Barcelona), regentada por el Ateneu L’Harmonia.

Oliveras, por su parte, reconoce que le gustaría utilizarla con mayor frecuencia si supiera, por ejemplo, hacer mermelada o compota. Por eso proyectos paralelos como el del recetario o que los voluntarios de alguna Nevera Solidaria sean colectivos vulnerables como personas con problemas de salud mental o mujeres inmigrantes enriquecen la iniciativa.

La Nevera Solidaria por el mundo

Actualmente la Red cuenta con cerca de 25 instalaciones en España, en su mayoría en el norte (País Vasco y Cataluña principalmente, aunque hay ejemplos puntuales en Zaragoza, Madrid, Santiago de Compostela, Toledo o Sevilla), y han recibido peticiones de asesoramiento en distintos países y regiones como Francia, Italia, Inglaterra, Polonia, México, Estados Unidos y hasta en el Amazonas, explica su creador. Saiz afirma tener conocimiento de que en los tres primeros países continúan su legado, aunque reconoce que no le dan “mucho seguimiento”. Y es que la medición de resultados es un aspecto de la Red que tiene margen de mejora.

<p>Álvaro Saiz (izq.), fundador de Nevera Solidaria y responsable del Banco de Alimentos de Galdakao, junto a Joan Marc de Miquel, exjefe del Servicio de Salud Pública de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPCAT). Foto: Red de Neveras Solidarias. </p>

Álvaro Saiz (izq.), fundador de Nevera Solidaria y responsable del Banco de Alimentos de Galdakao, junto a Joan Marc de Miquel, exjefe del Servicio de Salud Pública de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPCAT). Foto: Red de Neveras Solidarias.

Una de las claves para que funcione la Nevera Solidaria es garantizar en la medida de lo posible su uso libre y confidencial para evitar la estigmatización anteriormente mencionada, por eso suelen situarse en un lugar donde se preserve la privacidad, lo que provoca desconocer, a ciencia cierta, su impacto social.

“No tenemos resultados más allá de lo que las personas voluntarias observan”, explica Saiz. En el caso del Espai 210 disponen de unas hojas donde poder apuntar el alimento que entra y sale de la nevera, pero no se suele completar debido al anonimato que se promueve. Eso sí, las redes sociales se han convertido en su principal fuente de conteo, publicando cada día fotografías de la comida que está disponible y la situación de la nevera al terminar la jornada.

Elisa, voluntaria de este centro de intercambio, afirma que se llena y se vacía prácticamente cada día (unas 30-40 piezas de fruta y verdura) y que, a final de la semana, que se encarga de su limpieza, suele tirar uno o dos productos que no han sido ‘rescatados’. Desde la organización de la Red calculan que cada nevera salva al mes una media de 150 kilos; “pero es una mera estimación”, reconocen.

Poner en marcha una Nevera Solidaria no necesita un gran despliegue. En caso de que se coloque en un centro privado no es necesario obtener ningún permiso municipal, arrancando “de un día para otro”, cuenta Saiz. Si se ubica en la calle debe tenerse en cuenta que permita el paso de los servicios de limpieza, carritos y sillas de ruedas; que esté lejos de contenedores de basura y protegido de las inclemencias del tiempo en casetas de madera, además de pedir la licencia de ocupación de vía pública y contar con la aprobación de un instalador eléctrico homologado, lo que puede demorar el proceso unos meses.

También requiere unos buenos impulsores para que pasado un tiempo no tenga que echar el cierre. No han sido muchas las neveras colaborativas que han desaparecido, tres de ellas, según la Red. La razón ha sido que se han visto arrastradas por el propio fin de la organización gestora tras la covid o porque no ha habido un claro responsable del proyecto en el caso de una universidad que la puso en marcha como una iniciativa entre el alumnado.

Un problema que no tienen en Espai 210. Elisa, una de las tres voluntarias que integran el núcleo organizativo, es una convencida y está plenamente implicada en el proyecto: “Mi madre era hija de la posguerra y me educó en que la comida es un bien que no se puede desperdiciar. Así que una iniciativa que va contra el desperdicio alimentario en la propia comunidad me parece sublime”.

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