Refugiados ucranianos versus olvidados, ¿hay víctimas de guerra de segunda clase? - Revista Haz

Refugiados ucranianos versus olvidados, ¿hay víctimas de guerra de segunda clase?

La ayuda a las víctimas que huyen de guerras, otro tipo de conflictos o hambrunas debería ser humanitaria, generalizada y no política. Está prevista en las convenciones internacionales pero no se respeta o aplica, lo que convierte a sus ciudadanos en víctimas de segunda clase.
Marga Ruiz17 junio 2022
<p>Foto: Médicos Sin Fronteras. Refugiados ucranianos en la frontera con Moldavia.</p>

Foto: Médicos Sin Fronteras. Refugiados ucranianos en la frontera con Moldavia.

La guerra en Ucrania es la mayor crisis migratoria desde la II Guerra Mundial, la gran diáspora, el éxodo masivo al que Occidente ha abrazado. En el resto del mundo, desde tiempos inmemoriales, permanecen también millones de personas desplazadas de sus hogares; y, lejos de merecer el mismo trato, las hemos olvidado.

La crisis de Ucrania ha demostrado, por tanto, que Occidente puede ayudar y desplegar todo su potencial en un tiempo récord: en tres meses, los países occidentales hemos encontrado un hogar a los ucranios, así como un trabajo y acceso a la sanidad. ¿Por qué no hacemos lo mismo con otras poblaciones que migran, cuyos problemas ya están tan enquistados que carecen de solución a la vista?

“La respuesta política, pública y humanitaria dada por Occidente a Ucrania ha demostrado lo que es posible cuando la humanidad y la dignidad son lo primero, cuando hay solidaridad mundial. Es decir, cuando más allá de los criterios políticos y geoestratégicos, ayudamos a gente que tiene que salir de su país porque si se queda, es muy probable que muera o que mueran sus familias”, afirma Raquel González, responsable de Relaciones Institucionales de Médicos Sin Fronteras (MSF), organización que lleva años en el ojo del huracán de los movimientos migratorios y tiene elementos de juicio para justificar que hay migrantes de segunda clase.

Pero, ¿de qué personas hablamos? ¿Se aplica el mismo rasero a los desplazados del mundo? ¿Es una selección por su color, religión o estatus social lo que convierte a estos millones de refugiados en víctimas de segunda clase?

“En menos de tres meses, han llegado a España 103.000 ucranios; en un tiempo récord, les hemos proporcionado atención sanitaria, todas las comodidades que merece un ser humano, como debe hacerse con todos los refugiados que soportan tiempos de espera inhumanos fuera de su país y que en ocasiones no les conducen a nada”, señala también Nieves Turienzo, presidenta de Médicos del Mundo.

La responsable de esta organización destaca que, sin embargo, en este caso, no se ha escuchado que ‘la Seguridad Social va a colapsar’, que ‘nos van a dejar sin recursos’ o que ‘van a introducir elementos terroristas’, soflamas que estamos acostumbrados a oír sobre la presencia de personas migrantes.

El famoso ‘efecto llamada’ también se escucha cuando llegan migrantes a nuestras costas desde África, a los que se criminaliza de entrada. Pero, en el caso de Ucrania, nadie ha emitido un juicio de este tipo, insiste Nieves Turienzo.

<p>Foto: Médicos Sin Fronteras. Rescate en el Mediterráneo.</p>

Foto: Médicos Sin Fronteras. Rescate en el Mediterráneo.

Éxodos masivos se suceden en todo el mundo

Mientras tanto, las oleadas migratorias se suceden sin pausa. Siria, que lleva diez años en guerra civil, tiene todavía siete millones de personas fuera del país y otros tantos millones de desplazados internos.

“Y desde hace once años, la población africana huye de conflictos bélicos, por persecución por ideas o por género, o por la crisis climática global que provoca hambrunas terribles, y no les acogemos, pero la crisis de Ucrania ha demostrado que podemos hacerlo”, aseveran en Médicos del Mundo.

“La cadena que forman los éxodos masivos tiene miles de eslabones. También están los rohingyas: en un mes salió un millón de personas de Myanmar (Birmania) a Bangladesh por políticas de exterminio”, añade la portavoz de MSF. Y, recuerda que, en 2013, con el golpe de Estado en la República Centroafricana y la oleada de violencia, huyó del país la mitad de la población, cuatro millones de personas.

La Convención de Ginebra prohíbe a los estados devolver a una persona a cualquier país en el que su vida se encuentre amenazada y en la que pueda sufrir maltratos o vulneración de derechos.

Y todos estos migrantes están “olvidados” pese a que existen herramientas para ayudarles, como la Convención de Ginebra, firmada por todos los países miembros de la Unión Europea”, recuerda MSF.

La Convención de Ginebra de 1951 define quién es refugiado y quién no. Determina que un refugiado no debe ser devuelto al país donde teme ser perseguido. Y reconoce la libertad de religión y de movimientos, así como el derecho a la educación.

De hecho, ante el éxodo masivo ucranio, la comisaria europea de Interior de la UE, Ylva Johansson, subrayó que “Europa está unida para salvar vidas. Necesitamos más solidaridad y una legislación adecuada para brindar protección a las personas, para darles derechos”.

¿Por qué se produce entonces esta discriminación. “Hay criterios de cercanía, proximidad o de identidad porque nos parecemos físicamente; y también existen razones políticas pero, fundamentalmente, lo que ha hecho la UE es adoptar una directiva europea de protección especial para Ucrania. Además, los 27 países miembros han asumido los Convenios de Ginebra suscritos por más de 140 países en 1951, donde se define el concepto de refugiado que tiene derecho a recibir asilo”, argumenta MSF.

Pero, según apunta esta organización, la Convención vigente se está usando de forma parcial. Los estados cada vez emplean más el concepto de país de origen seguro para repatriar a los migrantes y “así, dicen que Túnez, Argelia o Marruecos son países seguros para no aceptarlos a los que han huido en Europa”.

Es decir, aclara la representante de Médicos Sin Fronteras, los criterios utilizados para determinar quién merece protección son “arbitrarios y politizados”.

<p>Foto: Médicos Sin Fronteras. Campo de refugiados recién construido en Grecia.</p>

Foto: Médicos Sin Fronteras. Campo de refugiados recién construido en Grecia.

“Esto no anula la medida de protección temporal adoptada por el Consejo Europeo para acoger a los ucranios; al contrario, es perfecta, está en línea con el derecho internacional humanitario, pero debería extenderse a todas las personas que llegan a las fronteras sin rechazarlas por su color de piel o su nacionalidad”, insiste Raquel González, de Médicos sin Fronteras.

La aplicación del derecho comunitario no puede depender de los derechos geoestratégicos de los estados o de sus preferencias culturales a la hora de conceder asilo, defienden estas ONG, sino que ha ser más humanitaria, y no tan de carácter estratégico, como estamos viendo con Ucrania.

Las razones por las que la gente huye son complejas y multifactoriales: hay quiene escapan de la guerra y el hambre; también existen los llamados migrantes económicos, que se desplazan afectados por el cambio climático; y hay quienes huyen de violaciones generalizadas de derechos humanos.

“La realidad es que existe un miedo al extranjero inmemorial por lo que hacen falta reflexiones un poco más distanciadas y menos ideológicas sobre las dramáticas consecuencias de las políticas de rechazo que existen, que incluso estigmatizan a las poblaciones migrantes”, añade González.

“La realidad es que existe un miedo al extranjero inmemorial por lo que hacen falta reflexiones un poco más distanciadas y menos ideológicas sobre las dramáticas consecuencias de las políticas de rechazo que existen”, Raquel González, de Médicos sin Fronteras.

Las crisis migratorias del Sáhara y Palestina

Para Médicos del Mundo hay dos crisis olvidadas, las del Sáhara y Palestina, a las que llevan 27 años acompañando y, como dicen, forman parten de su ADN.

Médicos del Mundo nació en 1990 promovida por un grupo de voluntarios que atendían en Madrid a personas enganchadas a la droga. Después, trabajaron con mujeres dedicadas a la prostitución y, más tarde, cuidaron de refugiados que viven en campamentos saharauis y territorios de asentamientos palestinos. Ahora, atienden a seis crisis olvidadas, y una de ellas era hasta la fecha la de Ucrania, “que llevaba desde 2014 enquistada en un conflicto armado que no parecía importar a la comunidad internacional”, señala la organización.

“Pero la guerra en Ucrania se ha recrudecido y ha originado un movimiento de catorce millones de desplazamientos externos e internos, con lo que esto representa: moverse a lugares desconocidos, con muchas personas mayores y enfermas sin medicación”, señala la portavoz de Médicos del Mundo.

Y, ahora, “¿qué va a ocurrir con estos catorce millones de ucranios desplazados?, se pregunta Nieves Turienzo. “Esperemos que no suceda lo mismo que ha pasado con los catorce millones de sirios desplazados (casi los mismos que en Ucrania) lo que representa la población de la ciudad de Madrid y la provincia de Barcelona juntas”, señala.

“En la cronicidad de un conflicto se pierde la empatía– lamenta la representante de Médicos del Mundo-. Esperemos que no se enquiste porque las personas que se han ido de Ucrania lo han abandonado todo y desde nuestro punto de vista, no podemos permitir que no se ponga solución a los conflictos”.

Al albur del creciente movimiento migratorio, en 2014, nació Ikuspegi, el Observatorio Vasco de Inmigración, que, entre otras actividades, procesa información sobre las migraciones y los refugiados.

En este sentido, observan que “como ha sucedido ahora con Ucrania, los países ponen filtros, las políticas migratorias no son neutras y, muchas veces, hay refugiados que tienen más facilidades que otros por la clase social, el origen o dinámicas de solidaridad con el entorno”, reconoce uno de sus portavoces.

De sus informes y estadísticas sobre los refugiados, extraen dos conclusiones que les han sorprendido. La primera, es que en España  la mayoría de peticiones de asilo se deniegan y, en segundo lugar, que se priorizan las procedentes de los países latinoamericanos como Venezuela y Colombia. Sobre Ucrania, añade “que no somos conscientes de las consecuencias que este masivo movimiento migratorio va a tener en el mundo y en los países limítrofes”.

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