Sinhogarismo: los que llevan menos tiempo en la calle y los más jóvenes, los más desatendidos

Ocho de cada diez personas que viven en la calle no han recibido ningún tipo de atención social en el primer mes que pasaron en esta situación, según una encuesta realizada en Barcelona por la Fundación Arrels. Las personas sin hogar más jóvenes figuran entre las más desatendidas.
HAZ10 julio 2024

El 81% de las personas que viven en la calle en la ciudad de Barcelona manifiesta no haber recibido ningún tipo de atención social en el primer mes que pasaron al raso. Así, las personas que llevan menos tiempo viviendo en la calle son las más desatendidas por los servicios sociales, públicos o de entidades, ya sea por desconocimiento del funcionamiento de los recursos para personas sin hogar o por la dificultad de adaptación a la nueva realidad. El porcentaje de personas atendidas por servicios sociales aumenta a medida que lo hace el tiempo de estancia en la calle, según el análisis de Arrels Fundació.

Estos datos provienen de la encuesta realizada en junio de 2023 en las calles de Barcelona y en los locales de trece entidades sociales. A partir de las respuestas de las 685 personas que la fundación detectó que vivían en la calle en ese momento, se ha elaborado la edición 2023 del informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar.

Una de las conclusiones del estudio es que aumenta el tiempo de estancia en la calle. De media, las personas entrevistadas llevaban cuatro años y cinco meses viviendo en la calle (la media del informe anterior era de cuatro años y cuatro meses). Se trata de una media elevada y que aún no ha recuperado el nivel previo a la pandemia, cuando era de tres años y cinco meses. La cronificación es especialmente grave entre las personas nacidas en el Estado español y en la Europa comunitaria, con cinco años y ocho meses, y seis años y medio respectivamente de media.

A la pregunta a las personas que viven en la calle de cuál fue su último alojamiento y por qué lo perdieron, en el  28% de los casos, su último lugar fue una vivienda de alquiler y en un 8% de los casos una vivienda de propiedad. Esto significa que son personas que tenían un lugar relativamente seguro donde vivir y han pasado a dormir al raso.

Para dos de cada diez personas entrevistadas (18%), el último alojamiento ha sido un servicio institucionalizado y después han tenido que dormir en la calle. Principalmente, se trata de albergues para personas sin hogar (11%), pero también prisiones, viviendas con el apoyo de entidades sociales o servicios sociales, residencias o centros sociosanitarios o centros para niños y jóvenes. Esto destaca el reto que encuentran las personas desinstitucionalizadas para conseguir un alojamiento estable, incluyendo jóvenes que acaban de cumplir la mayoría de edad.

La pérdida de empleo, problemas con la familia o separación de la pareja, los problemas relacionados con la vivienda y los procesos migratorios son los principales motivos de pérdida de alojamiento que explican las personas que viven en la calle, según Arrels Fundació. Destaca que el 5% de las personas dice no haber vivido nunca en una vivienda estable.

Los jóvenes, una realidad muy dura

Según este informe, las personas más jóvenes también son las más desatendidas: un 56% de los menores de 25 años y un 51% de los menores de 35 años manifiestan no haber recibido atención social pública o privada en los últimos seis meses. Un 15% de las personas que viven en la calle en Barcelona nos explica que ha vivido en un centro de protección a la infancia y la juventud. Este porcentaje es de un 41% de los jóvenes hasta 25 años que viven en la calle. Haber vivido en un centro para niños o jóvenes es un factor de riesgo de sin hogarismo.

Una vez a la intemperie, las personas se encuentran con muchas dificultades para resolver situaciones tan básicas como poder comer caliente, descansar durante el día o tener un lugar bajo techo. Un 26% de las personas que viven en la calle no puede cubrir las necesidades más básicas, como son la alimentación o la higiene. En cuanto a los recursos, las que llevan menos tiempo en la calle son las que menos pueden cubrirlas, un 50% de las que llevan menos de un mes.

A medida que el tiempo de estancia en la calle aumenta, las personas tienen la percepción de cubrir de una manera más satisfactoria sus necesidades básicas (ducharse, cambiarse de ropa, descansar o tener agua y comida). Esto puede tener que ver con el hecho de que las personas que llevan menos tiempo en la calle tienen menos conocimiento de los recursos y los servicios existentes para personas sin hogar.

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