Nuevas estrategias filantrópicas contra los problemas sociales de siempre

HAZ3 abril 2014

Cada campo de actividad humana tiene su jerga específica, y la filantropía no es una excepción. Durante los últimos años ha proliferado una serie de buzzwords o palabras de moda que revolotean para designar innovaciones o últimas tendencias en el campo filantrópico.

Términos como filantropía estratégica, filantropía de impacto, capital riesgo filantrópico, emprendimiento social, innovación social, inversión social, inversión de impacto o program-related investment han agitado las confusas lindes entre la filantropía y el altruismo, las fundaciones, la responsabilidad social, la sociedad civil, el sector no lucrativo, el marketing con causa o la economía social. Buena parte estas novedosas tendencias filantrópicas tienen como denominador común los siguientes rasgos:

– Las contribuciones filantrópicas son a medida e incluyen no solo aportaciones monetarias sino también know-how y otras aportaciones no financieras.

– Hay una preocupación por los resultados de la acción filantrópica.

– El retorno de la acción filantrópica puede ser tanto social como económico, y el reto consiste en alinear ambos efectos.

– Tanto los filántropos individuales como las organizaciones filantrópicas (fundaciones, etc.) se comprometen en alto grado con los proyectos que apoyan.

– El apoyo filantrópico es plurianual y no se destina solo a proyectos concretos, sino también a fortalecer la capacidad de las organizaciones beneficiarias.

– Hay un interés por medir tanto el desempeño de las organizaciones beneficiarias como el impacto último de la acción filantrópica sobre la sociedad.

– La acción filantrópica implica a redes de organizaciones, no solo al eje bilateral filántropo-beneficiario.

Más allá de las etiquetas del momento, ¿qué ha sido lo realmente innovador en filantropía, un paraguas bajo el que se cobijan iniciativas cada vez más numerosas, diversas y complejas? Para responder a esta pregunta es más fácil empezar con una reflexión sobre lo que no ha sido tan nuevo.

En primer lugar, no son nuevos parte de los problemas sociales a cuya solución la filantropía pretende contribuir, desde la pobreza a la exclusión social. Tampoco son innovadores algunos de los ingredientes de las tendencias filantrópicas más novedosas. La preocupación por los resultados de la acción filantrópica, antes que por los síntomas de los problemas sociales, se remonta a la «filantropía científica» que nace en la Gran Bretaña moderna, interesada en erradicarlos de manera eficiente y metódica, consciente de la insuficiencia del impulso beneficente.

Asimismo, la historia está plagada de filántropos y organizaciones filantrópicas comprometidos largo tiempo con sus causas más allá del acto de donar, apoyando la consolidación de organizaciones y no tanto de proyectos concretos.

¿Cómo ser innovador?

Sí ha existido innovación, en cambio, en el abanico de instrumentos filantrópicos utilizados. Por un lado, han proliferado fórmulas organizativas híbridas y de la economía social, que pretenden conjugar fines fundamentalmente sociales con un modelo de negocio sostenible desde el punto de vista económico.

La utilización de herramientas financieras tradicionales como ayudas y becas a fondo perdido se ha visto ampliada con instrumentos próximos a los prestamos y a las inversiones en capital en condiciones especiales.

Estos nuevos instrumentos organizativos y financieros responden a la nueva idea de valor compartido, es decir, a la capacidad de cualquier tipo de organización, y no solo de las fundaciones y otras entidades no lucrativas, de crear valor económico y social de modo que se refuercen mutuamente.

En línea con esa idea, el concepto de innovación social que manejan filántropos y fundaciones se ha vuelto mucho más abierto y sistémico. Son conscientes de que innovaciones en otros campos como la tecnología son fuerzas de transformación social de una potencia increíble cuando existe un mercado para ellas. Son conscientes también de la relativa pequeñez de sus iniciativas filantrópicas, incluso en tiempos de afluencia de recursos; no solo en relación al tamaño del sector público, sino también en relación al potencial de las empresas para impactar sobre su entorno.

Por eso la filantropía tiende a apostar en cada vez mayor medida por estrategias de impacto colectivo, o de trabajo en red articulado a partir de una visión compartida y orientado a resultados comunes (Vid. El poder multiplicador del impacto colectivo).

En esta nueva manera de trabajar no solo es importante intervenir sobre los problemas sociales en su raíz, sino también medir los resultados de la intervención para aprender de los errores, mejorar el desempeño y escalar, en su caso, las soluciones más idóneas.

No obstante, para poder evaluar los resultados conseguidos, el filántropo o la organización filantrópica debe haber consensuado previamente con la organización beneficiaria o colaboradora una propuesta de creación de valor social. En esta propuesta de valor debieran articularse con claridad los objetivos que se persiguen, los medios, las organizaciones colaboradoras con que se cuenta para conseguirlos, el modelo de cambio social que dicta los criterios de asignación de esos recursos escasos, y los indicadores que se utilizarán para medir los resultados obtenidos.

Sin embargo, no solo se tiende a medir los resultados porque los aportantes de capital filantrópico lo exigen, sino también porque otros grupos de interés relevantes y la sociedad en general esperan que los filántropos y las organizaciones filantrópicas rindan cuentas de su actividad en pro de fines de interés común con transparencia.

El tratamiento fiscal favorable previsto para la filantropía en la mayor parte de los países occidentales y el plus de legitimidad con el que cuentan las fundaciones, dotadas de un estatus jurídico particular, combinados con la tradicional vinculación del fenómeno filantrópico a grandes fortunas y a grandes empresas, hacen que su labor esté sujeta a especial escrutinio. En un contexto crítico como el que se vive, la legitimidad social de la filantropía depende de que la sociedad perciba con claridad que sirve a fines de interés general con eficiencia y eficacia.

La transparencia en la rendición de cuentas y en la comunicación con grupos de interés relevantes es clave para construir esa percepción (Vid. Transparencia: el mejor argumento).

Probablemente, y aunque parezca paradójico, la innovación en filantropía tiene que ver con la sabiduría acumulada tras más de dos siglos de aprendizaje por el método de prueba y error.

Consciente del enorme reto que supone su afán de transformación social y también de lo limitado de sus recursos, la filantropía más innovadora apuesta hoy por aprovechar todas las herramientas a su alcance, por aliarse con otras organizaciones e iniciativas para abordar objetivos comunes, y por medir los resultados obtenidos para mejorar su impacto y para legitimarse ante una ciudadanía que no solo es cada vez más exigente, sino también cada vez más propensa a desarrollar iniciativas filantrópicas propias.

Marta Rey, directora de la cátedra Inditex de RSC-Universidad de La Coruña
@Compromiso_Empr
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