Inbonis: la agencia de rating activista - Revista Haz

Inbonis: la agencia de rating activista

“Democratizamos el rating crediticio”. Esta afirmación contundente, destacada en la web, más propia de una organización activista que de una empresa especializada en el mundo de las finanzas, expresa con claridad la aspiración de Inbonis, una agencia de rating que quiere distinguirse desde su origen de las principales agencias de calificación, asociadas tradicionalmente a las grandes corporaciones y estados.
<p>Alberto Navalpotro, fundador y CEO de la agencia de rating Inbonis. Foto: Juanma Miranda/Revista Haz.</p>

Alberto Navalpotro, fundador y CEO de la agencia de rating Inbonis. Foto: Juanma Miranda/Revista Haz.

Alberto Navalpotro es el fundador y actual CEO de Inbonis, una iniciativa que está llamada a jugar un papel decisivo en la inclusión financiera de las pymes. En esta entrevista, Revista Haz conversa con él sobre el nacimiento y los retos de esta agencia de rating, y sobre la responsabilidad que los bancos y las grandes agencias de calificación crediticia tuvieron en el origen de la crisis financiera.

Democratizamos el rating crediticio”, ¿por qué habéis elegido esa frase central en vuestra página web, más propia de una organización activista que de una agencia de rating?

Bueno, en realidad, si lo piensas bien, todos somos activistas. Lo único que nos diferencia son las causas que apoyamos. Algunas organizaciones y personas son activistas del statu quo, lo defienden y no quieren cambiarlo porque están muy cómodas en él. Otros, sin embargo, queremos cambiarlo para dar entrada a otros actores.

Inbonis nace porque pensamos que las pymes no tienen acceso a las mismas oportunidades de financiación que las grandes empresas. Y eso, no solo es contrario a la equidad sino a la racionalidad económica.

Luego hablaremos de esa falta de racionalidad económica por parte de los financiadores, pero antes, me gustaría saber cuál fue el origen de esta iniciativa. ¿Cuándo decidiste ponerla en marcha y cuáles fueron las razones que te impulsaron a dar este paso, un paso arriesgado, porque crear algo nuevo siempre lo es?

Pues bien, para eso tengo que remontarme a mi infancia. Tuve la enorme suerte de nacer en una familia humilde pero que me proporcionó dos cosas inestimables: mucho cariño y la oportunidad de tener acceso a una educación.

Mi padre, que siempre fue un gran trabajador, me inculcó desde niño la excelencia en el estudio y el valor de la constancia, recordándome que las cosas que valen cuestan y que es necesario perseverar. Con frecuencia también me repetía “no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”; un dicho que me ha acompañado toda mi vida y que he podido corroborar cuando, debido a mi trabajo profesional en el área de inversiones he tenido que tratar con personas con grandes fortunas.

Con mucho esfuerzo y sacrificio por parte de mis padres pude estudiar y obtener una licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad de Alcalá de Henares. Durante la carrera obtuve una beca Erasmus para completar los estudios en París. Allí tuve la enorme suerte de conocer a mi mujer y decidí hacer un MBA en la Escuela Superior de Comercio de París (ESCP), la mejor escuela de negocios del país.

Una de las primeras cosas que te preguntan en Francia es “¿dónde has estudiado?”. El lugar donde hayas realizado tus estudios condiciona mucho tu futuro profesional. Yo era consciente de que si quería hacer carrera en París, necesitaba pasar por una grand école. Siempre he sido una persona ambiciosa, aunque quizás el término ambición no defina bien este rasgo de mi carácter; lo que quiero decir es que siempre he soñado con hacer cosas grandes y que tengan un propósito.

¿Y cómo comenzaste tu carrera profesional?

Antes de entrar en ESCP comencé a trabajar para una consultora francesa. Mi primer trabajo consistió en asesorar a las pymes a implementar la reforma legal en Francia que redujo la semana laboral a 35 horas. Esa reforma supuso un desafío muy importante para las pymes. Nadie había pensado en ellas. La ley se redactó pensando en las grandes empresas, ignorando la realidad de las pequeñas y medianas empresas, a las que  la reducción de jornada les planteaba muchos problemas.

El hecho es que ese trabajo me puso en contacto por primera vez con el mundo de la empresa. Yo venía del mundo teórico de la universidad y me tropecé de sopetón con las pymes y, sobre todo, con la figura del empresario: un perfil que distingo por dos grandes rasgos: su creatividad y su sentido práctico. Siempre recuerdo con mucho cariño ese primer trabajo. Aprendí mucho, hice buenos amigos y me inoculó el deseo de emprender algo por mi cuenta en el futuro.

Al terminar ese trabajo, comencé el MBA y luego trabajé unos años en Londres en Kayser Associates, un bufete americano que prestaba consultoría estratégica a grandes multinacionales. También aprendí mucho, pero me di cuenta de que no era el tipo de trabajo al que quería dedicarme. Me sentía más atraído por la pequeña empresa y por los emprendedores.

De vuelta en París, intente poner en marcha una idea a la que veía dando vueltas: una red de centros de día para atender a las personas con Alzheimer. El proyecto no tuvo éxito, pero me permitió contactar con uno de los empresarios más conocidos en Francia: Charles Beigbeder, calificado por muchos como el empresario de la nueva economía.

Charles había lanzado varias iniciativas empresariales disruptivas muy exitosas que compartían el rasgo común de retar el statu quo y los monopolios históricos: como el portal de bolsa Self Trade, que fue el primer brooker on line para comprar en bolsa; Poweo, el primer distribuidor no estatal de electricidad en Francia, o el grupo cerealista AgroGeneration.

Él me ofreció trabajo en un fondo de inversión que había creado para financiar proyectos innovadores. Durante esa etapa tuve la oportunidad de participar en proyectos muy interesante y de conocer a personas muy valiosas.

Cuando decidí crear Inbonis le ofrecí a Charles formar parte del consejo y él aceptó. Tengo la enorme suerte de seguir contando con su amistad y de su inestimable consejo.

¿Cuál fue el motivo de que dejases ese trabajo tan interesante y tan lucrativo?

Me impulsaron dos motivos. El primero el deseo, que siempre había tenido, y nunca me había abandonado, de crear algo nuevo por mi cuenta. Y, en segundo lugar, la crisis financiera de 2008. Yo vivía muy bien en Francia. No me faltaba de nada, pero a través de la prensa y de los amigos me llegaba información de los estragos financieros que la crisis había causado en España. Llevaba demasiado tiempo fuera de mi país, desde 1999, y sentí que había llegado el momento de regresar e intentar aportar mi granito de arena.

¿Y por qué una agencia de calificación crediticia para pymes?

Estuve pensando qué podía hacer y analizando las causas de la crisis financiera. Una de las circunstancias, que no causó directamente la crisis, pero si contribuyó a exacerbarla, fue el modelo de negocio tradicional de los bancos que perjudicó mucho a las pymes. Los servicios financieros que prestaba la banca estaban muy encorsetados, diseñados para ofrecer lo mismo a todos los clientes sin atender a sus circunstancias. Además, sus analistas tenían una visión muy sectorial de los problemas.

Ese enfoque, tan abstracto y generalista, era muy poco inclusivo, pues dejaba a mucha gente fuera. A este problema se sumaba la falta de educación financiera de las pymes, que, mal asesoradas por los bancos, utilizaron de manera inadecuada algunos productos financieros. Un buen ejemplo fueron las líneas de crédito, que es un producto que está pensado para que se utilice cuando tienes picos de tesorería, pero no para la compra de activos. Si el cliente no es consciente, porque nadie le ha explicado cuál es el uso adecuado de ese producto, se convence de que va a disfrutar de una línea de crédito permanentemente.

¿Qué ocurrió? Que cuando estalló la crisis  los bancos cerraron las líneas de crédito a las pymes y muchas tuvieron que cerrar por falta de liquidez, aunque eran empresas muy solventes y con un gran potencial de crecimiento.

La falta de educación financiera de los clientes, y el indebido afán de lucro, fue aprovechada por algunos bancos para vender productos de alto riesgo a sus clientes, las famosas hipotecas subprime, que fueron el detonante de la crisis financiera. En el origen de esa crisis global tuvieron mucha responsabilidad las malas prácticas de las grandes agencias de rating (Moodys, Standar&Poor y Fitch) que avalaron con su calificación favorable esos productos financieros tóxicos.

“En el origen de esa crisis global tuvieron mucha responsabilidad las malas prácticas de las grandes agencias de rating que avalaron con su calificación favorable esos productos tóxicos”.

Las grandes agencias de rating no solo fueron cómplices de la crisis financiera, sino que siguen siendo instituciones muy opacas y llenas de conflictos de intereses. La gente que las integra y dirige tiene fuertes vínculos políticos e intereses financieros y corporativos, algo que resulta incomprensible para entidades que se encargan de evaluar a otras con una repercusión determinante en las finanzas internacionales.

Sí, efectivamente, si echas la vista atrás hay cosas que resultan incomprensibles en la actividad de esas agencias de rating que copaban todo el mercado y funcionaban con una ausencia de controles efectivos. Una de ellas era el sistema de precios que aplicaban a sus servicios de calificación que fijaban en función del volumen y, en ocasiones, en función del éxito de la operación. Si un rating servía para colocar un bono de 300 millones de dólares, la agencia se podía llevar cinco puntos básicos en función del éxito. Y claro, si eres Moody’s y vas a ver a Goldman Sachs que es tu cliente no puedes decirle que no vas a calificar sus emisiones con una triple A porque, si no lo haces, se va con la competencia.

Luego estaba la práctica del bundling, una estrategia comercial diseñada para empaquetar distintos productos y venderlos a un precio más barato que el coste de venderlos por separado. Esa estrategia se suele utilizar para dar salida a los productos que resultan más difíciles de vender. Es lo que se hizo con las hipotecas subprime, agrupándolas en paquetes para vender conjuntamente préstamos con diferentes niveles de riesgos, pensando que los de menor riesgo compensarían a los que tenían más.

En este sentido, me llamado positivamente la atención vuestro informe de transparencia con una descripción muy detallada de los accionistas y su participación en la sociedad, con unos mecanismos muy sólidos para identificar y gestionar los posibles conflictos de intereses y un responsable de cumplimiento, que supone un compromiso importante cuando estamos hablando de una organización con un staff muy reducido.

Todas esas garantías forman parte de las medidas de salvaguardia que la Unión Europea aprobó tras la crisis financiera y que están contenidas en el Reglamento del Parlamento europeo y del Consejo de 16 de septiembre de 2009 sobre las agencias de calificación crediticia.

La regulación pretende garantizar que todas que todas las calificaciones crediticias emitidas por las agencias de rating registradas en Europa reúnan determinadas condiciones de calidad y estén emitidas por agencias de calificación crediticia sujetas a requisitos estrictos. Toda la regulación está dirigida a proteger los valores de la independencia y la transparencia.

La independencia y la transparencia son, efectivamente, los dos valores a proteger. Entiendo que esa ha sido la razón por la que habéis adoptado algunas medidas como la política de rotación de los analistas cada cuatro años, con un periodo de vacancia de dos años, o la decisión de no prestar servicios auxiliares.

Resulta muy llamativo, sobre todo si comparamos estas salvaguardias con la ausencia de las mismas en las ‘big four’ que están rodeadas de constantes conflictos de intereses y hacen gala de una opacidad a prueba de bombas. Inbonis no presta servicios auxiliares a las entidades que califica a diferencia de las ‘big four’ que navegan permanentemente al filo de la navaja.

La creación de Inbonis responde a dos objetivos diferentes, pero complementarios. Por una parte, la necesidad de prestar un servicio eficiente adaptado a las pymes y para eso hemos “negociado” con el regulador la eliminación de trabas burocráticas y exigencias que no se adaptan a este sector, como, por ejemplo, la exigencia de que para emitir un rating necesitemos a diez personas en el comité de rating. Pero, al mismo tiempo, esa eficiencia y agilidad tenemos que hacerla compatible con la salvaguardia de nuestra credibilidad, evitando los conflictos de intereses.

Por eso nos hemos prohibido, aunque la ley lo permita, prestar servicios auxiliares a nuestros clientes de rating. Suelo repetir que nuestro negocio es la credibilidad, con el añadido de que se trata de una credibilidad que hay que restaurar, porque ha quedado muy dañada por la crisis financiera.

“En Inbonis nos hemos prohibido, aunque la ley lo permita, prestar servicios auxiliares a nuestros clientes de rating. Nuestro negocio es la credibilidad, una credibilidad que hay que restaurar, porque ha quedado muy dañada por la crisis financiera”.

¿Qué otras características singulares tienen Inbonis frente al resto de las agencias de calificación?

El mercado de las agencias de calificación sigue siendo un oligopolio copado por las ‘big three’, con un 93% de cuota de mercado. El resto del mercado nos lo repartimos dos docenas de agencias. Todas las agencias de calificación, a diferencia nuestra, prestan servicios a todos los mercados de calificación crediticia.

El mercado está integrado por cinco sectores: empresas, productos estructurados, administración pública (central, autonómica y local), banca y entidades aseguradoras. En Inbonis, sin embargo, estamos focalizados exclusivamente en servicios de calificación a las pymes Esto no solo nos permite ser más eficientes, sino también evitar posibles conflictos de interés.

Otra característica singular de Inbonis es el desarrollo de nuestro equipo. Para nosotros es importante que las personas que trabajen aquí se desarrollen personal y profesionalmente. Inbonis no es una estación de paso. Como CEO, sigo entrevistando personalmente a todas las personas que se incorporan a la empresa. No sé cuándo tiempo podré hacerlo porque estamos creciendo mucho.

En realidad, Inbonis es una empresa con propósito. Este término, que tiene el peligro de devaluarse porque lo usan todas las empresas, es una realidad en vuestro caso. Lo que mueve a la empresa es el deseo de cambiar las cosas, de actuar como una plataforma para el cambio.

Así es, por eso comentaba al principio de la entrevista que todos somos activistas: a favor o en contra del cambio.

Nuestra intención es servir de herramienta para que las pymes puedan tener acceso a la financiación. No solo con los bancos, sino también con sus proveedores y con sus clientes. Hay pymes que son proveedoras de empresas del IBEX 35 que nos vienen a pedir una calificación porque con la crisis las empresas quieren asegurarse de que sus proveedores van a aguantar el chaparrón. Para eso tenemos que mejorar la transparencia de la información.

Ahora mismo hay una burbuja financiera en muchos sectores por falta de información. Existe una gran liquidez en el mercado y, ante la falta de información que requieren los inversores institucionales, la inversión se concentra, principalmente, en grandes empresas que son las únicas que pueden proporcionar esa información. Eso no es bueno, porque muchas de esas empresas están sobre evaluadas.

¿Os costó mucho obtener la acreditación por parte del regulador?

Sí, fue un proceso lento. Nos llevó tres años. La solicitamos en 2016 y la obtuvimos en el 2019. No perdimos el tiempo porque estuvimos refinando nuestro modelo, desarrollando la plataforma tecnológica para que el analista fuera más eficiente, adaptando los precios, simplificando el proceso, etc.

Nuestro primer cliente fue un organismo multilateral, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que solicitó nuestros servicios para una línea de financiación que abrió para las pymes. Actualmente trabajamos con muchos financiadores públicos: Banco Mundial, Banco Europeo de Inversiones, BpIfrance o con Cofides, en España.

Ahora que estamos todos tan pendientes de los fondos europeos y se critica la gran opacidad que hay en la concesión de estas ayudas, ¿no crees que la calificación crediticia ayudaría a fortalecer la credibilidad y mejorar la eficiencia en la asignación de los recursos?

Por supuesto, no para pequeñas ayudas de 3.000 euros como el kit digital, pero sí, por ejemplo, para las empresas que accedan a ayudas superiores al millón de euros. Ahora la Comunidad Valenciana va a destinar 330 millones a financiación las pymes y 225 millones están sujetos a calificación crediticia. La calificación crediticia, además, facilita la capacidad de ejecutar los proyectos europeos y recordemos que España tiene un gran déficit en este tema.

La calificación, además, agiliza la toma de decisiones de los funcionarios públicos al identificar los riesgos reales. Hay que ser conscientes que la información que ellos manejan para tomar las decisiones es muy teórica y abstracta, basada en grandes números agregados, sectoriales. Sin embargo, el proceso de calificación crediticia es individualizado y por su propia metodología es capaz de expresar en una letra o un número una realidad que es muy compleja sin perder riqueza analítica.

<p>Desde las oficinas de Inbonis, su CEO Alberto Navalpotro 'vigila' la Bolsa de Madrid. Foto: Juanma Miranda/Revista Haz.</p>

Desde las oficinas de Inbonis, su CEO Alberto Navalpotro 'vigila' la Bolsa de Madrid. Foto: Juanma Miranda/Revista Haz.

Inbonis ha trasladado recientemente sus oficinas a un edificio situado en la Plaza de la Lealtad, una zona emblemática de la ciudad donde se encuentra el edificio de la Bolsa de Madrid y el Hotel Ritz. La empresa y las contrataciones están creciendo y necesitan más espacio para dar acogida a nuevos analistas.

Desde la terraza del ático de las nuevas oficinas se divisa con claridad el edificio de la bolsa y las oficinas del ICO al otro lado del Paseo del Prado. Cuando el tiempo es bueno, Alberto se asoma al ático para detener su mirada en esas dos instituciones, como un capitán que desde el puesto de mando otea el campo de batalla antes de lanzar su ofensiva. Solo es cuestión de tiempo que terminen rindiéndose a este ejército que quiere abrir las puertas de la financiación al mundo de las pymes.

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